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sábado, 27 de enero de 2018

FAMOSOS, FAMOSILLOS, FAMOSETES O CÓMO IGNORAR LO IMPORTANTE DE VERDAD

El índice de cultura de un país se puede medir (entre otras cosas, claro) por el nivel de conocimiento que la gente tiene de sus artistas, de sus científicos, de los hombres y mujeres que han conformado la cultura, que han hecho de su actividad y de su vida un medio por el que se han enriquecido espiritualmente todos, por el que todos se han ennoblecido, en el sentido más auténtico de la palabra.
Un pueblo es lo que es su patrimonio cultural y sin él no es más que un rebaño gregario que sobrevive.
Bien. Si se hiciera una somera encuesta en este país, preguntando por determinados nombres relacionados con lo anteriormente expuesto, mucho me temo que (quitando los que se repiten sistemáticamente por obvios, aunque no se sepa de ellos más que su nombre) el resultado sería nefasto, cuando no deprimente.
Eso sí, pregúntese por cualquier fomoso, famosete o famosillo encerrado en su gran hermano, en su operación triunfo o en su famoseo de chichinabo y el porcentaje se ampliará exponencialmente, de una manera inversamente proporcional a la importancia real del fugazmente famosillo con ínfulas de grandeza, gran apologista de la banalidad y la estupidez.
Y si nos remitimos al ámbito geográfico de Castilla-La Mancha, la cosa empeora hasta límites deprimentes.
En esta región, acostumbrada a ser tierra de paso, tierra ignota en gran parte (si bien pintoresca), tierra lastrada por siglos de abandono, el aprecio que se tiene a la gente más o menos relacionada con la cultura es nulo, cuando no despreciable; parece que hay algo que impulsa a aborrecer o a ignorar a pintores, poetas, científicos y otras gentes de mal vivir. Un amigo me dijo que "cuando aquí aparece un faro, se tapa su luz", como si aquella, en vez de iluminar, arrojara sombra.
Habría que hacer la encuesta de la que hablé al principio y desde aquí, muy modestamente, la voy a hacer. Por poner un ejemplo muy rápido: dígase quienes son estos personajes y a qué se dedicaban o se dedican (entre paréntesis  pongo el lugar donde nacieron):
-Juan Bautista Martínez del Mazo (Beteta. Cuenca)
-Fernando Yáñez de Almedina (Almedina. Ciudad Real)
-Alfonso Sáiz López (Quintanar del Rey. Cuenca)
-Pilar Pedraza (Toledo)
-Francisco García Pavón (Tomelloso. Ciudad Real)
-Mónico Sánchez Moreno (Piedrabuena. Ciudad Real)
-Garcilaso de la Vega (Toledo)
-Amalia Avia (Santa Cruz de la Zarza. Toledo)
-Gabriel García Maroto (La Solana. Ciudad Real)
-Miguel de Quirós (Campo de Criptana. Ciudad Real)
-Oscar Escudero (Alcázar de San Juan. Ciudad Real)
-José Fernández Arroyo (Manzanares. Ciudad Real)
-Sebastián Durón (Brihuega. Guadalajara)

La lista podría, por supuesto,  ampliarse mucho, pero que muchísimo más. 
De los anteriores nombres elijo dos ejemplos como casos sangrantes:
Mónico Sánchez Moreno y Gabriel García Maroto. No voy a reseñar su obra porque excedería el espacio y la paciencia de los lectores; a éstos les animo a que exploren sus biografías en internet o en cualquier otro medio (los libros también existen). Termino diciendo que el primero fue un pionero en la electromedicina e inventor de los rayos X portátiles (entre otras muchas cosas); el segundo fue un  importante pintor postcubista, escritor de la generación del 27 y un reconocido impresor en la República. Decir también que murieron, arruinado el uno (Mónico acabó como proyeccionista en un cine de su pueblo) y exiliado y olvidado de España (y qué decir de su pueblo natal) el otro. Ahora, pasado el tiempo, en sus respectivos pueblos pocos los conocen y nadie los reconoce. ¿Hay quien dé más? 

miércoles, 4 de enero de 2017

PERO... ¿EXISTE DE VERDAD LA CULTURA?

