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miércoles, 26 de octubre de 2016

AUTORRETRATO CON RADIADOR

La buena literatura no nos evade de nada; es más: nos enfrenta con nosotros mismos y nos muestra una/s realidad/es que no siempre es/son amable/s, ni siquiera probable/s, aunque sí cierta/s; nos muestra el revés de las telas que nos sirven de protección y nos da (a veces) las muletas para andar por la incertidumbre que nos acosa.
La buena literatura en una luz, sí, pero también una puerta por la que se cuela la sombra, estremecedora y no menos luminosa en su ceguera. A veces, hay que cerrar los ojos para ver.
Mi último descubrimiento literario se llama Christian Bobin, francés, nacido en Borgoña en 1951.
Algunas frases de su obra Autorretrato con radiador (*):
-Me hice escritor o más exactamente me dejé hacer escritor para disponer de un tiempo puro, desprovisto de cualquier ocupación seria".
-"La infancia es larga, larga, larga. Más tarde viene la edad adulta que dura un segundo y al siguiente segundo la muerte resplandece, brilla".
-"La  muerte, cada vez que surge, destruye un  libro de estampas".
-"Escribiré mientras tenga dicha y sorpresa escribiendo".
-"La infancia continuada mucho tiempo después de la infancia: eso es lo que viven los enamorados, los escritores, los funámbulos".
-"La necedad se encuentra en el mundo como en su propia casa. Hoy en día, entre otros quehaceres, hace televisión".
-"Es la palabra la que nos hace ver, no son los ojos, nunca son los ojos".
-"El goce mayor que existe: amar al que o a la que está ante ti, amarlo por ser como es: un enigma y no por ser lo que crees, lo que temes, lo que confías, lo que esperas, lo que buscas, lo que quieres".
-"Lentitud, perfecta lectora".
-"No hay respuesta y no tiene importancia: realmente no espero respuestas. Si las encontrase, no sabría que hacer con ellas".


(*)Traducido por José Areán y publicado por Ediciones Árdora. 


jueves, 30 de agosto de 2012

LA(S) HISTORIA(S) INTERMINABLE(S) O EL ¿OSCURO? AFÁN DEL POETA

Hay días en los que cualquier cosa me incita a escribir: un trozo de comida en una muela, la mirada de un perro o la debacle de la bolsa... da igual, todo es un incentivo para ponerse al teclado.
También hay días en que ¡nada!, por muy importante que pueda ser el evento, ¡nada!, ni flores. Me importa todo un rábano: aunque me pase por encima un rodillo, dimita el presidente del gobierno (estoy hablando en hipótesis) o se inunde la sierra de Guadarrama.
La literatura es misteriosa; mejor: el impulso creador es misterioso, como lo es la sinrazón del enamoramiento o las variaciones de la prima de riesgo. Al final, quizá, siempre hablemos de lo mismo, siempre estemos contando la misma historia, con la excusa de contar algo que nos puede (o no) ser ajeno (o no). Cuento historias, como la Historia nos cuenta a todos. Cuento historias con un afán de chamán que se reúne en torno de hogueras ficticias para hacer el exorcismo, la catarsis colectiva. Cuento historias, también, porque no tengo más remedio, porque me escuecen en la punta de los dedos y tengo que soltar lastre. Cuento historias porque me duelen o me soliviantan; porque las llevo dentro de mí como un endoesqueleto...
Escribo ahora porque sí, como en el que bebe sin gana para prevenir la deshidratación en un día caluroso. Perdonadme este pequeño acto onanista, perdonadme este vicio.

lunes, 2 de enero de 2012

AÑO NUEVO... ¿VIDA NUEVA?

