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martes, 6 de marzo de 2018

RESISTENCIA DE MATERIALES

Yo creo que la cosa va de prueba. Me explico. Están probando, están probándonos a todos para ver hasta dónde aguantamos; es como hacer la prueba de resistencia de cualquier material: se le somete a todo tipo de estrés para comprobar dónde está el punto de rotura, dónde está su debilidad, dónde su fallo. No me explico de otra manera lo que está pasando. Alguien (y no quiero entrar en conspiraciones oscuras ni en sortilegios de mago infame) está apretando la tuerca maestra que mantiene unido este país, la tuerca que mantiene la cordura y el sentido común, la tuerca que mantiene la paz social y el respeto que se supone debe imperar entre los gobernantes y los gobernados. Alguien sigue apretando con la llave inglesa más y más, buscando siempre la vuelta que parece no tener fin, el apriete que estamos dispuestos a soportar, mal que nos pese y sintamos ya una presión de todo punto intolerable.
¿Por dónde empezar? Difícil respuesta a una tan simple pregunta. La corrupción es ya endémica; la justicia, al menos, laxa en según qué temas y con según quién; los dirigentes políticos, ineptos; las declaraciones por parte de los altos funcionarios, gobernantes, capitostes, ministros, subdirectores, y/o presidentes más o menos emboscados en oficinas amuralladas, simplemente alucinantes: pareciera que hay una competición por ver quién dice el disparate más grande o la agresión más innoble; pareciera que estamos ya tan anestesiados, que tomamos la realidad como cosa de ficción y todo nos resbala, como si nada fuese con/contra nosotros. 
Alguien está abusando de la fuerza de su brazo: afirmación obvia para una realidad patente. Alguien, que obra desde el sistema, está barrenando los cimientos del sistema que nos ha soportado razonablemente hasta ahora. No sé hasta cuando aguantará el material social que nos cohesiona; no sé hasta cuando aguantará la paciencia de los sufridos ciudadanos. Si sé que, en algún lugar, el cable puede saltar en mil pedazos, la tuerca se puede trasroscar y es cosa de admirar que no haya habido ya alguna alarma, alguna fractura grave. Me extraño del silencio cómplice de tanta gente; me extraño del sufrimiento silente aceptado como cosa irreversible, inevitable, fatal. No sé si somos cobardes o sensatos; estúpidos o pacientes... si sé que la mano sigue apretando y que no parará jamás. 
Nunca nos fue regalado nada; nada se ha conseguido sin sangre, sudor, ni lágrimas... y creo que ya estamos perdiendo la capacidad de llorar, aunque no la de sudar, ni la de sangrar. Tiempo al tiempo.

jueves, 11 de mayo de 2017

GUSANOS EN LA MIERDA O PARÁSITOS INTESTINALES

Lo que pasa en este país es de traca; yo diría que de mascletá y de las gordas. 
Me he resistido a escribir sobre el temita por ser demasiado obvio, demasiado gordo, demasiado evidente, demasiado sangrante. Pero, en fin, supongo que tarde o temprano debería asomar por aquí aunque no sea más que en forma de pataleo.
Por supuesto, se trata de corrupción. Cuando creímos no poder indignarnos más; cuando creíamos estar ahítos de tanta corruptela; cuando creíamos haber sobrepasado toda nuestra capacidad de asombro... entonces ¡zas! resulta que no; que esto no ha hecho más que asomar, cual iceberg de mierda y un Atlántico de aguas fecales. Y con gusanos, con lombrices blancas de guante blanco que se  mueven silenciosas en las cloacas que van a dar al banco (que es el ingresar). Mientras los gusanos se retuercen de puro empacho y engordan a costa de las ubres del país (entiéndase España) y sus incautos ciudadanos, algo llamado "crisis" y sus secuelas se extiende y colea como parásito (otro más) endémico ya, irresoluble, enquistado, excusa perfecta para acabar con todo lo conseguido a nivel social y laboral, como bomba de neutrones que no dejase títere con cabeza.  
¿Qué hubiera pasado aquí si no hubiese habido tanto ladrón? ¿Hubiera habido crisis? ¿Qué hubiera pasado si todos los miles de millones dilapidados, robados, desaparecidos, hubieran estado donde debieran haber estado: en las arcas públicas? ¿Hubiera habido tanto recorte, tanto despido, tanto sufrimiento (de tantos) para la satisfacción de unos pocos (quizá no tan pocos, sabido lo que sabemos y nos queda por saber)?
Me da rabia saberme en un país que está a la cabeza del ranking de la corrupción, no europea, sino mundial. No hay día sin imputado/investigada/prevaricador/acusada/descubierto/pillada... Y así hasta el infinito y más allá, en aluvión que llena las pantallas de los telediarios, las portadas de los diarios y la paciencia del ciudadano. 
Ahora sabemos de "madres superioras", de familias que dejan al Padrino en pañales, de tramas ocultas que me río yo de las pelis de Hollywood, etc. etc... ¿Y mientras qué? Mientras, el pueblo soberano (o eso nos dicen las estadísticas) sigue queriendo votar a quienes, en gran parte, pero no únicamente, han propiciado este estado. Aquí (ya se sabe) hay que hacer así las cosas para ganarse la admiración y el voto de la gente, en blucle que me hace sospechar si no estaremos anestesiados ya, si no estaremos lobotomizados, irremediablemente idiotizados.
¿Nos va la marcha? ¿Existe vida inteligente en el planeta Tierra? Yo creo que la robaron también todos estos parásitos blancos, la metieron en un banco suizo y luego se fueron de parranda a Panamá.