Para empezar habría que definir qué es cultura. En cultura entra todo a mogollón: desde los deportes (?¿) hasta el arte culinario, pasando, claro, por la filosofía, la pintura, la poesía... bla, bla, bla... hasta llegar a los bailes regionales y al toro de la Vega (¡!). Todo puede entrar en la saca cultural y todo se puede justificar tirando de tradición, costumbres, pensamiento, reflexión, religión... y artes varios. 
Supongo que con la cultura pasa lo mismo que con el tiempo en aquella frase de San Agustín: "si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo, no lo sé". En cualquier caso, se podría decir que hay cosas que todo el mundo entiende por "cultura", más allá de pareceres o creencias: la poesía, por ejemplo, o la música; otras hay más cuestionables o defendibles y depende de a quién le preguntes y en qué circunstancias; así las gachas serán cultura y el mencionado toro o el despeñamiento de una cabra desde una torre, también lo serán. 
Matices aparte, quedémonos con la definición fría del DRAE, acepción primera: "conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico". Partiendo de aquí cabría preguntarse: ¿Existe, de verdad, en este país, la cultura? Dejemos el país y bajemos a su núcleo más pequeño: el municipio. ¿Existe aquí la cultura? No me refiero a las macro exposiciones, ni siquiera a las exposiciones pequeñas; no me refiero a las conferencias organizadas; no me refiero a cualquier modo más o menos público (entiéndase acto social) dirigido o no desde los poderes municipales. No. Me refiero a si existe, de verdad, voluntad de crear una base de conocimientos que genere un juicio crítico; una base sólida, universal, que salga de las fronteras de la plaza del pueblo y vea más allá de la foto que la Concejalía de turno se debe hacer para justificar que, efectivamente, algo se mueve, aunque todo quede en mera apariencia de vida cultural.
No hay que confundir Cultura (y aquí, sí, con mayúsculas) con su reflejo social, con la pasarela de vanidades y con los festejos de papel couché y sonrisa de agradecimiento. Cultura equivale a siembra, a poner la semilla que pueda germinar en la voluntad de las personas y que las hará más libres, más inteligentes, más críticas, más humanas. Lo demás es parafernalia, globos sonda y (si se me permite el neologismo) postureo. Si a esto (al postureo) se le añade un poquito de ignorancia, otro poco de prepotencia y un pelín de despotismo (por muy ilustrado que sea)... pues ya tenemos un reflejo perfecto de la cultura que será sólo eso: un reflejo en el desierto: un espejismo.

martes, 30 de junio de 2015

BREVE Y APRESURADO APUNTE DE VIAJE

Breve y apresurado apunte de viaje, aunque yo no viaje mucho, en parte por mi pereza endémica, en parte por mi pobreza económica. Pero bueno, no voy a contar mi vida. Al grano.
He estado en París unos pocos días. Y digo esto porque me llamó la atención (aunque sea de manera precipitada, un tanto tópica y turística) la infraestructura cultural que la ciudad tiene, su vida cultural, las actuaciones culturales que salen por todos sus poros. 
Es sabido que  Francia siempre ha tenido un complejo de superioridad, reflejado en esa grandeur de la France de la que ya dejaron constancia Charles de Gaulle o Luis XIV. Pero lo cortés no quita lo valiente y hay que reconocer que en materia cultural, los franceses lo hacen muy bien. Ellos demuestran que la Cultura es, aparte de un bien necesario, una industria muy rentable. Es de un enanismo mental lamentable despreciar la Cultura y todo lo relacionado con ella, aunque solo sea (y no es lo más importante) por un mero interés económico. La Cultura es rentable, es una industria que genera ingresos sustanciosos y que, al final, da sello de calidad a un país (a una ciudad en este caso), a sus gentes, a su historia. 
Machacar a la Cultura o (lo que es peor) ignorarla, abandonarla, trae consecuencias económicas (lo digo para esos neoliberales tan de  moda) y, por supuesto, consecuencias empobrecedoras que afectan al espíritu, a la educación y a la ciudadanía.
¡Qué envidia me dio escuchar un concierto sin una sola tos, sin un solo pitido de móvil, sin un solo despliegue de papel de caramelo! ¡Qué envidia ver las librerías repletas de gente! 
Envidia sana ¿eh?  Pero la envidia... ¿puede ser sana? me pregunto mientras me asaltan imágenes impresionistas, cubistas y futuristas, en un tótum revolútum que contemplo ensimismado, algo atontado, avec plaisir, toujours.

