Mostrando entradas con la etiqueta políticos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta políticos. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de julio de 2017

CUESTIÓN DE (ESTUPIDEZ DE) GÉNERO O RESUCITAR A LA/L ZAGALILLA/O

Lo de la igualdad de género es cosa que no entendí muy bien, supongo que por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Me refiero a esa igualdad a machamartillo, a esa que quiere igualarlo todo con un rasero políticamente correcto y estúpidamente pazguato. 
Los políticos, en su discurso manido, recurrente y mojigato, en su afán por cogérsela con papel de fumar (por utilizar un eufemismo a los que tan aficionados son), repiten una y otra vez aquello de "vascos y vascas; españoles y españolas; médicos y médicas..." etc. etc. repitiendo siempre lo de la terminación femenina, no vaya a ser que nos tilden de misóginos o maltratadores de género; así hasta llegar a aquel disparate ejemplar de "miembros y ¡miembras!" que arrasó en el Congreso y en los tratados de gramática. 
Hemos pasado de la nada al todo, tratando de dar una imagen moderna, feminista, tolerante, integradora y vaya usted a saber qué más; pero hemos pasado a eso: a dar una imagen, y una imagen puede ser un fantasma, un ectoplasma falso que sólo es ficción vacía y nada más. Claro que vivimos en el siglo de la imagen y si no tienes imagen, no vales ná de ná. Y ya se sabe que una imagen vale más que mil palabras... o eso dicen (que yo no me lo creo).
Para colmo de la pretendida igualdad, en mi pueblo estepario y manchegazo, al llegar las fiestas (y feria), se eligen de nuevo las zagalillas, figura emblemática de la España rancia que se han desempolvado no hace mucho y que vuelven a lucir palmito del brazo del edil de turno, ataviadas ora con traje regional, ora con traje de gala a modo y manera de puesta de largo de señoritas con ínfulas, venidas (eso sí) un poquito a menos. Y como iba diciendo, para colmo y para ejemplo de igualdad y buenas prácticas de género, se eligen ahora también... ¡zagalillos! Que no íbamos a ser menos en esto del género universal igualitario. Así, a la figura rancia de la zagalilla, se le añade ahora la del zagalillo en procesión un tanto patética y (me temo) que ridícula. Será que yo tengo el umbral del ridículo muy bajo, estoy desfasado o no soy suficientemente tolerente. ¡A saber!
Pero dejo ya de escribir y voy a comer, que tengo gusanillo y no es bueno andar con el estómago como faltriquera de menesteroso.
Preparé (eso sí) el cucharo y la cuchara; el tenedor y la tenedora; el cuchillo y la cuchilla, Por si acaso viene algún político y le tengo que invitar a algo (o a alga).

martes, 27 de junio de 2017

¿DE QUÉ ESTAMOS ORGULLOSOS?

Sabemos que la política va a remolque de la sociedad; que ésta (la sociedad) tira de ella y le obliga a tomar decisiones que no tomaría de motu proprio, de tal manera que parece que determinadas cosas se han hecho gracias a los políticos, cuando en realidad ha sido al contrario: han sido los políticos los que han recogido un clamor popular y no han tenido más remedio que hacerlo propio (mal que les pese a algunos).
Así ha sucedido con el llamado día del orgullo, al que ahora se han apuntado políticos de todos los colores con ánimo ¿tolerante? y festivo, aunque la procesión vaya por dentro. Pero lo que toca es bailar bajo banderas multicolores y ser más abierto y "moderno" que nadie... quien no esté en la manifestación portando pancarta y lema, no saldrá en la foto y, por lo tanto, será apartado de lo "políticamente correcto", tachado de retrógrado, carca y a saber qué cosas más.
El movimiento LGTB lleva años luchando por entrar en vías de normalización (entiéndase ésta, no como entrar en la norma, sino como aceptación de lo diferente y como respeto a otras opciones sexuales y vitales); quizá también deberían hacerlo otras opciones (heterosexuales) que a veces se muestran de una manera tímida, cuando no manifiestamente acomplejadas. Pasamos en muchas ocasiones de un extremo a otro, yendo de la Ceca a la Meca como quien da palos de ciego, tratando, eso sí, de ser siempre lo más cool del mundo.
Que cada uno se acueste con quien quiera o quien pueda, que ancha es Castilla y sólo se vive una vez. Que cada cual haga de su capa un sayo y, tranquilamente, sin alharacas innecesarias ni afectaciones, viva su vida con coherencia y respeto hacia los demás. Que nadie tache de nada a nadie; que nadie sea tachado de nada; que nadie juzgue; que nadie reprima su verdad; que nadie sea lo que no es; que todo el mundo sea él mismo, pues así comprenderá al otro (en su más amplio espectro), comprenderá y dejará esa palabra: "tolerante", pues "tolerar" supone aceptar a regañadientes lo que, en el fondo, no nos gusta. Y recurro otra vez más al DRAE: 
Tolerar: Llevar con paciencia.
              Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
              Resistir, soportar, especialmente un alimento o medicina.

Pero, en fin, también es verdad que hay una última acepción: "Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias". Y de respetar sí que deberíamos estar orgullosos; no confundamos orgullo con ruido, ni hagamos ruido innecesario, pues éste disfraza lo banal y lo estúpido con apariencia grandilocuente de globo inflado.
Con esto me quedo. Políticos ruidosos abstenerse.


miércoles, 21 de junio de 2017

FARAÓNICA OBRA AUTONÓMICA O CÓMO SALIR EN LA FOTO CADA DOS POR TRES (POR NÁ)