domingo, 1 de enero de 2017

UNA TARTA DEMASIADO DULCE

La vida está llena de rituales más o menos estúpidos, pero rituales que nos conforman en nuestra manera de vivir y de ser. Uno de esos rituales es ver el concierto de año nuevo, ahora en alta definición, como con más lustre. Ya hablé de él hace tiempo, y lo que dije entonces es igual de válido ahora, pasados cuatro años. 
Sí, nos asomamos a  una tarta de nata y fresa muy, muy dulce; muy, muy perfecta, donde no cabe el dolor, ni la crisis, ni lo feo, ni lo cutre, ni la pobreza, ni el desengaño. Entramos en un mundo que algo tiene de película de Walt Disney y al que sólo de falta para serlo algún Bambi correteando por el escenario: la gente es guapa, elegante, adinerada (mucho), educada, disciplinada, inmaculada; los bailarines dibujan formas perfectas en el aire de salones dorados y se reflejan en espejos bruñidos con pan de oro; las flores están recién cortadas y lucen frescas, inmaculadas en su color que no sabe de marchiteces ni de podredumbres; la orquesta es una maquinaria de precisión y ataca los valses y las cuadrillas como nadie; los paisajes parecen sacados de una versión alucinada de Heidi y todo, en fin, raya la perfección visual y auditiva. 
Uno sale del concierto (aunque nunca entrara) con una sensación extraña (a mí me pasa, al menos): un poco harto, como después de haber comido una porción de esa tarta de nata y fresa, regada, además de chocolate. Uno vuelve del vals y del imperio austro-húngaro y se imagina esa Europa perfecta donde no hay refugiados, ni paro, ni corrupción; una Europa donde no se cocina a fuego lento una nueva ascensión del fascismo y donde los oligarcas son honrados; una Europa donde prima el individuo sobre los intereses. 
Una falacia, pero eso sí: una falacia dulcísima, empalagosa y (me temo) que falsa, muy falsa.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

EL SUBIDÓN MADRE, EL SUBIDÓN

Nos dicen que la crisis ha pasado, que ya estamos en una franca recuperación y que todo va viento en popa a toda vela, gracias a la política austericida y al machaque sistemático de los más débiles. Eso dicen, porque, claro, hay que dar estímulos a los votantes lerdos que se lo piensan tanto...
Así las cosas, y para demostrar que estamos de reputa madre, el gobierno sube el salario mínimo un 1%, es decir, ascenderá en el próximo 2016 a 655,20 eurazos (6,6 euros más que en este 2015), todo un chollo si se compara con el de Eritrea.
Bien, lo de siempre: que sigan pagando los platos rotos los que no tienen vajilla.
Yo me pregunto, desde mi profunda ignorancia, si las personas (porque al final son personas) que deciden estas "subidas", los que deciden estas cifras, los expertos ecónomos, los asesores que de todo saben, se quedan tan panchos tras contemplar desde sus atalayas forradas de euros estas cosas. ¿Cómo dispone alguien que gana miles de euros mensuales semejante racanez para los demás? ¿Cómo sigue repartiendo miseria y no se le remueven las tripas o, directamente, no le da un cólico miserere? Misterios por resolver, minucias en cualquier caso.
Minucias, claro, para ellos; o mejor:  minucias, migajas, para los demás, para aquellos que se conforman porque no les queda otra y ya el espíritu reivindicativo está como está, hecho unos zorros, atontado y bien atontado por tanta tele en directo y tanto mensaje sub-anormal o subliminal o vaya usted a saber qué.
¿Cómo se te queda el cuerpo, después de este subidón? Me refiero a ti, amigo, que cobras este pastizal. A ti, hombre de negro que decides sobre el bien y sobre el mal, ni te nombro, porque te importa una mierda. Y además tienes que ir a la revisión de tu  Mercedes, que hace mucho que no le sacas brillo a la carrocería, ni le das lustre a los asientos de cuero.
¡No te digo..!

lunes, 11 de mayo de 2015

POR DECIR ALGO (RAZONES PARA V(B)OTARNOS)

Por decir algo y por empezar con algo; voy al grano:
Os hemos recortado las prestaciones sanitarias.
Os hemos recortado las prestaciones sociales.
Os hemos recortado los derechos laborales hasta dejarlos que ni rocín flaco, ni galgo corredor, ni nada de nada, de nada.
Os hemos recortado las becas, los profesores, los maestros, los apoyos educativos.
Os hemos recortado la cultura (¡ay, ese IVA!)
Os hemos recortado líneas de investigación, investigadores; hemos cerrado centros científicos,
Os hemos subido los impuestos.
Os hemos quitado prestaciones de dependencia hasta llegar a límites crueles.
Os hemos quitado servicios públicos y los hemos privatizado en aras a una efectividad económica que llenó bolsillos amigos.
Os hemos mentido sistemáticamente, porque creemos en una manera de información creativa.
A cambio:
Hemos creado una red de amiguetes corruptos que ahora está aflorando apenas y que todo lo enloda y apesta.
Hemos hecho del decreto ley herramienta habitual (¿para qué perder el tiempo en debatir cuando sobra mayoría?).
Hemos subido las tasas judiciales, porque la Justicia es para el que la paga.
Hemos paralizado la Ley de Memoria Histórica, conservando adecuadamente fusilados cadáveres vergonzosos en olvidadas cunetas.
Hemos creado empleos de chufla que no merecen llamarse así (empleos) porque su dignidad da risa.
Hemos empujado a millares de jóvenes a la emigración con la excusa de pasar unas vacaciones de inmersión lingüística y placer por la aventura.
Hemos financiado actividades políticas con dinero negro.
Hemos cobrado sobre-sueldos bajo palio; perdón: bajo cuerda.
Nos hemos alzado como paladines de la salvación patria, defendiendo a bancos y multinacionales.
Nos hemos enriquecido a base de sueldos autoimpuestos, comisiones y chanchullos, con una alegría que me río yo de la feria de Abril.
También hemos puesto de moda el paddle, ese deporte noble y glamouroso... etc. etc.
¿Qué más os puedo decir? ¿Necesitáis más?
Ahora bien: os pido humildemente vuestro voto. En serio, votadnos. Somos cojonudos y, además, con nosotros el progreso (ese progreso conseguido con vuestro esfuerzo) está asegurado y la crisis... ¿dónde coño está la crisis?





