Mostrando entradas con la etiqueta Memoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Memoria. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de agosto de 2017

O PAZO

La verdad es que ya resulta muy reiterativo volver sobre la historia que podríamos titular "Franco vive" o "Franco, ese hombre"; historia a la que me he referido en varias ocasiones y a la que, me temo, habré de volver en más ocasiones, visto lo visto.
España es un país amnésico; eso parece claro y no hay más que asomarse a la hemeroteca para ver cómo cosas y casos que en su momento fueron de "rabiosa" actualidad, pasan directamente al olvido y lo que fuera tremendo cataclismo se convierte en la  más absoluta nadería, quedando todo reducido a mera anécdota, cuando no a chiste que pasa de WhatsApp en WhatsApp como mosca más o menos cojonera o graciosa mariposilla alada. Hay cosas sumamente graves que siguen en la desmemoria colectiva, repitiéndose con machacona eficacia y haciendo de la ignorancia y el olvido sus aliados para conseguir la madre de todas las mentiras, la mentira perfecta o el despropósito afirmativo.
Un tal Jaime Alonso, portavoz de la Fundación Francisco Franco (acojona ya el nombrecito), se permite declarar que España le debe al dictador la llegada de la democracia; afirmación no delirante: estrambótica, como sacada de una alucinación de un surrealista hasta el culo de peyote. Bueno, la cosa no queda ahí y sigue diciendo "que el Pazo de Meirás mostrará la grandeza de Franco", para continuar aseverando que "Franco no fusilaba a gente", etc. etc. Por supuesto las cunetas llenas de muertos no existen y España se salvó del comunismo asesino gracias a Paco. Luego vendrían los pantanos, el seiscientos, la censura, los yugos y las flechas (por decir algo). 
Este país singular llamado ¡España! sigue aún, presente el ademán, recordando a la persona que lo mantuvo 40 años a la sombra o cara al sol, brazo en alto y (cómo no) UNA, GRANDE Y LIBRE (España, digo). Y sigue la conspiración del silencio sobre tantas cosas que algunos llaman "pasado" y yo llamo historia, memoria necesaria o simple ignominia.
Lo olvidamos todo y hay quienes fomentan el olvido, quienes azuzan el fuego de la desmemoria con la excusa de "no tocar a los muertos". Leyes hay que no se cumplen, partidos hay que mantienen la manta del silencio aun. Y esto después de tantos años; esto después de tantos muertos inútiles; esto después de tanto dolor acumulado. 
Pero ahí está o pazo de Meirás, mostrando ¡presente! la memoria de un dictador que nos redimió de las hordas rojas. ¿La Historia? Olvidada, camuflada o maqueada, customizada (como diría un moderno).  Cuanto mayor sea el disparate, mayor será su aceptación y mayores las risas que nos echaremos al fresquito de una caña. Porque eso no nos lo quita ni Dios, ni Franco ni el Espíritu Santo. La cañita que no falte.


jueves, 15 de agosto de 2013

OLVIDA, QUE ALGO SE PIERDE O LA CABEZA DEL AVESTRUZ

La falta de memoria es cosa peligrosa: puede ser síntoma de alguna enfermedad degenerativa; puede ser síntoma de "la cabeza del avestruz", es decir, no quiero ver lo evidente y por lo tanto, prefiero olvidar lo que me molesta; puede ser síntoma de auto indulgencia, es decir, como soy tan bueno, no puedo permitir que algo malo del pasado manche mi inmaculado presente; puede ser que aquello que hice, lo hiciese tan a lo loco, tan despreocupadamente, tan (como se dice por aquí) tan sin fuste, que no ocupó lugar en las celdas de mi memoria, porque, sencillamente, no tenía la mínima importancia (todo el mundo sabe que la memoria es selectiva)... En cualquier caso, nada bueno presagia esa amnesia puntual y más cuando esa amnesia encubre con su niebla densa hechos graves, delictivos incluso, que nos afectan a todos.
Dice el asesino: no sé, no recuerdo, y juro sobre los cuerpos de las víctimas que yo no recuerdo haber matado a nadie; o (en el colmo de los colmos de la hipocresía) NO ME CONSTA NADA. Así, me salgo por la tangente otra vez más. Si no me consta, ni siquiera digo que no recuerdo, sencillamente no tengo la cosa por cierta o manifiesta. 
No soy CONSCIENTE de nada, no soy CONSCIENTE de eso que usted me pregunta, de eso que usted parece (con aviesas artes)  insinuar que hice. Pero no. No me consta. No lo recuerdo. No soy consciente, es decir, no tengo consciencia de lo que hago, de lo que hice; es decir: soy inconsciente, no hice las cosas en el pleno uso de mis sentidos y facultades... Además, no recuerdo nada, coño.