El 3 de mayo del 2016 escribí aquí un comentario sobre la carretera CM-3107, que enlaza Manzanares y Alcázar de San Juan (recomiendo a los curiosos y olvidadizos su (re)lectura). 
Resumo la historia: el primer tramo reparado de la carretera (25 kilómetros desde Manzanares hasta el enlace con la CM-3113) se realizó en las postrimerías  del gobierno de Cospedal y fue largamente criticado por la entonces oposición, por cicatero, pues tras cortar la circulación tres meses (con el consecuente trastorno para los sufridos conductores) sólo se asfaltó la mitad del total del trayecto; no hubo dinero para terminar unas obras mínimas que llevaban años esperando en la inopia, quedando la otra mitad durmiendo el sueño de los justos en espera... ¿de qué? 
Pasa el tiempo (dos años), y se lanza a bombo y platillo que se asfaltará el tramo que quedó maltrecho (los otros 25 kilómetros)... pero...¡ay!, la cosa se queda otra vez alicorta y se arreglan (cuando se arreglen), no 25 kilómetros, no: 12. Para tan megalómana y faraónica obra (que consiste sólo en la  reposición del firme deteriorado) están cortados 25 kilómetros de vía desde marzo. Con un par. La cosa hubiera ido más rápida si se hubiese trazado la señalización horizontal con pincel fino de meloncillo, regla, escuadra y cartabón y las señales verticales se hubieran pintado al fresco, usando técnicas del renacimiento, propias de Miguel Ángel. 
A todo esto las autoridades actuales salen en la foto a principios de junio (fecha en la que sospecho comenzó realmente la obra) diciendo que ellos/ellas son los buenos, pues van a finalizar (o casi) lo que Cospedal no tuvo arrestos a terminar. ¡Ay, alcaldesa!
Todo ha quedado (cuando quede) en otros 12 kilómetros apañaditos; mientras, entre tramo y tramo, seguirán estando otros 12 en estado calamitoso, tercermundista, loa al bache, exaltación de la desidia, radiografía esquelética de la España autonómica post democrática. 
Nos prometen ahora que el año que viene (ese sí) se terminará la obra del total del trazado, pues los ingenieros de caminos están que no pueden más con sus cuerpos y las infraestructuras castellano manchegas están (o estarán) viento en popa, en claro ejemplo de eficacia, modernismo y buena utilización de los recursos públicos.
Lo dije antes y lo digo ahora: lo importante no es lo que se haga; lo importante es salir en la foto, cuanto más a color, mejor. Luego se dirá lo que se diga (cuanto más disparatado y previsible, mejor).
A todo esto, a día de hoy, 21 de junio de 2017, y desde marzo, 25 kilómetros de la carretera susodicha siguen cortados para reparar someramente 12 miserables kilómetros... Que hay que trabajar seguros ¡¡¡País!!!

miércoles, 31 de mayo de 2017

EL PAN, LA ESTUPIDEZ, LA TONTERÍA, LAS TECNOLOGÍAS PUNTA, LOS CUENTOS COLOREADOS POR WALT DISNEY

¿Por qué será que cada vez aguanto menos la estupidez humana o su equivalente y sinónimo, la necedad? Bueno, habría que decir "la estupidez" a secas, porque los animales no son estúpidos; ésta (la estupidez) es patrimonio exclusivo de la especie humana y crea con ella una amalgama que se digiere mal y sienta peor, pero que cada vez se ingiere con más frecuencia.
Aquello de "comulgar con ruedas de molino" está a la orden del día y tenemos ya un empacho de granito que ya, ya... Parece que no queda más remedio que tragarse todo por aquello de lo políticamente correcto; por aquello de "no significarse"; por aquello de parecer "tolerante", con una tolerancia mal entendida; por aquello del silencio cómodo, cuando, en realidad, es silencio cómplice.
No sabría por dónde empezar (y tampoco lo pretendo) si hiciera un listado, siquera fuese somero, de las estupideces más rotundas que nos rodean, acosan, atosigan, manipulan y acojonan... pues todos estos presentes de indicativo, tercera persona del plural, son conjugados por la estupidez con desfachatez impune.
Pero la estupidez, siendo como es cosa abundante y grave, lo es más cuando proviene de las esferas políticas, de las altas representaciones del pueblo soberano. Y ya no se sabe bien si él (el pueblo) está soñando, está delirando o está definitivamente dormido para no despertar jamás, a no ser por ósculo breve de príncipe encantado que por allí pasara, cual pipiolo de cuento coloreado por Walt Disney, dispuesto a convertir a la Bella Durmiente en rana o viceversa... que ya me estoy liando y estoy mezclando, me temo, cuentos y leyendas (por cierto bastante crueles y estúpidas, también ellas).
Mientras somos bombardeados por televisiones estúpidas, por noticieros estúpidos, por estúpidos políticos, nos vamos apagando como cabo de vela reducido ya a pavesa triste, entretenidos (eso sí) por altas tecnologías que nos hacen ser más y más estúpidos y nos hacen creer que tenemos miles de amigos, que somos la leche porque nos dan cientos de "me gusta" y porque comparten nuestras tristes paranoias (como quizá ésta).
Por decirlo con frase cañí, racialmente manchega (y por lo tanto recia, basta, hiriente en lo sarcástico, pero sabia en lo profundo) en este día "tan señalado", autonómico y poco más: "cuánto tonto cría el pan blanco" Y eso que ahora la mayoría del pan ya no es ni blanco: es de esos medio cocinados que ya ni son pan, ni son ná. Ni chicha ni limoná. 



viernes, 27 de enero de 2017

PROTESTA INSTANTÁNEA O CÓMO TENER TRES MIL Y PICO DE AMIGOS... ¡YA!

Hay dos hechos significativos que, sin apenas darnos cuenta, han cambiado nuestra sociedad: uno es el uso masivo de los teléfonos móviles con todo su potencial tecnológico; otro el desapego y el distanciamiento de la gente hacia la política. 
Las posibilidades de los móviles, la facilidad que nos dan para la comunicación inmediata, la ilusión que supone tener el mundo en las manos (literalmente) a un golpe de tecla o de pantalla, ha revolucionado la manera de interrelación entre las personas, creando un mundo paralelo a la realidad que supone otra realidad en sí misma: la realidad virtual, el mundo de la nube, las redes sociales, los amigos invisibles. Curiosamente, la aparente facilidad de comunicación instantánea, a generado una incomunicación nueva, ha creado una especie nueva que no existe si no en la pantalla; que se desarrolla en la fugacidad de la noticia, del chismorreo electrónico, y que está en vías de destruir la gramática para crear un bosque de emoticonos en el que el lenguaje evoluciona hacia la imagen y es en ésta donde encuentra y sacia la necesidad humana de la comunicación, convertida aquí en comunicación-reflejo, en espejismo creador de fantasmas que son consecuencia de algo tan viejo como los miedos y la búsqueda de una felicidad siempre ilusoria.
Por otro lado, las constantes tropelías de los políticos, la corrupción generalizada y la posterior percepción de impunidad generada, han hecho que la política pase a ser mero espectáculo de televisión, con la misma credibilidad que un reality show de descerebrados salidos. Las imágenes han pasado a ser lo único importante, más allá de lo que se pueda ocultar tras ellas; como  hijas directas de la publicidad, vagan por el ciberespacio las más de las veces vacías de contenido, luciendo colores atractivos, sí, pero colores al fin y sólo eso. 
Vemos desfilar partidos de toda clase y vemos cómo algunos que presumen de nuevos, caen en todos y cada uno de los peores tics de de los viejos, volviendo a poner en marcha el círculo del tiovivo en una espiral de hartazgo que hace más y más descreída a la gente, alentando la confusión y espoleando a ese máximo común divisor tan repetido: todos son iguales. De esa "igualdad", hija de la uniformidad, se deriva el distanciamiento, el desapego, el descrédito, la media sonrisa que todo lo reduce a "otra vez lo mismo", que todo lo enrasa por lo bajo y hace de la desilusión el terreno abonado donde crece la mediocridad y, por ende, reduce la contumacia a un aburrimiento peligrosamente generalizado. Vemos la política, no ya  como un mal necesario: la vemos como un mal, a secas.
Inmunes ya a promesas incumplidas y a corruptos reincidentes, la gente ha pasado de la rebeldía y la concienciación, a la resignación, a la desconfianza, a la negación sistemática y al pasotismo acomodaticio, dejando un erial que sólo se llena con la inmediatez de un whatsapp o la protesta instantánea (como la sopa) de un "pásalo" a tus tres mil y pico de amigos virtuales.

