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jueves, 15 de noviembre de 2012

EL DÍA DE DESPUÉS O EL COLOR DEL CRISTAL

En una guerra, igual que en una huelga, lo primero que se resiente es la verdad. Así, lo que para unos es una victoria, para los contrarios es una derrota;  lo que para unos es un éxito, para otros es un fracaso.
Las cifras del seguimiento de la última huelga general son tan dispares como previsibles: el gobierno y la patronal apenas da un 10% y los sindicatos más de un 75%. ¿Quién dice la verdad? No puede ser que (suponiendo que se usen métodos de medición bien intencionados) los números sean tan opuestos. Se recurre a la estadística como arma científica que justifique las cifras (ya saben: si yo me como un pollo y usted ayuna, usted no pasa hambre porque nos hemos comido cada uno medio pollo ¡divina matemática!). Cada uno que se quede con el dato que más le guste, seguramente ninguno de los dos sea cierto. Nos instalamos, una vez más, en la mentira y en la manipulación como armas de destrucción masiva. Esto es como cuando, después de unas elecciones, los candidatos perdedores ven resultados muy positivos en su derrota y los ganadores resultados absolutamente extraordinarios (cuando no divinos) en su victoria. ¿Hipocresía u optimismo a prueba de bomba?  Todo es del color del cristal... etc. Con estas premisas, ¿qué nos puede sorprender ahora, cuando en un estado de regresión, pérdidas de todo tipo y  absolutos recortes, se nos dice que "estamos en la senda de la creación de empleo"?
Bueno, lo que para unos son 5.775.000, para otros es una senda de ladrillos amarillos...

miércoles, 14 de noviembre de 2012

NO ES MI GUERRA (ESCENA EN LA OFICINA SINIESTRA)

"Esta no es mi guerra", dijo mientras miraba por la ventana los piquetes con las pancartas.
Desde la calle llegaban unos gritos apagados por los dobles cristales: "¡esquiroles, esquiroles, esquiroles!!! 
La mañana de otoño recogía los gritos y los elevaba hasta los pisos de oficinas, hasta los despachos de los directivos, hasta los talleres...
"¡Llamarme esquirol a mí! ¡A mí, que llevo toda mi vida trabajando! ¡Qué se habrán creído estos mandados! Además, ¡esta no es mi guerra!" 
El jefe de personal apareció y rozó su hombro. "Méndez, cuando termine esos informes, pásese por mi despacho lo antes posible."
El señor Méndez se apresuró a terminar mientras afuera un sol tímido pintaba de amarillo las pancartas rojas.
"Enseguida señor Cotillas, ya estoy terminando..."
Algún compañero miró de reojo a Méndez y sonrió maliciosamente... Para Méndez empezaba una guerra que (esta sí) era muy, muy suya.