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domingo, 6 de octubre de 2013

¡BACHATA P'A TOS!

Desde siempre, en este bendito país, me ha llamado la atención el uso y abuso que del ruido se hace. ¿Que hay una fiesta?...¡ruido que te crió! ¿Que hay una discusión?... ¡ruido al canto! ¿Que pones la radio?... ¡decibelios p'al vecino! ¿Que vas conduciendo?... ¡Bachata p'a tos! Y así hasta la náusea.
Somos un país ruidoso, con una ¿cultura? del ruido, dicho sea esto en el peor de los sentidos. Aquí no se habla: se vocea; aquí no se discute: se arremete; aquí no se escucha música: se agrede al vecino; aquí no se hace fiesta: se ensordece. Aquí el silencio es cosa de cobardes, de pusilánimes, de raros o de poetas (de algunos poetas). Los que están seguros de sí, hablan alto y claro (sobre todo alto). Ya lo dice el dicho: "llevas razón, que voceas". Las verdades no se razonan: se vocean, y así, voceando, las ideas (pocas o muchas, estúpidas o vacuas) cogen altura, planean en el éter y se introducen en las mentes, quedando allí, entre las neuronas, chirriando, resonando como la voz resuena en una tinaja hueca. 
Se tiene miedo al silencio, supongo, porque el silencio ayuda y predispone a la reflexión; el silencio abre un espacio infinito en el que nos podemos conocer y reconocer (¡ay!); el silencio es un lienzo puro, blanco, un jardín zen en el que sembrar las piedras de nuestros miedos y nuestros convicciones más auténticas, más maduras. El silencio supone recogimiento, trabajo, concentración y conocimiento. Supone hacer el esfuerzo de la búsqueda de nosotros mismos. El ruido, no. En el ruido todo se iguala, su rasero decapita cabezas y hace de la furia su aliado. El ruido, además, agrede, impacta, acomete.
Cuanto más voceemos, más razón querremos llevar. Vocean los poderosos, los estúpidos, los prepotentes, los chulos... y así se establece una relación directamente proporcional entre el ruido y la estulticia.
Los que pasan desapercibidos, como pasan desapercibidas las hojas humildes de yerba... ¡a esos que les den! !!!Porrón pom póm, porrompom  porrompompero...PORRÓN!!!!!

sábado, 30 de junio de 2012

PAPICHULO O LA TARDE ESTREMECIDA (ESTUPEFACCIÓN Nº 13)

ESTUPEFACCIÓN Nº 13:

De pronto, pasa un coche. De pronto la tranquilidad de la calle se ve estremecida por un motor a toda pastilla... y por una... ¿música? que retumba como auténticos eruptos cabreados. Al volante, el conductor conduce tras sus gafas de sol, ufanamante repanchingado, chulo. Los altavoces distorsionan, berrean y me pregunto en qué estado quedarán los tímpanos y el cerebro del personaje en cuestión después de esa sesión  en el umbral del dolor, después de tanta ¿letra? tipo "Papichulo" o "Toma gasolina"!!! El vehículo se aleja a toda hostia, dejando una estela de pájaros desconcertados, cristales vibrantes y oídos estremecidos. A la tarde le cuesta volver en sí. A mí, también.
Una pregunta final: ¿Por qué será que la relación entre el volumen de estas músicas y su calidad es inversamente proporcional? Del conductor prefiero no hablar: tendría que rapear y llevar una gorra puesta del revés, con la visera hacia atrás, ya saben. Y con  letras tipo NY. ¡País!