jueves, 10 de noviembre de 2016

SILENCIO ADMINISTRATIVO O CÓMO CANSAR AL CIUDADANO SIENDO UN DON TANCREDO

La Administración dispone de un arma para disuadir al ciudadano de cualquier petición (derecho, por cierto, reconocido en el artículo 29 de nuestra Constitución); ese arma se llama "silencio administrativo". La cosa podría sonar hasta poética, por aquello del silencio y lo que aquel trae de recogimiento, ascesis y religiosidad, pero la cosa tiene guasa. Para entendernos: te diriges a la Administración Pública (cualquiera de ellas) con cualquiera petición y aquella (la Administración) calla, es decir: no responde; no se sabe si no lo hace por falta de tiempo, por desidia, por abandono, por falta de interés... o vaya usted a saber por qué. El caso es que calla como hetaira. 
Lo que en cualquier persona sería signo de mala educación o de autismo, en la Administración resulta que no: que es una figura jurídica, aunque tenga mucho de ficción y de fantasmagoría. Ante tal silencio pueden suceder dos cosas: que sea positivo o negativo, ¡que también le pesa! Ya es el colmo que figura tan poética como el susudicho silencio pueda ser positivo o negativo, como el Rh, aunque nada tenga que ver con la hematología ni con las pilas (que también ellas tienen algo de positivo y negativo). Saber cuándo es de una u otra manera es cosa de leguleyos y técnicos en togas y birretes; mientras, el común mortal que sólo quería una petición cualquiera, tiene que devanarse los sesos o el bolsillo para entender qué diablos quiere decir la Administración con un silencio que resuena como barriga de tinaja vacía y honda.
Dije al principio que el silencio, en este caso, es un arma y así lo creo: un arma invisible que nos arroja a la cara todo el desprecio de una maquinaria que parece pensada para elevar la frustración del ciudadano hasta niveles exasperantes. Nadie se merece el silencio como respuesta, pues es este un acto que nos hace pensar que el otro, el interpelado, o carece de argumentos, o nos ignora sistemáticamente, o minusvalora nuestro intelecto, o (lo que es peor) quiere ganar tiempo para ver si así nos cansamos ya y damos por perdida sistemáticamente una batalla que se supone contra molinos inamovibles y gigantes.
¿Que dicen? Que dizan. Yo callo y sigo erre que erre a mi bola. Ya se cansarán, que esto del silencio quema más que la llama. Yo, como un don Tancredo, inamovible, impasible el ademán ante los embistes del mihura.
¿Y quién dijo eso de que "quien calla, otorga"? Pues algún mindundi que se cansó de esperar respuesta y tuvo que decir algo (él, claro, porque nosotros seguimos aquí, más callados que una piedra).

martes, 18 de octubre de 2016

ALGUNA ENSEÑANZA, NO POR ANTIGUA MENOS ÚTIL Y ALGUNA PREGUNTA OBVIA

Sabido es que Sócrates no dejó escrito alguno, pues suponía que la escritura no es medio adecuado para la búsqueda de la verdad y por ende para su transmisión. Él (Sócrates) utilizaba el diálogo como forma de conocimiento y la mayéutica como forma de educación y aprendizaje supremo; es decir: usaba las preguntas y los razonamientos para plantear cuestiones que, tras profunda discusión, afloraban las verdades que cada cual lleva dentro de sí, aun sin sospecharlo, como una semilla. 
Platón, discípulo del anterior, dejó, éste sí, escritos en los que transmitió las enseñanzas de su maestro y las propias, y lo hizo usando la forma genérica de "Diálogos". El conocimiento era para Platón "el DIÁLOGO que el alma mantiene consigo misma".
Como siempre, los antiguos lo inventaron todo y todo es ya repetición, aunque ésta sea variación de la variación. Según Sócrates, no se podía enseñar algo a alguien si éste creía saber ese algo ya; la cuestión esencial para llegar al conocimiento es la aceptación del desconocimiento. Por otra parte, el verdadero ignorante desconoce que lo es, alardea de sabio y cultiva el engaño en lugar de la honestidad, cualidad ésta del verdadero/a hombre/mujer sabio/a.
Señalar, aunque sea de sobra conocido, el hecho de que Sócrates acabó como acabó: obligado a tomar cicuta. Su pecado: ser hombre honrado, consecuente y sabio.
Me pregunto (y sé que la pregunta es obvia) cuántos de nuestros políticos creen de verdad en el diálogo, cuántos se creen en el desconocimiento antecesor a la verdadera sabiduría; cuántos ignoran que son profundos ignorantes y por lo tanto prepotentes, viciosos, deshonestos y corruptos.
El diálogo como forma de conocimiento. como pilar fundamental de la Democracia, es algo cada vez más raro, aunque no lo sean las continuas apelaciones que todos hacen hacia él, pero... ¿cuántos, de verdad, quieren llegar a él, cuántos quieren  la luz que los pueda iluminar? 
El entendimiento entre opuestos es un medio de conocimiento, pues nadie (ni siquiera Sócrates) tiene la verdad absoluta, ésa que algunos pretenden llevar como recurso último y único para la salvación suprema. 
Tampoco esto, quizá, sea verdad. Olvidad todo lo que habéis leído y pensad por vosotros mismos.