miércoles, 4 de marzo de 2015

PEQUEÑO VADEMÉCUM PARA ENTENDER EL RECTO SENTIDO DEL VOTO Y QUE NO OS PERDÁIS EN LAS CURVAS NI EN LAS TRANSVERSALES

Hermanos pringadillos:
Desde aquí quiero lanzar una arenga para despejaros la mente y limpiaros de tanta porquería como últimamente se está lanzando.
A ver.
No os confundáis, no penséis mucho (no penséis nada). ¿Vais a hacer caso a cantos de sirena que prometen decencia y cambio? ¿Vais a ser tan ingenuos como para caer en redes supuestamente democráticas y limpias? ¿Vais a ser tan inocentes como para creer en mensajes de decencia y participación ciudadana? ¿Vais a ser tan capullos como para dar vuestro voto a gente espuria que no se sabe de dónde viene o a dónde va? ¿Vais a ser tan simples como para no ver el mensaje adoctrinador, el limpia cerebros que atonta con dogmas izquierdistas trasnochados que huelen a leninismo, a hedionda rojez?
Hacedme caso, sed sensatos y votad por lo que ya conocéis, por lo seguro, por lo ya hemos mamado, por la estabilidad, por la cordura. A saber:
-Votad por los recortes.
-Votad por las mentiras.
-Votad por las promesas incumplidas.
-Votad por las encuestas manipuladas.
-Votad por la desfachatez de la corrupción, el amiguismo y el liberalismo libertador.
-Votad por los contratos precarios, por el trabajo indigno, por el neo esclavismo soterrado.
-Votad por la exclusión social, por la pobreza galopante, por la desigualdad elevada al cubo, por la poltrona que acomoda nuestro santo culo al sillón que os preside.
-Votad por sentiros una vez cada cuatro años necesarios, estúpidamente necesarios en un sistema que os margina cada vez más.
-Votad para crear una cultura populista en la que solo caben pan y toros, fiestas con patrona y pienetas en Semana Santa.
-Votad para que la mancha corrupta se expanda más aún y todo sea negro petróleo (qué bonito color).
-Votad para que podamos poder seguir haciendo lo de siempre: mantener bancos con dinero público, salvar a empresas particulares con dinero público, hacer contratas a particulares con dinero público para seguir destruyendo empleo digno y llenar las tripas de multinacionales y amiguetes.
-Votad para seguir engrasando las bisagras de las puertas giratorias y poder seguir abriendo los canales de enriquecimiento ilícito, de inmoralidad galopante, de desvergüenza.
-Votad para que podamos seguir invirtiendo en armas y en obras megalómanas.
-Votad por lo que ya conocéis. Votad por que ya sabéis que funciona tan ricamente.
-Votad por lo seguro, hacedme caso, y no os dejéis engañar, que hay mucho listo ahí afuera, coooñio!!!

miércoles, 18 de febrero de 2015

MEDIO POLLO POR PERSONA

Es absolutamente indignante el uso que se hace de los parados y del paro por parte de los políticos. Es absolutamente inmoral el uso que se hace de las estadísticas convenientemente manipuladas, convenientemente interpretadas de una realidad impura, terrible, que arrasa y doblega a las personas que la sufren, reduciéndolas a meros números en el ranking de la pobreza y la exclusión social.
Convertidos en carne de estadística molesta, el parado es tratado como escoria que debe ser barrida lo antes posible, porque es síntoma de una sociedad enferma, una de sus consecuencias más visibles. Así, los gobiernos trinan por quitarse de encima los números molestos y cualquier excusa es buena para dar de baja en la cola del paro al parásito de turno. Basta tener un trabajillo infame de una hora diaria para no ser considerado ya como "parado", aunque el trabajillo no de para comer ni mucho menos para vivir con cierta dignidad; pero ¡eso sí!, como dijo un político preclaro "más vale eso que ná".
El trabajador con infratrabajo es una realidad peor aún que el parado a secas; el infratrabajador se ve obligado a trabajar en algo que, normalmente, es ingrato, en condiciones penosas de salario, horarios y derechos (eso si los tiene). Pero, claro, es un número menos en la estadística.
España va bien, se crea trabajo ¿se crea? (eso dicen). Pero... ¿qué trabajo? ¿qué mierda de trabajo?
Se contratan presos a salarios chinos con la excusa de la "reinserción social"; se contratan becarios para cubrir plazas de profesores despedidos; se ofrecen puestos por horas, por días, para ahorrarse miserias en la seguridad social; se degrada el salario, se trabaja más por menos, porque siempre hay alguien dispuesto a rebajarse aún más (acuérdense de Calderón "cuentan de un sabio que un día..."). Y así sucesivamente.
La estadística suma, resta, divide. Ya se sabe: somos dos; tú te comes un pollo; en teoría, yo me he comido medio pollo y tú otro medio. Yo no lo he catado y tú te has puesto las botas, pero, oye, la matemática nunca miente... ¿o sí? 
Mientras, me pregunto ¿quién se ha comido mi medio pollo? Porque la matemática no mentirá, pero tampoco come (que yo sepa).

viernes, 6 de febrero de 2015

LA VIDA NO VALE NADA (Y LA DE UN ENFERMO MENOS) O CADA UNO A LO SUYO

Gilead, la farmacéutica fabricante del Sovaldi (medicamento para el tratamiento de la hepatitis C) ha hablado por boca de Mercedes García, la otrora vicepresidenta del laboratorio en Europa.
Las declaraciones de la susodicha te dejan, al menos, estupefacto. Ante afirmaciones (por poner un ejemplo) de que las farmacéuticas "lo que hacen es redistribuir la riqueza", se te queda cara de palo y lo único que se te ocurre es maldecir la hora en que te tomaste una aspirina por primera vez.
El desprecio demostrado por la señora ex presidenta hacia los pacientes es tal, que no hace sino demostrar lo que todo el mundo supone: que lo único importante para las multinacionales no es la salud, sino los resultados económicos; los pacientes son sólo peones necesarios y a veces molestos para llegar al reparto millonario. 
Me viene a la memoria el caso de la famosa "gripe aviar" que hace unos años pareció arrasar y que se quedó en una compra masiva absolutamente innecesaria e inútil... se creó entonces la alarma y se propuso la "solución", una solución fabricada a medida, como el truco de un mago que se sacara del sombrero flores de papel... carísimas, eso sí.
Entre tanto, los políticos de turno, niegan el pan y la sal (es decir, el Sovaldi) porque es muy caro. Evidentemente, la muerte es más barata.
Otra mujer se suma a las declaraciones infames hechas por políticas recientes, (rubias oxigenadas con pinta de haber vuelto de shopping con la Visa echando humo); esta vez le tocaba la cagada a la concejala del PP en Fuenlabrada, Ángeles Martínez: abre la boca para afirmar que "quieren que se reparta Sovaldi como si fueran caramelos". Primero lo digo, luego vendrá el desmentido y aquello de que "se sacó la frase de contexto" (lo mismo dijeron antes los representantes de Gilead). Donde dije digo, digo Diego. Pero dicho queda.
Mientras "se sacan de contexto" las frases, los políticos/cas siguen recortando porque es muy caro mantener la vida. Mientras, los enfermos pierden lo único que les queda: tiempo; es decir, vida. Cada día que pasa es un ahorro para el estado. Pero ya se sabe: "la vida no vale nada..."
Y los laboratorios a lo suyo: a redistribuir(se) la riqueza.
Y los políticos/cas a lo suyo: a redistribuir(se) la riqueza también... 
Y los enfermos a lo suyo: a morir(se).