El deseo, ya tópico, de comenzar el año con una vida nueva, me plantea (como a cualquiera) algunas preguntas:
-¿Deseamos tener una vida nueva porque la que llevamos no nos gusta?
-¿Queremos cambiar por el mero hecho de cambiar, por aquello de renovarse o morir?
-¿Habrá que quemar las naves obsoletas de tanto uso, divisar nuevos caminos, cambiarse de ropa, arrasar las viejas viviendas desde los cimientos, porque lo viejo nada nuevo (ni bueno) puede traer?
-¿Queremos una vida nueva con la esperanza de que la nueva (vida) será siempre mejor que la actual, con lo que cabría decir aquello de que "peor imposible"?
-¿Deseamos realmente el cambio (de vida) porque nuestros anhelos siempre van más allá y esta vida se nos queda alicorta, menguada?
-¿Queremos otra cosa por el afán de superar el aburrimiento, la repetición que imponen los actos cotidianos, la mera supervivencia?
-¿Tenemos la esperanza siempre puesta en lo que no conseguimos, en lo que, quizá, jamás conseguiremos; es decir: seremos eternamente insatisfechos?
-¿Esperamos que la suerte (eso que les pasa a los demás) acuda en nuestro auxilio, porque realmente estamos al borde de un precipicio de abulia y de desgana?
-¿Creemos que todo será mejor, pues, más allá de nosotros mismos, de nuestra mismidad?
-¿Seremos tan desgraciados, tan infelices, que no sabemos lo que tenemos, tan solo de lo que carecemos?
-¿O será que somos idiotas o simplemente incapaces de discernir el polvo de la paja, sumidos en la eterna duda que nos ata a la vida y nos hace pensar que otra (vida) siempre será mejor... quizá, probablemente, a lo mejor, es posible, casi seguro, según el horóscopo, sí, pero..?

lunes, 12 de diciembre de 2011

BREVE REFLEXIÓN EN UN PASEO OTOÑAL

Veo caer las hojas de los árboles y comprendo la belleza; me reconcilio, siquiera sea por un instante, con la vida. Ahí quedan los hojas amarillas, como testimonio de lo que fue; ahí queda el color, recordando que la savia cumplió su papel. Piso las hojas y el sonido metálico me dice que camino sobre muertos.  ¿Será verdad que la muerte es el mejor invento de la vida? (¿dónde leí esto?). No sé. Llega un olor a leña quemada. El fuego, en algún lugar, es la lengua que habla como metáfora de la vida y de la muerte. Pero yo no sé, no sé.

lunes, 14 de noviembre de 2011

PESOS Y MEDIDAS

Hay días en que uno se levanta con un peso allí, en no se sabe dónde, en algún lugar entre el estómago y el corazón; o en algún lugar dentro del estómago; o en algún lugar dentro del corazón. No sé: un peso enorme, metafísico más que físico; una piedra etérea, como un agujero negro; una piedra-agujero tridimensional, pero no sé si hacia dentro o hacia afuera; pero no sé si arrojada o recogida; pero no sé si generada por mí, como un cálculo biliar o si generada por elementos exógenos.
No sé cómo pesar este peso. No sé qué balanza usar, qué fulcro, ni qué sistema de pesos y medidas, ni que metro de platino iridiado, ni qué sistema métrico (si es que hay algún sistema que mida pesos metafísicos, pesos interiores, pesos dados por los dioses plurales o por un Dios singular¡quién sabe!)
Hay días en que uno no está para nada, porque le pesa esta cosa que llamamos vida, porque no cree en nada, porque se le ha olvidado la palabra esperanza en el alero del sueño... ¡qué sé yo!
Hay días que no tienen aroma.
Menos mal que aún nos queda la poesía y unas manos, aunque lejanas, ciertas.