martes, 27 de septiembre de 2016

UN TRAJE INVISIBLE, UNA SOPRANO HORROROSA O CÓMO VER LO BLANCO, BEIGE

Se estrenó la semana pasada la película "Florence Foster Jenkins", versión inglesa (hubo una primera francesa, del 2015) que repasa las habilidades canoras de la llamada "peor cantante del mundo", Florence Foster Jenkins, millonaria con delirios de soprano que no podía cantar peor, pero que era alabada sistemáticamente por su entorno, de tal manera que la tal Foster creyó que realmente cantaba como los ángeles, cuando, en realidad, era un auténtico esperpento absolutamente ridículo (existen grabaciones auténticas que dan fe).
Emparento esta historia con la escrita por Hans Christian Andersen "El traje nuevo del rey", versión a su vez de otro cuento escrito por Don Juan Manuel en el siglo XIV, perteneciente al "Libro de los Ejemplos del Conde  Lucanor y de Patronio" (ejemplo XXXII). En resumen, se cuenta la historia de un rey engañado por unos pícaros, que le ofrecen a éste el mejor traje del mundo, pero que sólo podían ver las personas inteligentes; así el rey se paseaba desnudo, creyendo portar finos paños, mientras la corte alababa su buen gusto, incapaces todos de decir la verdad por miedo a ser tachados de tontos.
Paralelismos que surgen a través del tiempo y que saltan de la ficción a la realidad. Historias de las que se pueden sacar suculentas enseñanzas y que nos despiertan, una vez más, la necesidad de creer en el arte como forma de conocimiento.
Al grano: ¿no les suenan estas historias, no tienen la sensación de un déjà vu muy actual? Creo que algunos políticos deberían tomar buena nota. ¿Cuánta gente es incapaz de decir la verdad a la cara por miedo a que te tilden de tonto o de disidente? ¿Cuánta gente sigue alabando sistemáticamente al líder, halagando sus fallos e incapacidades, para subir en el escalafón, aunque tengan que comulgar con ruedas de molino? 
En el cuento, es la gente del pueblo la que da la voz de alerta y se atreve a decir la verdad, mostrando al rey el ridículo que hace y poniendo en tela de juicio a los sebosos aduladores cortesanos.
Guardémonos de aduladores, aunque no seamos reyes ni políticos de mediano pelo, ni de alta cuna. Los políticos tienden a rodearse de cohortes halagadoras que enmascaran sus fallos y que les hacen ver lo blanco, beige. La falta de inteligencia de los unos se alía con la desfachatez inmoral de los otros. Mientras, los reyes siguen desnudos por el mundo, alardeando de unos trajes invisibles que sólo existen en su estupidez. Alguien, en algún lugar, los ve realmente como son: pequeños seres desnudos que se creen vestidos por trajes inmaculados cosidos por unos pillos arribistas. Algún día la voz del pueblo gritará la verdad y mostrará las vergüenzas de quien se cree intocable por la gracia de Dios. Amén.

domingo, 18 de septiembre de 2016

SALIR EN LA FOTO O COMO DEMOSTRAR QUE EL CONCEJAL HINCÓ EL DIENTE A LAS SARDINAS

Desde que los teléfonos son móviles, inteligentes (quizá sean los únicos) y tienen incorporada cámara fotográfica, se ha multiplicado a la enésima potencia la manía de dejar constancia de nuestra presencia en cualquier sitio por el que pasemos (metámonos todos). 
Ya en las pirámides existen graffitis que son prueba escrita y testimonio y nos dicen que, efectivamente, tal señor pasó por allí hace mogollón de años y dejó su huella para demostrarlo, cual perro que dejara su meada cálida y acotadora. No basta con estar en un sitio: hay que dejar constancia de que estuvimos allí; es más, a veces es más importante esa prueba que la visita en sí, que nuestro paso por donde quiera que sea. Ahora se fotografía todo, absolutamente; antes, al menos, te lo pensabas un poco, habida cuenta del coste del carrete y posterior revelado. Ahora no; la gratuidad instantánea hace que se disparen millones de fotos por segundo. Se fotografía el museo, el paisaje, el perrito, el plato que nos vamos a comer, la puesta de sol... y para colmo, llegaron los selfies y ese adminículo estúpido llamado "palo de selfie" con el que el narcisismo se eleva a extremos realmente ridículos. Vemos a chicas/os y no tan chicas/os poner caras raras con tal de decir: "allí estuve yo, mira qué mono/a soy". 
Sí, la imagen, la prueba, por muy digital y efímera que sea, es lo más importante. No se ven los sitios: se fotografían; no se viven los momentos: se mandan por WhatsApp.
Los políticos también (cómo no). Ellos ya lo llevan practicando mucho tiempo, nos llevan delantera, siempre han tenido al encargado de turno con la cámara en ristre apuntando al edil de turno o al ministro con o sin cartera (ahora todos tienen cartera, más o menos propia). 
¿Que el concejal hinca el diente en una sartenada de sardinas? Ahí está la foto. ¿Que se corta una cinta inaugural cualquiera? Allí está la foto. ¿Que se exponen los peligros de conducir sin cinturón? Ahí está la imagen. ¿Que se declara abierta la piscina municipal? Foto al canto. ¿Que se reparten gachas, migas o salmorejo al pueblo? No apartes de mí ese cáliz. ¿Que hay que hablar de física cuántica o de la métrica de un poema? Se habla (por hablar...), pero primero la foto. 
Si no hay foto no se existe, no hay prueba empírica de la existencia, del acto, del discurso, del postureo, de la atención mediática, del interés noticiable.
Insisto. Por favor te lo pido: la foto, la foto... ¡¡¡la FOOOOTO!!!

domingo, 4 de septiembre de 2016

DE BOMBILLAS, DE HALÓGENOS, DE LEDS, DE OSCURIDAD, DE OBSOLESCENCIA, DE MENTIRAS (Y GORDAS)

Primero fueron las bombillas de filamento incandescente: eran muy malas, gastaban una barbaridad, una cosa insostenible para el medio ambiente... había que cambiarlas por responsabilidad ecológica y eso; había que poner lámparas de bajo consumo, que eran la leche, que gastaban poquísimo, que eran verdes. Allá que vamos con el cambio (eso sí, siempre más caro, pero rentable, nos decían). Pero no, resulta que el bajo consumo aquel era más contaminante aún que las antiguas incandescentes, porque tenían (tienen) un gas de mercurio altamente nocivo, que para sí hubieran querido las SS, por no citar su duración que resultó una estafa en toda regla. Pero llegaron los halógenos, que ya eran la repera y había que cambiar las lámparas feas de bajo consumo por estas, tan de diseño. Pero no; tampoco... ahora hay que volver a cambiar los halógenos porque también son malos (después de, claro, haberse gastado la pasta); ahora hay que sustituirlos por leds, que molan más... y así hasta el infinito, en bucle de mentira sobre mentira y gasta primero y protesta luego, si tienes ganas, dinero, paciencia y suficiente cuajo. 
Nos dan lámparas que parecen maravillosas y son una mierda con obsolescencia programada; nos comen el coco para atentar contra nuestra conciencia ecológica cuando saben que esto se va al carajo (y no tardando); nos hacer creer que formamos parte de una sociedad participativa cuando somos marionetas de conveniencia; nos ofrecen caramelos envenenados para que nos dé el cólico miserere y encima nos creamos listos, buenos y responsables.
También los políticos (quien se pique ajos habrá comido) nos aconsejan constantemente apelando a nuestro sentido común, a nuestra responsabilidad de ciudadanos de relleno, ofreciéndonos lámparas de bajo consumo como remedio para la oscuridad que ellos han provocado con una sobrecarga que ha hecho saltar todos los plomos.
Oscuridad a cambio de nada; oscuridad a cambio de parloteo; oscuridad mediocre (cuanto más mediocre, mejor) que hiede y que nos rompe las instalaciones todas y nos ilumina con mentiras podridas. ¡Quién pudiera cambiaros por una vela de sebo o por una triste (pero auténtica) lámpara de aceite! Malditos seáis. 