miércoles, 28 de enero de 2015

¿PARA QUÉ SIRVE UN CONGRESO POLÍTICO? ¿EXISTE VIDA INTELIGENTE EN LA TIERRA?

¿Para qué sirve un congreso de un partido político? me pregunto mientras te miro a los ojos... ¿para qué? Y tú (político de turno que asistes al congreso de turno con tu identificación de turno y tu corbata impoluta de turno) te encoges de hombros no sabiendo qué demonios contestar... o sí.
¿Un congreso? Pues para eso: para hablar, básicamente, para hablar.
Pues sí: la palabra ¡ah, la palabra! Aire al aire, agua al agua, viento al viento. La palabra en su expresión más vana, menos sagrada, más vacua, más ornamentalmente prescindible: juego floral que se expande, planea, se eleva sobre las cabezas complacientes de los asistentes; se eleva... sí, se eleva en tirabuzón, como planeador que buscara las corrientes cálidas de aire para subir, siempre para subir... ¿a dónde?: al limbo de la nada, a la estratosfera ideológica, a la negritud del espacio vacío...
Pero la palabra sube y sube, pasa de un oído a otro, de una cámara a otra, de un micrófono a otro... y se queda colgada, ausente, perdida, desvalida como niña afgana en una escuela de párvulos. Allí queda la palabra, hueca como alma de cañón y, como ella, igual de amenazante o, al menos de inquietante, a punto de escupir metralla ideológica, o, lo que es peor, metralla que huele a perfumador barato de tienda de chinos; palabra que huele a lo ya dicho, a lo ya sabido, a lo esperado, a lo deseado (por algunos), a lo supuesto, a lo obvio, a lo políticamente correcto, a lo autocomplaciente.
Vamos sobrados, amigos, el inmaculado fondo azul del decorado así lo afirma, prepara las mentes para una relajación absoluta. Pero las gaviotas sobrevuelan las cabezas buscando basura en la que posarse. Y todo se envuelve en el papel celofán del colegueo más pringoso con un toque de glamour en la solapa. Quien no sonría no sale en la foto. Quien no asienta que no se siente. Quien discrepe que se aleje de nosotros. Quien no digiera estas ruedas de molino que se evapore en la nada de donde jamás debió salir. Nosotros o el apocalipsis. Así es; así debe ser.
"Hemos salido de la crisis sin hacer ningún recorte social" "Los parados son nuestra mayor preocupación" Y un largo etc. que resuena como música celestial con la reverberación justa para que parezca mensaje angélico, seráfico, en fin.
Y la gente... ¿dónde está la gente, el pueblo llano, ése al que decimos defender y recibe las hostias por pares en forma de precariedad, desahucios, pobreza y silencio? ¿Dónde está? ¿Existe vida más allá de las estadísticas, más allá de nuestras palabras? ¿Existe vida inteligente en la tierra, en el planeta Tierra? Las palabras... ¡ah, las palabras!

viernes, 9 de enero de 2015

FRASES HECHAS ¿MENTES DESHECHAS?

Hablo con la gente y saltan a la  palestra los temas más calientes, inevitables: la corrupción, el paro, la política, los políticos, la crisis (sí, la crisis, ésa que se pretende obsoleta ya)... una retahíla que se repite como un mantra oscuro que parece levitar sobre nuestras cabezas de una manera obsesiva. Da igual donde te encuentres: en la cola del cine, en la cola del paro, en la cola de la caja de cualquier super, en un bar, en la sala de espera del médico, comprando tomates, haciendo fotocopias... da igual; al final, siempre pegas la hebra con alguien sobre la corrupción, sobre la situación actual de la política española, sobre Podemos o sobre "el coleta" vs Rajoy.
Bien. Pues hablando con la gente(*) intercambio pareceres varios y discuto sin ánimo proselitista, procurando moderar las palabras. Lo que escucho me deja, cuando menos, estupefacto. Repito que estoy hablando con cinco personas distintas de una clase social antes llamada "media", sin afiliación política conocida (otra cosa serían las simpatías). En primer lugar, todo el mundo despotrica contra los políticos actuales, tildándoles, en el mejor de los casos, de chorizos; en segundo lugar, unánimemente se reconoce una necesidad de salir de la espiral de ineptitud y corrupción que nos envuelve; en tercer lugar se elevan quejas sobre la pobreza que en ciertas capas sociales se está imponiendo, generalizando una "nueva pobreza" indiscutible y tristísima... podría continuar, pero sería incidir en cuestiones ya obvias por redundantes.
Bien. Llega el turno de hablar de las próximas elecciones. Cara de póquer general. Ante la pregunta (ya sé que indiscreta) de ¿a quién votarías? las respuestas se hacen más y más ambiguas, cuando no se instala un silencio molesto. Salta el tema Podemos y se arma la marimorena: que si son unos rojos peligrosos (como todos los rojos), que si son una bolivarianos (aunque nadie sepa qué coño es esto), que si nos van a quitar el dinero, que si nos van a quitar las casas!!! Para terminar, y después de haber reconocido por activa y por pasiva que hay una necesidad urgente de cambio, alguien sentencia: "más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer" y se queda tan pancho/a.
Así nos va. Instalados en lo malo, nos cuesta siquiera atisbar un cambio a mejor, aunque sea leve. Instalados en lo podrido, el olor nos impide ver otra cosa que no sea un horizonte de basura. Solo nos falta decir aquello de "vivan las caenas". ¿Por qué no? También es una frase hecha que podría funcionar... ¿o ya está funcionando?

