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miércoles, 25 de enero de 2017

UN SINACO EN LA CASA BLANCA O ¡VIVA EL POPULISMO!

Ese término llamado "populismo" y que ahora usan todos los partidos políticos para acusarse mutuamente, es cosa que nunca dejó de estar ahí; es más: todos, absolutamente todos los partidos han utilizado y utilizan el populismo. 
El populismo no tiene color político y los tiene todos: su espectro cromático va del azul intenso al rojo saturado, pasando por todos los matices intermedios. El populismo no es una opción política: populismo es oportunismo y por tanto crece como hongo parásito en cualquier tronco podrido. Populismo es decir a la gente lo que quiere escuchar en cada momento, sin tener que dar soluciones ni tener que aportar carga ideológica; es por eso que los mayores polulistas (de Perón a Hitler, de Margaret Thatcher a Theresa May hasta llegar a Trump) han crecido con una crisis (económica y/o social) de fondo, terreno más que abonado para culpar a "los otros" de todos los males y ofrecer panaceas milagrosas a costa de cualquier cosa, ya sea el medio ambiente, ya sean las minorías étnicas, ya sean las minorías sociales o intelectuales. El populismo, como una apisonadora, avanza alabando los oídos de la gente, susurrando cantos de sirena que, cual plegaria mariana, llamarán al milagro que sanee la economía y ponga en su sitio a corruptos y antipatriotas (por cierto, se me ponen los pelos como escarpias siempre que escucho el término "patriota").
Los populistas (y repito que todos los partidos lo son en mayor o menos medida) tienden una mano oculta a un fascismo difuso o confuso (ya sé que este término es usado demasiado a la ligera por, también, todos los partidos para acusarse mutuamente) mientras reniegan de ellos mismos maldiciendo a los otros populistas, ignorando que también ellos lo son.
Ahora tenemos al mayor de todos los populistas en la presidencia de EEUU; populista de libro; populista sin afanes políticos (¿para qué sirve la política, sino es para exponer y defender ideas... y ¿qué es eso de las ideas?), pero con mogollón de intereses económicos, exceso de despotismo y abuso malas maneras. Una joyita, muy brillante, eso sí; dorada, como las cortinas recién estrenadas en la Casa Blanca. Oro por todas partes: en las puertas, en las cortinas, en los grifos, en los bidés, en los tenedores, en el champán. 
No sé si en adelante la Casa, pasará de Blanca a Dorada, como residencia de un Midas estúpido, un verdadero sinaco(*) a punto de apretar el botón rojo por placer de ver fuegos artificiales, que siempre quedan bonitos y gustan mucho al populacho. Perdón: al pueblo.

(*) Sinaco es un término manchego que encierra muchos matices que van de la estupidez al bacinismo. Una posible definición : persona simple, a la que falta de un hervor, sin fuste ni gracia.