jueves, 18 de febrero de 2016

UNA BICICLETA, UN ESCRACHE, MUCHOS CAMALEONES

A un viejo comunista le preguntaron qué haría si tuviera una mansión. "Donarla al pueblo para que se hiciera un centro cultural o un hospital", respondió. "¿Y qué haría si tuviese usted una bicicleta?", prosiguió el interlocutor. "Cuidado, que bicicleta tengo", respondió en viejo comunista...
Este chiste me lo contaron hace muchos años y explica con suficiente sorna una verdad evidente: lo que yo tengo es mío; lo que no tengo, es de todos...
Viene todo esto a lo sucedido hace poco en Madrid, respecto al escrache sufrido por Javier Barbero, delegado de Seguridad, Salud y Emergencias del Ayuntamiento. El delegado fue abucheado y zarandeado de mala manera por policías que le increparon llamándole de todo. ¿Qué pasó después? Pues que para Barbero (quien participó en otros escraches anteriormente) aquello pasó de ser una "forma de protesta legítima" a ser "un ataque político al gobierno de la ciudad" y para Cristina Cifuentes (quien ya sufriera un escrache en otro tiempo) pasó de ser "un acoso intolerable, una vejación" a ser "una protesta legítima". Es decir: "yo era blanco y no me gustaba lo negro; ahora que soy negro no me gusta el blanco", por decirlo de alguna manera.
No voy a entrar en detalles de cómo se desarrolló es escrache, si éste fue politizado o no (por supuesto que sí), si las fuerzas de seguridad actuaron en ambos casos de igual manera (por supuesto que no). Voy al dato, que es extrapolable a toda la situación política, a todos los políticos. Nuestra vara de medir es flexible, cuando no de goma y se adapta a nuestras circunstancias de manera sorprendente: lo que hoy nos parece así, mañana nos puede parecer asao; según y cómo; según por qué; según nos movamos hacia barlovento o hacia sotavento. Y es la naturaleza del viento ser caprichoso y cambiante. ¿Los principios éticos? ¿Qué cosa es eso que pretende ser sólido cual roca? Ya se sabe: adaptarse o morir. Y esto está lleno de camaleones.

miércoles, 20 de enero de 2016

DE RASTAS, ÁCAROS Y DÍPTEROS O ¿POR QUÉ NOS EXTRAÑAMOS?

Imagen tópica del político español o prototipo políticamente correcto:  colectivo extraño al pueblo que viaja en primera, dispone de coches oficiales, gana una pasta, tiene pensiones doradas y (cuando tiene pelo) peina raya, luciendo cabellera impoluta e indeformable; viste, además, traje gris o azul marino con corbata a juego y porta cartera grande de cuero repleta de vaya usted a saber qué documentos.
Todo lo demás es sospechoso de pertenencia a perro-flautismo o de portar ácaros o dípteros saltarines. 
La imagen vale más que mil palabras y ésta (la imagen) se debe cuidar so pena de dar la impresión de estar demasiado cercano al pueblo o de provenir de él, estando allí (en el Congreso) de manera transversal, casi por azar y como diciendo "yo pasaba por aquí..." Pero claro, donde esté un señor de los de antes, con su traje y su corbata, que se quite lo demás, que no son más que espurios reflejos de una realidad que nunca puede llegar a los sacrosantos escaños.
No sé si el Congreso de los Diputados es un imagen fiel del pueblo; debería serlo ¿no?, pues allí están los que se suponen nuestros representantes. Es cierto que la imagen puede ser cosa superficial, mero espejismo vano que puede engañar y confundir. Pero también es cierto que nadie se debería extrañar por ver a un congresista con rastas o con piercings. Sí nos deberíamos extrañar cuando algún político sea acusado de corrupción, pues a este se le debe exigir una honradez a prueba de bomba y una ética que siempre dé ejemplo y sea faro y guía. Sin embargo, nos extrañamos cuando vemos a alguien sin corbata deambular por los pasillos del Congreso y no nos extrañamos para nada cuando sabemos de casos de corrupción. Es más: lo vemos ya como cosa lógica, inherente lacra adherida a la poltrona como lapa al casco viejo de un navío pirata.
Lo extraño, realmente, es que estemos acostumbrados a lo que debería ser excepción y nos extrañemos ante lo que debería ser normalidad. Pero es que este país, creo yo, no es normal. ¿Rediós!

sábado, 12 de diciembre de 2015

MEMORIA DEL FUEGO O PROMETE, PROMETE, ANTES QUE LO HAGA EL OTRO

Uno se mira de vez en cuando al espejo y ve lo que no quisiera ver: el tiempo; mejor dicho, los efectos del tiempo; es decir, los efectos ya que no la causa. Uno ya va entrando en una zona que hasta ahora creía ajena, que hasta ahora creía patrimonio de los otros, exclusivamente de los otros. Pero eso es otra historia. 
Volvamos al espejo. Espejo como metáfora de la política, ahora que ésta está tan presente, tan ubicuamente presente. Y así veo los despojos que el tiempo va dejando en ella (la política) y en ellos (los políticos). ¿Nueva política? ¿Regeneración? ¿Casta vieja-nuevos medios? No sé. Yo veo grietas, viejas grietas que asoman por doquier, viejos restos que ensucian a lo pretendidamente nuevo, viejos recursos que repiten estrategias, insultos previsibles, formas obsoletas que asoman por las imágenes relucientes de la propaganda electoral. Lo viejo, lo caduco asomando como recuerdo de un tiempo que pasó, de un tiempo implacable que destruye y conforma la materia con imparcialidad aplastante.
Tiempo es ahora de promesas: tanto prometes, tanto vales. Te prometo el cielo; te prometo el paraíso, el Shangri-La perfecto ¿hay quien dé más? Y si es necesario, beso a los niños, abrazo a los jubilados, comparto partida de dominó en residencias de ancianos, lamo las heridas de las  mujeres  maltratadas, quito impuestos, maquillo cuentas, tiendo caminos de perfección y entendimiento mutuo (que soy humano y más que eso: soy tu  futuro presidente, aquel que te hará la vida más fácil, cuando no te sacuda por el cuello y te lleve a una guerra que no te puedes ni imaginar aún).
Me asomo al espejo y veo cosas. Espejito, espejito, diría la bruja mala, ¿quién es el más hermoso, el más perfecto líder que imaginarse pueda?
Pero ahí está el tiempo con sus mensajes, para quien quiera verlos, eso sí, maquillados entre naftalina y palabras, montones de palabras que resuenan como gramófono viejo.
En un principio fue el verbo, ahora el verbo es el árbol que nos impide ver el bosque. Si es que hay bosque que ver y no es todo ya calcinación, restos de cenizas, desolación, memoria del fuego.