(*)Así, en general: entiéndase como personas "corrientes", si es que este término existe y podemos aceptar lo "normal" de una manera tácita, sin tener que definirlo.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

LA UTILIDAD DE LO INÚTIL O UN LIBRO QUE LOS POLÍTICOS DEBERÍAN LEER (SI ES QUE SABEN)

La literatura, entre otras bondades, corrobora a veces lo que pensamos, dándonos ánimo en nuestras creencias, al ver que lo que siempre hemos pensado, lo que siempre hemos creído, resulta que sí, que era cierto, y alguien, en algún, piensa/pensaba como nosotros y, lo que es mejor, lo llevó a la letra impresa, haciendo de su tesis un hermanamiento por encima de fronteras, nacionalidades y lenguas.
Eso me ha pasado con un libro que recomiendo desde aquí sin reservas: La utilidad de lo inútil, del profesor y filósofo italiano Nuccio Ordine, publicado por la editorial Acantilado.
Siempre he dicho que me dedico a la "industria inútil", entendida ésta como todo lo relacionado con el Arte y, por extensión, con la Cultura.
Nuccio Ordine, en su ensayo, mantiene y defiende la utilidad de lo inútil a través de múltiples citas de estudiosos, filósofos y literatos, desde Ovidio a Italo Calvino (por citar solamente dos extremos en el tiempo).
La utilidad de lo inútil, demuestra que lo primero en ser recortado en esta crisis, es, paradojicamente, lo más necesario, pues es la Cultura lo que da sentido a un pueblo, lo que le dota de identidad propia, lo que le enriquece y le hace más humano, lo que, en definitiva, le separa de otras especies vivas y le da entidad divina (si es que un ateo puede hablar de soplo divino).
El enanismo mental de nuestros dirigentes promueve y ampara constantemente un empobrecimiento sistemático, una especie de holocausto espiritual que arrasa con todo y que está sembrando de pobreza estética y ética todo lo que pilla con su apisonadora lamentable.
Un pueblo sin Cultura, sin Arte, es un pueblo dócil, adocenado, aburrado, sometido a dictámenes estultos, a mensajes aborregantes que hacen de la violencia y la masificación, gestos cotidianos; que hacen con lo fácil arribismo, con la inercia acomodaticia, tabula rasa, con el impulso consumista, vacío existencial.
No es  nueva esta situación, aunque ahora es más grave, por la facilidad con que se extiende la mentira, apoyada en medios comunicativos que no comunican nada, sino que apabullan y machacan.
Termino con unas frases que pronunció Víctor Hugo el 10 de noviembre de 1848, pero que podrían haber sido dichas ayer, hoy mismo:
"...las reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. son insuficientes desde el punto de vista financiero y nocivas desde  todos los demás puntos de vista..."
Y prosigue:
"¿Qué momento se elige para poner en cuestión todas estas instituciones a la vez? El momento en que son más necesarias que nunca, el momento en que en vez de reducirlas, habría que expandirlas y ampliarlas".
Para terminar, Hugo afirmaba:
"¿Cuál es el gran peligro de la situación actual? La ignorancia. La ignorancia aún más que la miseria..."
Recuerdo que estas palabras están dichas en 1848, en la Asamblea Constituyente francesa, frente a la propuesta hecha por los ministros de turno de querer recortar la financiación de la Cultura...
Saber del pasado, una vez más, nos enseña sobre nuestro presente. ¡Y de qué manera!

domingo, 14 de diciembre de 2014

¡AH, LE PETIT NICOLAS!

Le petit Nicolas es ya un personaje clásico en la literatura infantil francesa, creado por el guionista René Goscinny, creador a su vez de personajes tan famosos como Astérix y Obélix.
En España, el pequeño Nicolás (en adelante pN) es otra cosa. En otro tiempo también fue el personaje antes mencionado; ahora no. Ahora, repito, es otra cosa. No sé si "cosa" es término adecuado, pues se trata, en realidad de una persona (mejor, de un personaje) vivita y coleando.
¿Qué es el pN? ¿quién es? ¿de dónde viene, a dónde va? ¿quién lo maneja? ¿qué hay de verdad en sus andanzas, en sus contactos, en sus amistades? ¿existe la vida inteligente en el planeta Tierra y, por extensión, en la península Ibérica?
Preguntas de difícil contestación que nos llevan a plantearnos si hay una idiosincrasia patria, un genoma racial con denominación de origen, como lo es el jamón cinco jotas o el queso manchego; una denominación que nos hace, efectivamente, diferentes al resto de Europa, of course!
Lo del pN no lo pudo imaginar ni un delirante Berlanga (aunque se aproximó) que hubiera escrito a cuatro manos con Valle-Inclán: mezcla heterogénea de pillo, caradura, arribista, pijo de libro, neo catecúmeno anti abortista con manía de grandeza, esperpento patrio... es un ejemplo perfecto de lo que se puede conseguir en España a base de desvergüenza, fingimiento y falta de escrúpulos. El pN no es nada, es aire comprimido, algo así como un embarazo sicológico. ¿Es eso? Quizá sí, quizá no. Quizá entre tanta apariencia, entre tanta palabrería vana se esconda algo más. Porque lo cierto es que los engañados (supuestamente) no denuncian; las Instituciones (muy altas) tampoco; los políticos aludidos, tampoco. ¿Entonces, qué coño pasa?
¡Ah, el pN! (pronúnciese, por favor "pe-ene", no me hagan chistes fáciles): ese diablillo travesuelo, ese pequeño ser alado que iba de sarao en sarao, de oficina en oficina, de mitin en mitin, cual etérea mariposa buscando la flor inocente de la que libar algún néctar sin dar golpe. 
¡Ah, el pN, (no tan pequeño, por otra parte), con carita de ángel que luego devendría en exterminador cual película buñuelesca! ¡Ah de las poses de refilón ante las cámaras! ¡Ah del dejarse caer, como si nada, porque pasaba por aquí, simplemente! ¡Ah del roce oportuno, del guiño cómplice, del apretón de manos!
En fin,  ¡tantas y tantas cosas; tantas preguntas; tantas incógnitas!
Mientras, tiremos una vez de más de refranero: "Quien a buen árbol de arrima, buena sombra le cobija". Y el que no pueda, que se compre un paraguas o una cremita protectora con un SPF (factor de protección solar) de, por lo menos 50. 
Por eso el país está como está: más quemado que un tizón.