sábado, 22 de octubre de 2011

A DIOSES DESCONOCIDOS

Me tengo por un lector impenitente. La lectura ha formado lo poco que sé y lo mucho que ignoro; sin ella sería infinitamente más pobre; infinitamente más desdichado. A ella le debo momentos perfectos, encuentros inesperados, aventuras imposibles... y, sobre todo, le debo la capacidad de dudar. Dudo, luego existo, diría. Dudo, luego insisto... Pero últimamente dudo hasta de la propia lectura. La necesidad imperante que siempre he tenido de devorar libros, se ha atenuado hasta límites preocupantes. Siempre me gustaron los libros raros y ahora es raro el libro que me interesa de verdad. Una especie de aburrimiento o de pereza (no sé qué es peor) me invade y pocas veces traspaso el tercio del libro (a veces, ni eso). Supongo que el problema será mío y que  los años algo tendrán que ver en el asunto.
¡Oh, dioses de la lectura, acudid a mí de nuevo! No permitáis las ediciones de malos libros, de libros recomendados, de libros basura, de libros super-superventas. No permitáis poemarios obsoletos, predecibles, inflamados de flores naturales. No acojáis a los políticos en vuestro seno, ni a los famosetes que nos martirizan con sus memorias, ni a los clubs deportivos, ni a los cuentistas que viven del cuento, ni las autoayudas macrobióticas.
¡Oh dioses, no permitáis que sienta la sensación de haber malgastado el tiempo leyendo casas que olvidé! O mejor: dejad que lo olvide todo para poder leerlo todo de nuevo sin saber nada de nada.

lunes, 5 de septiembre de 2011

HOJAS

Es fácil, casi inevitable, pensar en el paso del tiempo cuando las estaciones declinan, sobre todo cuando se pasa de una estación cálida a otra fría. Ya se sabe: la eterna rueda que se repite desde siempre; el eterno empezar lo que ciertamente acabará. Y así se establece un paralelismo evidente entre el  paso meteorológico y la vida (nuestra vida). Todo y nada se repite. Nada es nuevo y todo lo es, como las hojas de los árboles, tan diferentes y tan iguales. Así, sintiéndome hoja entre hojas, veo palidecer el sol y siento los primeros escalofríos del presentido otoño. Miro el  cielo y miro cómo la sombra de  mi cuerpo se alarga más y más, buscando la cal humilde de las paredes.
Supongo que será cosa de la edad, supongo que esta melancolía que tengo es solo el prólogo del otoño. No sé. También supongo que todo esto no le interesa absolutamente a nadie. Y me pregunto qué diablos hago aquí, escribiendo cosas que a nadie le importan. Y me pregunto dónde dije esto mismo, hace no mucho y  por qué lo dije...
Somos únicos, somos iguales, somos universos que están solos. Dadme una palabra y moveré al mundo.

martes, 9 de agosto de 2011

ESCULTURAS DE HUMO

De vez en cuando remuevo mis papeles con la excusa sanitaria de "hacer sábado" y elimino los que ya han perecido por una u otra razón. Hoy he llevado al punto de reciclaje cerca de 100 Kg. de papel, en sus versiones libro, revista, catálogo, carta, apunte, etc., etc... Como la cosa era pesada, me he servido de un carrito de la compra para el acarreo. Y fue así, tirando de la extinta carga, cuando reflexioné, siquiera un ratito, sobre lo que vamos acumulando a lo largo de la vida: cosas que en su momento consideramos imprescindibles o simplemente valiosas, con el tiempo devienen en trastos inútiles, nidos de polvo que se van tragando un espacio menguante y nos van axfisiando con recuerdos muertos y con metros cúbicos de tinta seca. Así se nos va pasando la vida, en un acumular de cosas fósiles que llevan en sí el tiempo muerto y el polvo de unos días que creímos recuperables. Acumulamos desechos, cáscaras, esqueletos que nos van pesando más y más y nos hacen parecernos a  escarabajos peloteros, formando esferas de detritus, amasando tiempo, restos, huellas... Esa enciclopedia de viajes; esas cartas de amistades que ya no son; esos libros que nos enviaron y que nunca leeremos; esas estampas más o menos exóticas, decadentes ahora; esos catálogos de discos que jamás compraremos; esas fotos de grupo en los que ya hay más muertos que vivos; esas facturas que ya pagamos; esas instrucciones de aparatos hace tiempo estropeados; esos poemas que nunca pasaron de esbozos; esos relatos que empezamos y que se nos murieron de inanición; esos programas de  unas ferias en las que nos sentó mal el chocolate con churros; esas medicinas caducadas que nos salvaron en su día de la depresión...
Cosas viejas, muertas (¿lo he dicho ya?). Tantas y tantas cosas que llevamos sobre nosotros, perfectamente inútiles, perfectamente prescindibles y que, sin embargo, nos hacen creer que tenemos algo. Como ese personaje de Papini: ese escultor que construía esculturas con humo. No nos cabe ya tanto humo ¡y cómo pesa!

