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viernes, 8 de noviembre de 2013

LA CULTURA, LOS TOROS, EL PORTAVOZ

¡Ya son los toros Patrimonio Cultural de España! 
Un portavoz del PP  aseguraba que él quería tener LIBERTAD (cómo se usa esa palabra cuando conviene) para acudir a un acto cultural como son los toros!!!, que él quería que la Cultura  fuese accesible para todos!!! Cojonudo, absolutamente de acuerdo si no fuera porque este señor identifica Cultura con toros y parece ignorar el resto de "culturas". Es decir: vamos a proteger al toro y todo lo que conlleva, sí... lo demás... ¿es Cultura? ¿Vamos a facilitar, de verdad el acceso a la Cultura? ¿Vamos a sentar, de una puta vez, las bases para promocionar, promover, proteger y alentar la Cultura? CULTURA con mayúsculas, necesaria, absolutamente necesaria para el alimento del alma; CULTURA para el enriquecimiento del espíritu, para crear personas libres, inteligentes, capaces de discernir el bien del mal, lo ético de lo inmoral; CULTURA para hacer de la persona, persona en el más profundo sentido, persona enfrentada a la animalidad (que no al animal), enfrentada a la bestialidad, a la estulticia, a la barbarie, a la uniformidad que imponen (o tratan de imponer) los sistemas corruptos y perversos; CULTURA, en fin, para dignificar la palabra ciudadano/a; CULTURA que da las herramientas que ennoblecen la vida y la elevan de la simple supervivencia...
Señor portavoz, yo quiero esa CULTURA, no la de la sangre, la de los rejones y la muerte. No quiero los claros clarines a las cinco de la tarde, a las cinco en punto de la tarde.
Este país tiene una larga Historia, una larga tradición de muerte, de aceros, de inquisición. Es una Historia que pesa, sí, como un saco lleno de tripas y orejas cercenadas. Pero también están Quevedo y Falla y Ramón y Cajal y Velázquez y El Greco y Unamuno y Albéniz y Jorge Manrique y Narciso Monturiol y Mónico Sánchez Moreno y Sánchez Cotán y Picasso y Cernuda y Tomás Luis de Victoria...  A cuestas con España, sufriéndola, haciendo CULTURA, de verdad. Déjeme, señor portavoz, con ellos y quédese usted con la sangre.

domingo, 17 de julio de 2011

PAN Y TOROS

Veo en la tele un "espectáculo" taurino. De rejones, concretamente. El toro corre, deslumbrado. Mancha negra brotando rojo, miedo, fuerza, dolor ciego sobre el albero; puro dolor para que el pueblo se divierta con la excusa del arte (ya se sabe: "el ballet con la muerte"... etc). Sobre el caballo, el rejoneador hace equilibrios para buscar el sitio exacto de la muerte. Busca el hombre el pozo pequeño de la muerte, hurgando con aceros camuflados de confetti (hay que disimular lo terrible con lo kitsch). La gente aplaude, aunque no sé muy bien a qué o por qué. La luz lo invade todo. Todo no: hay dos sitios en los que no hay luz; es más, hay dos sitios en los que la oscuridad se va refugiando, va haciéndose más y más grande, hasta dibujar dos galaxias oscurísimas: son los ojos del toro. Allí está, otra vez, la muerte, tan negra como siempre, tan oscura como la lengua envenenada de un profeta. Allí está, como un reflejo del miedo colectivo. En la arena, un río pequeño de sangre, una vida irrepetible, única, que se va (yo creo que toda vida es sagrada, que toda vida es reflejo de la mano de Dios, si es que existe). El aire se llena de aplausos y otra vez suena un pasodoble, llorando en sus brillos dorados. Los pañuelos se agitan, pidiendo macabros trofeos (abatir no es suficiente: hay que seguir hurgando, mutilando; hay que seguir demostrando quién manda, quién es el artista). ¡Qué alegría más grande esto de la muerte!