domingo, 30 de noviembre de 2014

NAVIDAD, SACARINA, Y UN TREMENDO CHULETÓN

Escena (real) en un restaurante:
Cuatro personas comen tranquilamente, mientras comentan temas más o menos intrascendentes (en este país se habla mucho y fuerte y no se puede evitar escuchar lo que dicen los demás). Uno de los comensales se afana en luchar contra un chuletón de considerables dimensiones, convenientemente flanqueado (el chuletón) por una legión de patatas fritas y pimientos asados; el chuletón excede las dimensiones del plato y apenas puede mantener sus límites dentro de las frontera circular del recipiente. El devorador prosigue su lucha a duras penas, esgrimiendo un cuchillo que -deduzco- no debe cortar muy bien a juzgar por los chirridos que el acero (más bien gemidos) arranca del barro cocido. Como la vianda es profusa, el vino llena una y otra vez la copa que vacía su contenido gaznate abajo con generosa profusión. Acabada la carne, le sigue un tarugo de pudin regado de caramelo y las sucesivas copas de espumoso.
Bueno. Acabada la comida, el señor, ya coloradote, sopinchado, parlanchín y vivaracho, pide al camarero que, para el postrer café, le lleve una píldora de sacarina, no vaya a ser que el azúcar le engorde en demasía... Sin comentarios.
Así sucede muchas veces en esta nuestra España: se hace el delito, se roba, se miente o se delinque de cualquier forma; después, se toma la sacarina para mitigar la conciencia: es decir, se pide perdón, por ejemplo. Y a seguir tan ricamente, como sigue quien acude al confesionario después de cometer un crimen.
El perdón nunca puede sustituir a la Justicia, como la caridad nunca puede sustituir a la dignidad de las personas.
En estos días, gentes de buena voluntad recogen alimentos para mantener a otras más desfavorecidas, cuando no desahuciadas. Bien, pero la solución no consiste en tomarse sacarina después de hincharse a comer: la solución ES, repito, la DIGNIDAD de todos, la Justicia social. Ya está bien de sucedáneos que tratan de limpiar conciencias con píldoras auto recetadas.
Me temo que en los días que se avecinan tendremos mucho de sacarina, mucho de cenas ruidosas, mucho de cánticos melifluos y de bondad de anuncio televisivo con copón de nieve falsa. 
Pero hay que volver a casa por Navidad. Quien la tenga, claro.


jueves, 20 de noviembre de 2014

BIENAVENTURADOS Y PONER CARA DE PÓQUER

Si yo fuera Presidente del Gobierno (hipótesis de altísima ficción y harto improbable) y me pusieran encima de la mesa un informe en el que se dice que (por ejemplo) el 20% de la población madrileña (1,3 millones de seres humanos) está en riesgo de caer en la pobreza; que 212.000 hogares madrileños están en riesgo de exclusión social y que de estas familias 117.000 están en riesgo de emergencia social... ¿qué cara me quedaría? ¿Cómo podría estar orgulloso de ser Presidente del Gobierno de un país que (entre otros aún peores) tiene estos datos estadísticos (es decir, matemáticos y objetivos)? ¿Cómo podría sonreír  desde las pantallas de plasma con estos datos que serían (y son) una vergüenza, para cualquiera? ¿Cómo sonreír cuando se tiene la pobreza en las aceras de las calles, en las colas del paro, llamando a las puertas de las casas,  mientras un porcentaje mínimo acumula casi toda la riqueza de un país?
Habría que tener una cara muy dura y ponerla de póquer, como diciendo "no sé nada, no veo nada, nada malo sucede a mi alrededor, todo va viento en popa, a mí las únicas estadísticas que me interesan son las que me son favorables para las elecciones próximas..."
Poner cara de póquer, ponerse de perfil, porque la pobreza tizna cuando estalla (como dijo el poeta) y no vaya a ser que me salpique algo en mi inmaculado traje.
¿Presidente yo? Sí. Pero sólo de algunos, ¡faltaría más! (o como dirían ellos: "como no puede ser de otra manera").
España es el país europeo en el que más ha crecido la diferencia social, el abismo (ya sé que alguien dirá que simplista) entre ricos y pobres, entre los que tienen algo y los que no tienen ¡na!

Entre tanto, nos quedan las bienaventuranzas católicas. Cito algunas de San Lucas:
-Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados.
-Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.
-Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Y otra de San Mateo:
-Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la herencia de la tierra.

Mientras llega esa herencia, a joderse, hermanos desharrapados, nuevos pobres y pobres viejos; neopobres arrojados a las escombreras de la crisis.
¡Menos mal que la religión consuela en este mundo con la promesa de lo que pueda (o no) pasar en el otro!