sábado, 14 de noviembre de 2015

DIOS HA MUERTO, SEAMOS UBICUOS

Las ciencias adelantan que es una barbaridad, eso lo sabemos; también lo hacen los políticos. A ver: me refiero a la imagen que quieren dar (los políticos) y en cómo la dan.
En plena campaña electoral, deberíamos tener claro lo que cada partido quiere y ofrece: deberíamos estar saturados de programas electorales. No olvidemos que se votan (o eso debería ser) unas ideas, unos programas, unas maneras de hacer que luego repercutirán directamente sobre el ciudadano, vote éste o no; quiera éste o no.
Últimamente, sin embargo, parece que lo importante no es lo que se piense, el ideario de fondo; no. Parece que lo importante es aparecer, simplemente aparecer en medios y programas, charlando con el periodista de turno en plan colegueo de barra de bar. Me parece bien que los políticos traten de dar una imagen humana, a ras de suelo; también ellos son humanos, los pobres. He dicho "que traten de dar una imagen..." Y es que la imagen, en el siglo de la comunicación visual, lo es todo. La publicidad, vaya: lo que antes se llamaba propaganda, palabra ésta un tanto devaluada por sus connotaciones con aroma a regímenes opuestos de un tiempo no tan lejano. 
Ahora todo pasa por la batidora del tubo catódico (aunque ya no haya tubos catódicos); se diría "tanto sales, tanto vales" No importa lo que digas, si lo que dices tiene sustancia o no; el caso es salir, salir en los "medios", salir en las "redes", estar en perenne "comunicación" con la gente. La ubicuidad ya no es privativa de Dios (otra prueba más de que ya murió, como dijo Nietzsche), ahora cualquiera puede estar simultáneamente en varios sitios, basta con subir fotos, comentarios, opiniones... en toda clase de "muros" (cuantos más, mejor), a la par que se asoma uno a la tele hablando de cualquier cosa... no importa de qué y suene, elevado por las ondas radiofónicas al éter de la multitud. La ideología, el "programa" (como diría Julio Anguita) es lo de menos.
El caleidoscopio mediático está en marcha. Veremos imágenes multiplicadas  de los políticos hablando de lo divino y de lo humano con desparpajo y amplia sonrisa. Estamos inmersos en una nube que nos viene de otra nube (de ésa que está no se sabe dónde, como los ángeles) que tapa, atonta, pero que es rápida, instantánea y breve, como un whatsapp en el que te enviaran el vídeo viral de un gatito tocando el piano. Porque ya los virus no están en la sangre, están en la red y en ella caemos y nos infectamos una y otra vez con una caca tonta y descerebrada, pero, eso sí, colorista. Para echarse unas risas con los amiguetes. 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

ACTORES DE TV O EL PUZLE UNIVERSAL

Les pasa a muchos actores de series de televisión: de tanto repetir un personaje, se convierten en él o, al menos, son incapaces de salir de él, siendo ellos mismos caricatura del personaje que repiten y al que (por otra parte) deben la fama y el dinero. Todos conocemos a actores que están indisolublemente unidos a su personaje y aunque cambien de registro, seguimos viendo los mismos gestos, los mismos tics que repitieron hasta la saciedad en aquella serie televisiva. Da igual que traten de desprenderse de aquella máscara que les encumbró: les perseguirá para los restos y acabarán odiando a lo que, paradójicamente,  deben la celebridad. Es una especie de castigo de los dioses.
Algo parecido pasa con los políticos. Parecido no: idéntico. De tanto repetir los tics, han llegado a construir un personaje que les puede y que oculta a la persona tras los gestos teatrales. ¿Cómo si no, comprender que el Presidente del Gobierno diga lo que dice, estando aparentemente convencido de lo que dice? Digo Presidente como podría decir ministro, secretario general, líder de la oposición o alcalde pedáneo.
Se supone que un político debe hacer y debe decir ciertas cosas: cosas obvias, políticamente correctas, bien sonantes; debe decir discursos que nada digan y parezcan decir mucho; debe ser maestro de las apariencias; debe hablar con seguridad, aunque lo que diga no se lo crea ni él mismo; no debe hacer concesiones a enemigos; debe ser inflexible con la corrupción (¡¡) y la falsedad (¡¡¡). 
En fin, una retahíla de tics que entran con el pack completo, en oferta, que está disponible en nuestros almacenes a precio de risa. ¡Lléveselo, señora o caballero, que estamos regalando, oiga!
Mientras, sigamos escuchando a los actores repetir las mismas frases, sigamos viendo al personaje unido para siempre a la persona, siendo ya él (el personaje) para siempre, mostrándose como un Don Tancredo, impasible, inamovible; mostrándose como un cabezudo parlante de cartón piedra. Inseparables ya, el actor y la persona; no sabiendo dónde acaba el uno y empieza el otro.
Pero... ¿qué digo? Olvidaba que persona es un término latino que viene del griego prósopon, término que hace referencia a las máscaras que usaban los actores de teatro; también persona podría provenir de persono que significa hacer sonar la voz... 
Si es que todo cuadra en el puzle universal...