jueves, 27 de septiembre de 2012

CRISIS, MEMORIA, OLVIDO

Hablar otra vez de la crisis y sus consecuencias es ya repetitivo y (quizá) aburrido. Pero también lo sería hablar de la muerte o del amor y se sigue haciendo con la misma pasión que se pudiera hacer en Grecia (en la antigua se supone).
Sólo unas pequeñas reflexiones en torno al temita:
No tenemos derecho al olvido; no tenemos derecho a olvidar lo que ha costado conseguir los derechos sociales. ¿Ya no nos acordamos de las huelgas reprimidas, de los golpes, de las cargas policiales grises, de la sangre y de los muertos que los trabajadores han puesto sobre la mesa de la historia para que nosotros podamos vivir un poco mejor? NO TENEMOS DERECHO AL OLVIDO.
Ninguna patronal, ni ningún gobierno,  NUNCA han concedido un derecho o una mejora así, por las buenas; TODAS han costado mucho, TODAS han supuesto un desgaste físico y emocional a ciudadanos y/o trabajadores que sufrieron para llegar a donde estamos. Pero... ¿dónde estamos ahora? ¿Tanto pelear para que ahora unas rubias oxigenadas o unos "caballeros" trajeados lo arrasen todo, así, sin más, ante el silencio y la resignación general?
NO TENEMOS DERECHO AL OLVIDO. Nosotros, que hemos nacido en una sociedad que se creía que todo lo fue regalado, NO TENEMOS DERECHO AL OLVIDO, PORQUE NADA NOS FUE REGALADO, NUNCA.
Tenemos, también derecho a decir, a protestar, a manifestar lo que sentimos, sin que se nos acuse de "poner palos en la rueda". No, ahora, cuando todo se tambalea por los intereses de un gigante invisible, ante la inacción de gobernantes sumisos, ahora, tenemos el derecho y la OBLIGACIÓN de hablar.
La fuerza está en la palabra. No tengamos miedo a ella. No tengamos miedo a recordar. La amnesia es una medicina triste que nos quieren imponer. Que olviden ellos, nosotros NO.

sábado, 16 de junio de 2012

LA MENTIRA, LA MEMORIA, LA SONRISA O EL PAÍS DE PINOCHO (ESTUPEFACCIÓN Nº 8)

La primera cualidad que debe tener un mentiroso es la memoria:  debe recordar lo que dice para no caer en contradicciones antiestéticas que  puedan descubrir sus falacias. La memoria, sí, y la impavidez; que el enemigo no note que tiene miedo o que duda. Eso jamás. Aquí no duda ni la madre que nos parió. Lo que se dice va a misa. Lo que se dice es la verdad, por muy endeble que pueda parecer. Lo demás viene rodado. Miente, Pinocho, que tu nariz no te delate, que no te delaten tus palabras, que tu boca no se abra  sin antes haber recordado la última mentira que dijiste. Que tu boca sea cueva por la que salgan culebras envenenadas disfrazadas de pánfilos gorriones. Que tu boca encante los oídos del otro, que instile en ellos el veneno sutil de la mentira mientras sonríes. Porque la sonrisa hipócrita es hija directa de la mentira y es imprescindible para un buen mentiroso. Miente, miente que algo quedará, siempre. Siémbralo todo de mentiras, que la cosecha será abundante. Y recuerda, recuerda siempre lo que dijiste, no vaya a ser que te descubran esos desmemoriados imbéciles a los que llamas súbditos.