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martes, 3 de julio de 2018

SÍ ES PAÍS PARA VIEJOS

Sé que lo que voy a decir extrañará a muchos: la guerra civil (la nuestra) no acabó en el 39, sigue latente, como las ascuas que parecen dormir en las hogueras y que reviven con la mínima corriente de aire.
La condición de este país, España, es cainita por naturaleza y algo hay en nuestros genes patrios que nos impulsa a un continuo enfrentamiento, sea por la causa que sea: desde el fútbol hasta las decisiones políticas, y un larguísimo etc. Este enfrentamiento, que sería sano si fuera educado, razonado y respetuoso, deja de serlo en el momento que el que se tira de cojones, de gritos, de amenazas, de descalificaciones, de ira, de envidias y (sí, también) de religión mal entendida. También. Aquí todo se resume a dos cosas: blanco y negro; izquierda y derecha; delante y detrás; eres de los míos o estás contra mí. Y aquí paz y después gloria (para algunos, claro).
Quien crea que lo del 36 pasó, que rasque un poco en el barníz de lo políticamente correcto y verá cómo salen vetas de un odio profundo (y nada hay más viejo que el odio) aún sin olvidar, aún sin cicatrizar, aún sin sanar. ¿Cómo entender este país lleno de cunetas con muertos; cómo hacerlo con asuntos como el del Valle de los Caídos; cómo, cuando es el único con monumentos a la victoria de una guerra supuestamente olvidada? 
Los que vivimos en pueblos comprendemos mejor estos asuntos, pues en los pueblos la gente recuerda con más encono cosas que pasaron y que afectaron directamente a quienes las cuentan. El odio, aunque maquillado, sigue soterrado y, desgraciadamente, vivo y sale disparado a la mínima ocasión, como sale disparada la lengua bífida de una víbora.
Sé que esto que digo es duro y que habrá mucha gente (jóvenes sobre todo, pero España es ya un país de viejos) que ignoren la historia reciente (muy reciente) y a los que todo esto suene a chino o a película de terror. Ojalá llevaran razón, aunque me temo que tarde o temprano no podrán eludir los genes que antes cité. 
Mientras, como dijo el poeta: "una de las dos españas...."  Y quien esté libre de pecado que tire la primera piedra; aunque habrá quien se sienta libre de todo pecado, que para eso son quienes son y la razón está con ellos, siempre. ¡Cojones ya!

miércoles, 19 de julio de 2017

LA VICTORIA ¡VAYA QUE SÍ!

18 de julio, 2017: 
Veo (y oigo) con estupefacción las declaraciones (en la Cuatro) de un señor afirmando que si se exhuma el cadáver de Franco del Valle de los Caídos, "correrá sangre". ¿Quién dijo aquello de que todo estaba "atado y bien atado"? Efectivamente, así ha debido de ser, cuando, pasados ya 42 años tras la muerte del dictador, aún se pueden escuchar afirmaciones semejantes.
Veo manifestaciones brazo en alto, oigo el "Cara al Sol", por las calles desfilan jóvenes (que ni siquiera habían nacido cuando Franco murió) con camisetas estampadas con el águila preconstitucional; en el nefasto Valle de los Caídos se dicen misas en loor del dictador, por si necesitara alguna ayudita en el más allá para auparse definitivamente al reino de los cielos y morar a la diestra del Padre con las bendiciones todas del clero y el aroma del incienso rancio.
Que España es diferente, lo sabemos, ¡vaya que sí! Que España sea el único país demócrata en el que se sigue manteniendo la memoria y el legado de un dictador (en calles, plazas, colegios, institutos, etc. etc.) es harina de otro costal. Que España siga manteniendo una mochila llena de muertos fusilados, con el beneplácito del gobierno y la ignorancia de la mayoría de los partidos, es harina de otro costal. Que la mayoría de los niños ignore que en este país hubo una guerra fratricida, porque simplemente no se les enseña historia, es harina de otro costal. Que alguien diga que "a nosotros no nos interesa el pasado porque miramos al futuro", es harina de otro costal. Que el miedo siga instalado en el tuétano de muchos ciudadanos, hoy, pasados 78 años de la gloriosa "victoria nacional", es harina de otro costal. Que aún se baje la voz para referirse a las barbaridades de la guerra civil, es harina de otro costal. Que haya partidos políticos que por acción u omisión impidan la limpieza de la memoria histórica, sanando de una vez por todas las heridas falsamente cerradas, es harina de otro costal... ¿De qué costal? Del costal del miedo, del costal de la incultura, del costal de la infamia, del costal de la injusticia. Del costal hediondo de una dictadura que asoma aún (sí, aún), a poco que se rasque la pintura brillante de nuestra llamada democracia, como diciendo: "Todo quedó atado y bien atado. Y aquí seguiré ad eternum (y ad nauseam)".