domingo, 23 de agosto de 2015

LA MITOLOGÍA, LA PESTILENCIA, EL OLVIDO, EL SUEÑO, LA MUERTE

Tenemos mala memoria; no sé si, como ésta es selectiva, la inercia de borrar lo desagradable nos hace olvidar cosas que, en cualquier caso, mejor estarían en la memoria colectiva para evitar su repetición, hacer justicia (siquiera sea someramente) y, de paso, curar tanto despropósito y aliviar tanta injusticia que nos llega acarreada por la desidia, por la ineptidud, por la corrupción (no me cansaré de repetir esta palabra tan odiosa como prolífica), por la inacción, por la resignación mal entendida, por la política de consumación de hechos que parecen irreversibles.
Repasemos sucesos hasta hace poco muy presentes en todos los medios; me refiero a hechos punibles cometidos por políticos y gente de hampa de guante blanco. Podremos recordar algunos, haciendo un ejercicio de memoria esforzada, pero muchos habrá que el tiempo y la desidia ya habrá relegado al jardín de olvido para quedar allí, como florecilla silvestre, tan ricamente abandonada, guardada en su sacrosanto y discreto retiro, pues sabido es que la discrección es manta suave que tapa lo corrupto y hace desaparecer lo que no interesa sacudir al aire, no se vaya a saber demasiado con el destape indecente...
¿Qué pasó con aquel caso de corrupción, con aquel aristócrata, con aquellas infantas, con aquel banquero, con aquellos consejeros, con aquellos delegados, con aquellos presidentes, con aquellos viajes canarios, con aquellas promesas incumplidas, con aquellas palabras repetidas y borradas luego, con aquellas amenazas, con aquellas recalificaciones, con aquellas estafas, con aquellas preferentes, con aquellas privatizaciones, con aquellos chanchullos..?
Olvidamos rápido y no aprendemos nada de nada. Aquello que dijo Cicerón: "el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla" es una verdad tan obvia que ya la hemos deglutido para convertirla en perogrullada tópica. Por eso nos va como nos va y les va como les va. 
Lete era para los griegos uno de los ríos del Hades, es decir, del inframundo; beber en las aguas de este río provocaba el olvido inmediato; algunos creían que había que beber en él para que las almas olvidasen su pasado y se renovasen antes de ser reencarnadas para emprender una vida totalmente nueva.
Hay veces que me parece que el inframundo está aquí, redeándonos, y estamos en medio de una laguna Estigia en la que convergen, entre otros, el Lete. Y nos saciamos de sus aguas para sumirnos en el olvido, tan cercano ya a su hermana amnesia, cuando no cercano a Hipnos (personificación del sueño), hermano a su vez de Tánatos (personificación de la muerte). Olvido, sueño y muerte. 
Mientras, el inframundo (éste) crece y todo se llena de despojos pestilentes. Mierda.

viernes, 10 de julio de 2015

NUEVOS TIEMPOS, NUEVA IMAGEN O UN POLÍTICO (QUIZÁ) NO SEA UN BOTE DE TOMATE

Nuevos tiempos, nuevas caras,  nuevos logos, nueva imagen... ¿y las ideas?
Pues sí, es tiempo de "refundar" los partidos; a ver: quiero decir que es tiempo de darle una vueltecita a la imagen, que vale, como todo el mundo sabe, más que mil palabras. Es tiempo, pues, de los diseñadores, de los asesores (¡ah, los asesores!), de los técnicos en marketing y lenguaje no verbal, de los "comunicadores", de los gurús de la imagen y la televisión, de los "creadores" publicistas que igual te venden un bote de tomate que un candidato a la Moncloa o a una dirección general de algo.
Ya se sabe que aquí, quien no sea guapo y joven, no existe. Ya se sabe, también, que hay que conectar con el pueblo llano (más llano que nunca), que hay que ser el amo de las redes sociales (tomen nota en lo de redes), que hay que transmitir sensaciones positivas de diafanidad, transparencia (¡ah...!), modernidad, cercanía y honradez (¡oh...!). De ahí que (con permiso de Lampedusa) haya que cambiarlo todo para que todo siga igual. Se necesitan caras nuevas (al menos no tan quemadas), gente joven, dinámica, sin corbata (a ser posible), con don de gentes, locuaces (pero sin pasarse), que irradien simpatía y colegueo (pero sin pasarse), que conecten con la piel en las áreas que los viejos capitostes no lo hicieron (ni falta que les hacía). Gente suficientemente preparada, que se note que las nuevas generaciones están ahí y que el dinero invertido en su preparación no se va para Alemania o para cualquier otro país comunitario o no.
Lavado de cara/s. Lavado de imagen. Hay que exorcizar viejos tópicos con el agua bendita de la comunicación y la sonrisa puesta. Hay que acudir a las teles con el ánimo pronto y dispuestos a lo que sea: si hay que jugar al pasapalabra (por decir algo), se juega; si hay que debatir, se debate. Pero,eso sí, con un fondo de color que vaya con el moreno discreto del cutis, no vaya a ser que la sensación cromática no sea la adecuada y la caguemos por una simple cuestión de Pantone.
Pues sí, ( y ya me repito). Nuevos tiempos, nuevas caras, nueva sangre corriendo por arterias circunspectas.
¿Y las ideas? ¿Son o no son las mismas, son o no son las de siempre? Ya saben:  las ideas, esas cosas intangibles, invisibles, que son el armazón de todo ser humano, su fundamento, que conforman su actitud, sus palabras, sus acciones? Eso, claro, suponiendo que haya eso, ideas, detrás de tanta cara nueva. A un bote de tomate se le cambia la etiqueta y se vende de nuevo como nuevo (Andy Warhol ya lo inventó y bien que le salió la jugada). Pero un político no es un bote de tomate... ¿o sí?

martes, 7 de julio de 2015

UN EJERCICIO DE IMAGINACIÓN O ¿UN RECURSO AL TÓPICO?

Imagínense un trabajo en el que, para empezar, el trabajador se ponga el sueldo que le venga en gana... Item más: imagínense que el citado trabajador no tiene responsabilidad por las acciones que pudiera tomar en su trabajo, fueran buenas o malas y, aunque la liara parda, él seguiría tan ricamente, poniendo cara de poker, como diciendo "a mí, plim...". Imagínense que este trabajador está pagado con el dinero de unos pagadores que  no tienen la más mínima posibilidad de intervenir en la fijación del salario que ellos pagan y, otrosí, tienen que tragarse (los pagadores) las acciones del citado trabajador, sean cuales sean. Imagínense, para colmo, que los pagadores sean a su vez pagadores también, no sólo, del salario de la sinecura, sino de otras gabelas que ayudan a sostener el andamio que hace posible todo el tinglado. Imagínense que el ya famoso trabajador, no lo es tanto (es decir, trabajador) y se dedica a medrar, a ayudar a amiguetes y a dictar resoluciones que ayudan a su vez al mantenimiento de su puesto y/o a su enriquecimiento o ascensión social. Imagínense que el trabajador reniega de su título de trabajador (que es lo que debería ser) porque le parece poco y, aunque elegido por el pueblo llano, él se siente por encima y  navega, cual gota de aceite, por encima de las aguas del populacho que le permitió llegar donde está. Parece ficción. No lo es.
Imagínense que, en un rapto de lucidez, un día cualquiera, el otrora trabajador (ahora gestor público, edil, semidios o vaya usted a saber qué) se liara la  manta a la cabeza y decidiera bajarse el sueldo a niveles razonables y dignos; decidiera trabajar de verdad por el interés público; decidiera eliminar resplandores fútiles y cargos inútiles; decidiera ponerse al servicio de la gente que lo encumbró; decidiera ser honesto, imparcial, responsable, equilibrado, servicial, cercano y honrado. Un rapto de locura que recordaría peligrosamente a un Quijote más literario que el del Manco de Lepanto. Un arrebato peligroso que podría sentar precedente. Un muy peligroso precedente. Pero, ya se sabe que los libros de caballerías son ficción, los yelmos de Mambrino, bacías y los bálsamos de Fierabrás, ungüentos que apenas curan algún moratón, si acaso. 
Estamos en la Mancha y recordar al caballero de la Triste Figura es cosa inevitable; pido perdón por el uso del tópico. 
Y, puestos ya con los tópicos... amigo Sancho... tú tuviste una oportunidad en tu ínsula. Pero eras demasiado pueblo, demasiado sensato, demasiado honrado. Tú a lo tuyo que ya vendrá alguien para gobernar tu Barataria y se pondrá, lo primero, un buen sueldo. Al tiempo.