martes, 28 de octubre de 2014

LA BANCA, BIEN, MUY BIEN. GRACIAS

Ahora va y dice el Banco Central Europeo  que la banca española está de puta madre; es  más: está requetebien, de lo mejorcito de Europa. Somos la hostia. Después de lo que hemos pasado, ya veis: hemos remontado y hemos alcanzado la élite financiera en vuelo ascendente, remontando crisis, alcanzando metas cual carrera de obstáculos. La leche. El Gobierno español ha sido alumno fiel y saca pecho alardeando de lo bien que lo han hecho, de lo buenas que son las medidas recortadoras, de lo magníficas que han sido las "reformas estructurales" (se me ponen los pelos como escarpias ante este eufemismo con ínfulas arquitectónicas).
Somos, en fin, cojonudos. Hemos pasado de ser el vagón de cola, a ser la locomotora, aunque sea de vía estrecha. O eso nos dicen.
La Banca va bien. ¡Cómo no! Habría que ser muy torpe si fueran mal, teniendo en cuenta los millones públicos (unos 200.000 millones de nada) que se le ha inyectado; dinero, por cierto, que no revierte para nada en crédito (primera obligación de un banco ético, si es que puede existir ese concepto). ¿Que va mal el banco/caja? No problem, para eso está el Estado: se le peta de dinero, se hincha la deuda pública y aquí paz y después veremos. Y el dinero ¿qué? ¿dónde queda, dónde se esconde? Pues el dinero queda desaparecido, como fantasma ignoto perdido en no se sabe dónde. Los bancos son esponjas que todo lo tragan y casi nada escurren; agujeros negros, sin fondo o con fondos de todos que van a dar al mar, que es el morir. Lo del efecto bumerán es una figura que no figura (perdón por la redundancia) en la Banca española. Irás, pero no volverás.
Así, ¿quién no sería un gestor excelente? La Banca va bien; los bancos van bien; los banqueros, mejor. ¿La sociedad llana? Que se apañe como pueda. Algunos (poquísimos) van mejor aún que la Banca. Los demás... no van. Bueno, demagogia pura, como verán.
Repito: la Banca va bien, gracias. Gracias a todos, pringaos. 

martes, 16 de septiembre de 2014

NO ERES TÚ, QUERIDA, SOY YO...

España va bien. Punto.
Es lo que nos dicen ahora, repetidas veces, hasta el hartazgo, desde los llamados medios de comunicación (¿qué comunican?) y desde debates pontificales que hablan  con infalibilidad papal, impartiendo bendiciones orbi et orbi a quienes quieran entender o  a quienes les interese entender.
Y parece que va... bien, si uno se asoma a las primeras líneas de playa y a su bullicio (que ya no es tanto) colorista de calimocho, paella y cervecita. La gente disfruta; la gente reserva hoteles (no tantos días como antes, pero reserva) por internet en un ejercicio paciente de constante comparación en la búsqueda de un chollo que casi nunca llega. Los bares se llenan; alguien se atreve a comprarse un coche dejando aquel Opel con 200.000 kilómetros para el desguace; los pisos vuelven a la escalada de precios, recuperando valores que no se merecen (aquí no aprende nadie de nada)... en fin, que se podría vislumbrar un espejismo de bonanza.
Otra cosa es poner el oído atento por la calle, en la barra del bar de barrio, en la cola del banco, en la cola del paro, en esas terrazas que ya empiezan a languidecer por el presentimiento del otoño.
Vuelta al colegio, vuelta a los comedores, vuelta a los libros que se renuevan para decir siempre lo mismo (ya lo dijo Lampedusa), vuelta a la actividad política oficial, con sus declaraciones aburridas y con una amenaza secesionista en lontananza. El fútbol, la liga, las tardes de televisión resonando en bares cutres con olor a calamar a la romana, la renovación de la tarjeta del paro o la incorporación a un trabajo que parece tabla de salvación, sean cuales sean sus condiciones laborales.
¿Por qué esta sensación chata de grisura y dejadez? ¿Por qué esta sensación de estar en tierra de nadie, de estar en la trinchera de una guerra que no me pertenece y en la que espero una balacera inminente?
España va bien, me dicen ahora. Quizá sea yo el que no va bien. Pero uno es uno y sus circunstancias. Y una de mis circunstancias se llama, quiera o no, España.

lunes, 1 de septiembre de 2014

UNA REALIDAD PARALELA Y UNA PREGUNTA SENCILLÍSIMA

Una pregunta sencilla: ¿para quién gobiernan los políticos?
Una pregunta de Perogrullo que tiene más miga de que lo que pueda parecer. En principio, la respuesta sería obvia: los políticos gobiernan para el pueblo que, democráticamente, los eligió (los hayan votado o no; aquí la estadística manda). Sí: para el Pueblo. Supongo que habrá quien diga que esto de "Pueblo" es término pasado de moda (como huelguista, sindicato o derechos laborales). Pueblo (así, con mayúsculas) sigue oliendo hoy a cosa sospechosamente rojilla, cuando no directamente comunista. Y ya se sabe que lo de comunismo todavía está directamente aliado con el diablo y huele a azufre que te cagas.
A lo que iba: si los políticos gobiernan para un Pueblo que los eligió (con más o menos mayoría), para un pueblo que confió en ellos... ¿por qué me parece a mí que éstos (los políticos nuestros de cada día) viven en una realidad paralela que nada tiene que ver con la realidad cotidiana a pie de calle? 
Ahora, sumergidos como estamos en un constante bombardeo del "qué bien lo hemos hecho, que ya somos la locomotora de Europa"; ahora, repito, cuando los índices bursátiles suben (o eso nos dicen); cuando las escaleras estadísticas inician tímidas escaladas... cuando nos cuentan que ya casi no hay crisis y que todo va (gracias a nuestros esfuerzos) de reputa madre... ahora me planteo una y otra vez si nuestros gobernantes electos saben distinguir entre estadística y realidad, entre macroeconomía y economía doméstica, entre poder absoluto absoluta pobreza... y así sucesivamente.
Señores, no sé para quién gobiernan (sí lo sé). Yo creí que un político debía facilitar la vida de los ciudadanos, debía darse a ellos en cuerpo y alma (dejémoslo en alma sólo), debía plantearse el bienestar de su Pueblo como primer y casi único objetivo. Eso creía.
Lo que estamos viendo es, repito, una realidad paralela, a lo Matrix, con gente que vive por encima de nuestras posibilidades. Una realidad que tiene vida propia, normas propias, ajenas a la realidad que (al menos yo) conozco. A lo mejor soy yo quién vive en una realidad virtual, porque esto de la ficción es cada vez más complicado...
Los ministros van a Europa a repartirse el poder y se desviven por conseguir la poltrona que los atornille al cebadero. Todo va bien. Lo real... ¿qué es lo real? ¿El desahuciado, el nuevo pobre, el salario mísero, la forzosa inmigración, las vallas cubiertas de desesperados hambrientos, los dependientes sin ayuda, la cultura ninguneada, los acuerdos con una Iglesia post franquista, las tumbas de una guerra infame que duermen aún en el olvido y la ignominia? ¿Qué es, dime tú, político resplandeciente de realidad paralela, de traje impoluto y sonrisa de hiena? ¿Qué ES?
¿Y tú me lo preguntas? (contestaría impertérrito): La realidad es que nada es real, salvo esta aseveración, claro, lo que nos lleva a plantearnos un dilema de difícil solución... pero tranquilo, que para eso estamos nosotros,  para aclararte las dudas... porque tienes dudas ¿o no?