viernes, 29 de julio de 2011

HAGAN JUEGO, SEÑORES

El trilero mueve los cubiletes: uno, dos, tres... ¿dónde está la bolita? Uno, dos, tres. Y el ingenuo, que cree que puede ganar fácilmente, señala: aquí. El trilero levanta el cubilete y la bolita nunca está. ¡Con la fácil que parecía! Uno, dos, tres. Jueguen señores, jueguen. Todo es cuestión de ojo, de fijarse bien. Aquí no hay truco. La vista es la que trabaja. Pero la vista es más lenta que la mano, y la mano, siempre, escamotea la bolita.
La certeza, lo seguro, lo que nunca falla, puede fallar, porque, en realidad, la realidad es un juego perpetuo de trileros que nos esconden la bolita cuyo paradero creemos conocer. Todo es relativo, como dijo mi amigo Albert; todo parece, pero no es, porque siempre puede ser otra cosa. El tiempo y el espacio. La vista y la mano. Lo que creemos y lo que nos hacen creer.
¿Quién es el supremo trilero? Y nosotros apostando, con la esperanza siempre de ganar, ignorando que, irremediablemente, perderemos, porque la bolita, lo que se dice la bolita, quizá ni exista.

lunes, 27 de junio de 2011

LA MIRADA DE LOS PERROS

Cuando te miran, comprendes que hay algo más que instinto; comprendes que hay algo más tras esos ojos de filósofo viejo, ya de vuelta de casi todo: comprendes que algo casi humano, algunas trazas, algún resto humano, hay allí. Nos dicen que son sólo perros, animales y, por lo tanto, carecen de eso que hemos dado en llamar "alma". Bestias: así se les llama. Pero una bestia no puede mirar con esos ojos. No sé si allí habite algún humano purgando sus penas pasadas. No lo sé. Pero sé que miran con más limpieza que muchos de nuestros congéneres. Sé que no hablan con nuestra lengua, pero hablan con esa mirada que lo traspasa todo, como traspasa el meteorito la noche de verano, iluminando su rastro con su acabamiento, con la sinceridad de quien no pretende nada, ni siquiera ser creído, ni siquiera ser tenido en cuenta para absolutamente nada.
Nos miran y nosotros ignoramos sus miradas. No vemos. No vemos la fuerza de la inocencia, la grandeza de esos ojos que lo reflejan todo en su distante soledad. Nos miran y nos juzgan. Y saben que sus ladridos despertarán los ecos de las estrellas que llevan dormidas en el fondo de sus ojos.
Nosotros, como siempre, seguiremos creyéndonos los amos de Universo, los únicos con capacidad de amar, los únicos con alma. Ellos ladrarán a la luna y nos mirarán sin poder comprender tanta distancia, tanto desamparo.

viernes, 24 de junio de 2011

ABRO LA PUERTA (FÁBULA)