domingo, 5 de julio de 2015

DE ESFUERZOS, CONJUGACIONES Y LINEMENTOS

Es sorprendente la cantidad de esfuerzos que se hacen en este país. Asistimos a un sin fin de declaraciones en las que se afirma que hacemos (¿?) grandes esfuerzos, en todos los órdenes, en todos los campos, todos los días. Gracias a esos esfuerzos, estamos donde estamos: es decir, saliendo del túnel (hay quien diría que entrando). Así es. Aquí se esfuerza todo el mundo, unos de boquilla, otros (los que no se oyen) de verdad. Esfuerzo de todos los españoles (y españolas) que con gran sudor y sufrimiento soportamos toda clase de recortes. Esfuerzo de todos los políticos (y políticas) en hacer que todos nos esforcemos. Que se esfuercen ellos, dirán, que para eso son el pueblo soberano. Pero no, eso no se puede decir. Aquí nos esforzamos todos/as ¿eh? Grandes esfuerzos, grandes esperanzas (Dickens dixit). Esto va a ser un paraíso para  fisioterapeutas, osteópatas y masajistas varios, que no van a dar abasto para reparar tanta hernia discal, tanta contractura, tanta tensión mal resuelta. Es lo que tiene el esfuerzo. 
"Con el esfuerzo de todos..." (afirmación filantrópica con dejes de paternalismo babeante que pretende hacernos partícipes de grandes logros y que escuchamos desde  nuestra lejana estupefacción. "Haremos un gran esfuerzo..." pronostica el orador en futuro simple de indicativo desde la tarima enmoquetada, con fondo de color relajante y espectadores impolutos de cla reconvertida y sonrisa panorámica. "Hemos hecho un gran esfuerzo..." (éste ya lo dice en pretérito perfecto compuesto de indicativo). "Con nuestro esfuerzo..." (éste se lo apropia, eso sí, en plural mayestático). "Ha sido un gran esfuerzo..." (vuelta al pretérito perfecto compuesto de indicativo, insinuando la ingente cantidad de testosterona invertida en semejante ejercicio). "Era difícil, pero al final, con el esfuerzo de todos..." (primero se ponen las cosas feas para luego abanderar la salvación en comandita). "Hay muy pocos recursos, pero con nuestro esfuerzo..." (variación sobre la anterior frase, pero incidiendo en un personalismo ambiguo, pues no queda muy claro si el pronombre posesivo "nuestro" se refiere a "ellos" o se refiere a todos, en general. Ahí lo dejo).
Y así sucesivamente. Lo dicho: grandes esfuerzos (sobre todo si son de otros), grandes sudores. Un penaero. Aquí no queda nadie sin lesión. Un poquito de linimento Sloan por favor (o un spa, si viene al caso). ¡Qué dolor, madre!

martes, 13 de enero de 2015

FISIOGNOMÍA APLICADA O ¡VAYA TROPA!

La fisiognomía es una ciencia que estudia la relación entre la apariencia física, particularmente el rostro, y el modo de ser de una persona. Desde Aristóteles, que se supone escribió el primer tratado sobre el tema, hasta el siglo XIX, la fisiognomía adquirió notoriedad entre artistas, literatos (Poe, por ejemplo o Dickens) y médicos, que redactaron múltiples tratados artísticos y artículos más o menos científicos. De destacar fue la disciplina llamada antropología criminal, desarrollada por el criminólogo italiano Cesare Lombroso. Modernamente la fisiognomía a pasado a ser una pseudociencia, como el mesmerismo o la alquimia, y si bien se sigue estudiando en ciertas áreas sicológicas (la morfopsicología), ha perdido credibilidad y ha devenido en una especie de "arqueología científica".
Yo, qué quieren, creo que  la cara es la ventana del alma y ella refleja nuestro estado de ánimo, nuestras preocupaciones y, desde luego, nuestra profunda manera de ser. Hay que saber mirar, desde luego, para poder ver.
¿A qué viene este rollo? Pues porque estoy viendo una fotografía de la ilustre Sonia Castedo, ex alcaldesa alicantina, chula ella como pocas, presunta... siempre presunta. Si la cara refleja el alma (y vaya si lo hace!) es esta imagen que tengo delante la perfecta representación de la prepotencia, de la chulería, del complejo de superioridad, de la displicencia más absoluta, del desprecio por los demás... podría ser el retrato prototípico del pequeño reyezuelo tiránico, altanero e iracundo. 
Si aplicásemos esto de la fisiognomía a la jeta de más políticos actuales se podrían sacar conclusiones cuando menos jugosas: así, la media sonrisa de hiena del ministro Montoro; la expresión abobada de la ex Mato; los espantados ojuelos de la vicepresidenta; la expresión bonachona (pero con retranca) del señor Wert; la cara mimética del ministro de industria; la inexpresividad amojamada de Fátima; la sonrisa clónica, cuasi hierática, lejana, de Cospedal (no sabes si te mira o te maldice en silencio); la cara a lo Darth Vadel del ex Gallardón, irremediablemente caído ya en el lado oscuro de la fuerza; la tristeza cósmica de Rubalcaba; el rostro de colegueo perpetuo de Pedro Sánchez; la sonrisa enclavijada de Rosa Díez... así hasta llegar al inefable Floriano, al campechano viajero Monago o a cualquier otro, sea local, internacional o medio pensionista.
En las comisarías del siglo XIX se manejaban manuales de fisiognomía, tomando al pie de la letra los prototipos impresos de las caras en su supuesta relación con el mal o la tendencia inevitable al mismo. 
Yo no diré tanto, no obstante, de toda la vida, se ha dicho (y esto resume en una frase la esencia de la fisiognomía): "la cara es el espejo del alma". ¿Que puedo estar equivocado? Pues sí, pero ya se sabe: todos los refranes trabajan (y esto es otro refrán, itero).