sábado, 30 de agosto de 2014

UNA DE REALISMO SOCIAL

Sala de espera de un consultorio médico. La situación es ésta:
-Unos pacientes (pongamos diez) esperan con resignación que el/la médico de turno les llame. Llevan un retraso de hora y media y la paciencia (la que viene de paciente) empieza a agotarse.
-Suena de vez en cuando algún móvil, concienzudamente atendido por la/el usuario/a correspondiente, a viva voz; tal pareciera que el cacharro electrónico no tuviese la suficiente energía y usase sólo la potencia del usuario/a para llevar sus mensajes al otro extremo del no-hilo. Consecuentemente, todo el mundo allí presente se entera de la vida y milagros del usuario/a telefónico/a: comida por hacer, niño por cambiar de pañal, cuñado por increpar, trabajo por realizar... etc. etc.
-En el escaso silencio entre queja y queja por lo mal que está la sanidad pública, alguien hace un comentario acerca de los políticos: increpa, despotrica, destripa, maldice y se caga en todo lo barrido.
-En el extremo opuesto al habitual del comentario agudo, sentado y abanicándose con algo que parece un volante médico o el informe de algún análisis, un señor de avanzada edad contesta al anterior con airado verbo, acentuando sus aseveraciones con gestos amenazantes o, al menos, enérgicos.
-La contestación no se hace esperar y se suman a la "tertulia" otros asistentes que, milagrosamente, han despertado de su letargo.
-En pocos segundos, el aire se llena de insultos a la clase política, a la política en general, al euro, al alcalde actual y al anterior, a los equipos de gobiernos presentes, pasados y futuros, al Eurogrupo, a todos los chorizos (que son muchos)...
-Llega el momento de generalizar y todo se resume en un "yo no soy de ningún partido, pero todos son iguales de ladrones... ¡y qué decir de los bancos!!
-Los más osados  proponen soluciones para acabar con el estado actual de cosas (aunque no con el Estado actual): la guillotina es el remedio más socorrido, pero no se descartan ni la horca ni el fusilamiento al amanecer.
-Ha pasado una buena media hora y la puerta de la consulta se abre, tímida. Las miradas se dirigen a la joven que asoma, y todo el mundo se pregunta qué cojones tendrá para haber estado en la consulta tanto tiempo.
-En fin, se le perdona la vida (a la joven, me refiero) y pasa el señor de airado verbo, no sin antes maldecir un par de veces.
-Por un momento, vuelve la calma. Una falsa calma. Alguien comenta que el señor anterior dice lo que dice porque tiene mucho que esconder.... y hace un guiño cómplice que puede significar mucho o nada, vaya usted a saber.
Todavía me queda una hora, por lo menos, para contarle al médico mis miserias. Un niño aparece llorando a pleno pulmón, seguido por la madre, embarazada, gritando más que el susodicho infante. El padre consulta el móvil con gesto ausente; le da igual lo que hagan el niño, la madre y la madre que parió a la madre.

domingo, 11 de mayo de 2014

UN RECITAL DE POESÍA. UN VIAJE. EL TREN. MUCHA GENTE.

El pasado viernes, día 9, en el Matadero de Madrid, tres poetas de por aquí (quiero decir, de la Mancha): Amador Palacios, José Ángel Gª y un servidor, leímos poesía (lo de leer es un decir, al menos en mi caso).
Ciertamente, esta vez sí, se trataba de "un marco incomparable" en el que habita la Cultura, ya se trate de poesía, de teatro, de cine, de exposiciones... etc. Una factoría de Cultura, en fin, en el que el diseño de vanguardia se alía con el buen gusto y éste con la educación y el buen rollo. Un gustazo, vaya. 
El sábado, con la cabeza llena aún de poesía, paseamos Madrid. Mucha gente. ¿Demasiada? Supongo que, acostumbrado como estoy al semi desierto manchego, las aglomeraciones me imponen o me acojonan un tanto, aunque he de reconocer que el anonimato de la masa tiene su parte buena, al darnos un barniz de modestia, al hacer que nuestra unicidad se funda con tantas otras y nos haga reconocer (¡cómo no!) que somos una partícula más, como tantas otras, no tan única como creíamos, no tan especial, no tan acojonante.
¿Y la crisis? Ya salió. Casi se me olvida al ver tanto consumo apresurado, tanta bolsa del Corte Inglés, tanta terraza llena... eso, claro, si paso por alto a mendigos, a parias tirados en las aceras, a "compradores de oro" con carteles amarillos, a letreros de "se vende"... etc, etc. 
Ver, oír, callar, andar por las calles con la cabeza llena de poesía. Gente alrededor, mucha. Nada nuevo. De la mano, Charo; en la mano, unos discos de buena música. La miseria existe, sí, y está muy cerca. Pero dejadme hoy, cuando el sol se está poniendo, que crea que no es sino un invento de desaprensivos. Sé que es mentira, pero dejadme que lo crea, hoy.
Ya anocheciendo cogemos un tren en una soledad cómplice; desde las ventanillas un paisaje caótico, casi negro, aparece y desaparece a ritmo de traviesa atravesada. El sol, definitivamente, muere, sabiendo que volverá mañana. Él sí, nosotros... ¿quién sabe? 
Y nos alejamos de Madrid como quien se mete en un túnel de noche: al final, quizá, ni siquiera exista una luz  y todo sea un viaje extraordinario hacia (como dijo Fernán Gómez) ninguna parte.