Finales de junio y un calor del copón. Una mosca enorme, grasa, negrísima, zumba a mi alrededor, trazando líneas, espirales que tratan de barrenar el aire seco de la habitación. La luz pasa por la ventana tropezando con todo, como un elefante en una cacharrería, derribando las aristas de las cosas, dibujando las sombras con mala leche. Y la mosca sigue ahí, terca, imperturbable, nerviosa, incansable. Y mis nervios que no pueden más. Persigo al díptero inútilmente. Sé que sus patas han frecuentado la carroña, la mierda, vaya, y ahora se pasean impunes por la superficie de todo lo que alguna vez tocaré o ya he tocado. Abro la puerta. Trato de espantar al insecto a base de manotazos imbéciles. Abro la puerta. Se dice que las moscas huyen hacia la luz. Abro la puerta. Regenero el aire antes detenido. Manotazos ¡zas, zas! Y la mosca nada, tan campante. Algo va mal en la habitación. Algo convive conmigo y no quiero; no quiero este acompañamiento, este sonido como de cuerda desbocada. Abro la puerta para ver si así... para ver si el aire... Pero no. De pronto pasa otra mosca. Más grande. Más sonora.
Ahora son dos y no paran de girar.





martes, 19 de abril de 2011

PEQUEÑA ESCENA DE CALLE

El escenario: una plaza, unos árboles urbanos, un banco.
El personaje: una mujer joven (unos 27 años). Viste pantalones vaqueros, jersey rojo y lleva un bolso al que se aferra como a un salvavidas.
El momento: hacia el mediodía.
El tiempo: sol tibio de primavera, cielo azul clarísimo.
La acción: la mujer llora; llora calladamente; llora como si lo único que supiera hacer fuera eso: llorar, llorar con calma, sí, pero con la terquedad de una lluvia de abril.
Los extras: personas que pasan, rápidas. No se sabe bien a dónde van. Sólo pasan de acá para allá. Pasan, pasean. No miran: pasan. Mientras, la mujer joven, llora. Nadie le pregunta nada ¿a quién le importa? Nadie mira: el dolor ajeno es molesto, como es molesto el vómito arrojado en la acera.
Lo que quisiera hacer: acercarme, poner mi mano en el hombro de esa mujer, sentir su dolor como mío, porque todo dolor humano es común, es de todos.
Lo que hago: miro, aflojo un poco el paso, bajo los ojos, sigo mi camino ¿hacia dónde?
Lo que queda: un rastro leve de llanto, apenas un quejido continuo en el aire transparente. El cielo azul, clarísimo. La mañana tibia. La soledad enorme del dolor.

miércoles, 23 de marzo de 2011

LAS COSAS

Las cosas no son lo que parecen. Evidente. Las cosas son muchas cosas a la vez, es decir: una multitud de cosas, pluralidad de la singularidad. En este orden de cosas ¿qué cosa es realmente la cosa? ¿Dónde está la verdadera cosa? ¿Dónde la esencia de la cosa? ¿Qué es, entonces, esto que toco ahora, esto que quiero ver ahora, esto que me hacen ver ahora, esto que quieren que vea ahora? ¿Cosa o acaso un ocaso? ¿Nada o todo? ¿O todo es nada, como dijo el poeta? Yo, por ejemplo, cosa que vive, o cree vivir: materia espiritualizada. Cosa que sueña con este sueño que nos dicen que es la vida.

jueves, 17 de febrero de 2011

HAIKU LUMINOSO


Para que luego digan que no es verdad que la palabra es luz, que las palabras nos marcan, nos señalan, nos iluminan y hablan de nosotros, haciéndonos, construyendo nuestro/s mundo/s, marcándonos como pobres reses-seres con el estigma blanco de su magia creadora.
Dios, si existe, será palabra. Muda casi siempre. Pero palabra.

miércoles, 4 de agosto de 2010

MI PERRA ZOE


                                                             

LE PREGUNTO A MI PERRA ZOE

-¿Y tú qué me das si te acaricio?

-Nada:
un desierto de ternura;
una mirada líquida,
resumen vivo de la inocencia;
un silencio enorme que te nombra
sin saberlo.
Todo eso te doy: nada.

-Pues te doy mi caricia
a cambio de nada,
a cambio de todo.