miércoles, 18 de marzo de 2015

POBRES HUESOS, POBRE MIGUEL, POBRE CULTURA

Había que encontrar los dichosos huesos... ¿de quién? De Cervantes, claro. Sí o sí. Había que montar otra ver el circo mediático y sacar otra vez el bombo y el platillo... y había que sacarlos ahora, justo ahora, porque estamos en las fechas que estamos. 
Cervantes, el pobre, calla allá donde esté, convertido hace mucho en energía, olvidado ya de sus propios huesos, dejados sus huesos vaya usted a saber dónde. ¡Qué más da!
Cervantes, don Miguel de, calla y sonríe (seguro que sonríe) mirando pasmado a las personas que pululan por su supuesta tumba, enfundadas con mascarillas y armadas con cámaras que buscan entre huesos ignotos los huesos; o debería escribir LOS HUESOS. Lo malo es que todos los huesos se parecen, después de tanto tiempo morando en lo oscuro; lo malo es que la muerte lo  hermana todo y no distingue entre iletrados y genios; lo malo es que la descomposición hace tótum revolútum y no hay ADN con el que comparar los pobres restos de quienes fueron. Da igual. Había que montar el circo y demostrar cuánto nos importa la cultura... tanto, que estamos dispuestos a gastar 100.000 euros o lo que haga falta en buscar los huesecitos. Después, claro, en justa compensación, hay que montar el tinglado de la antigua farsa, colocar los micrófonos y llamar a todo quisque para salir en la foto y en los enlaces de internet, todo, por supuesto, aderezado con las convenientes sonrisas y con los convenientes comentarios de siempre: "hemos hecho un esfuerzo..." "este es un día grande para la cultura española..." "se ha hecho justicia..." etc. etc...
Y la Cultura... ¿qué dice la Cultura? La Cultura calla y se muerde el labio por no destapar la tragedia. La Cultura calla, como casi siempre, y recuerda el día en que don Miguel murió, pobre y solo y a nadie le importó un carajo. La Cultura calla y olvida, como olvidó los huesos ilustres, porque al fin y al cabo, sólo huesos son y nada más que huesos.
Mientras, la Cultura, la pobre, se aburre, se vilipendia, se carga de impuestos, se usa y se arroja al osario común del olvido español. 
España no sabe qué es la Cultura. España sabe de huesos, de muertos, de cementerios. España sabe de muerte, de ruedos, de sangre y de rezos. ¿Qué esperar de un país que pasea por sus calles a un dios muerto, rodeado de clarines, tambores y personas encapuchadas que portan cirios lánguidos. ¡Viva la muerte!

miércoles, 24 de diciembre de 2014

LA UTILIDAD DE LO INÚTIL O UN LIBRO QUE LOS POLÍTICOS DEBERÍAN LEER (SI ES QUE SABEN)

La literatura, entre otras bondades, corrobora a veces lo que pensamos, dándonos ánimo en nuestras creencias, al ver que lo que siempre hemos pensado, lo que siempre hemos creído, resulta que sí, que era cierto, y alguien, en algún, piensa/pensaba como nosotros y, lo que es mejor, lo llevó a la letra impresa, haciendo de su tesis un hermanamiento por encima de fronteras, nacionalidades y lenguas.
Eso me ha pasado con un libro que recomiendo desde aquí sin reservas: La utilidad de lo inútil, del profesor y filósofo italiano Nuccio Ordine, publicado por la editorial Acantilado.
Siempre he dicho que me dedico a la "industria inútil", entendida ésta como todo lo relacionado con el Arte y, por extensión, con la Cultura.
Nuccio Ordine, en su ensayo, mantiene y defiende la utilidad de lo inútil a través de múltiples citas de estudiosos, filósofos y literatos, desde Ovidio a Italo Calvino (por citar solamente dos extremos en el tiempo).
La utilidad de lo inútil, demuestra que lo primero en ser recortado en esta crisis, es, paradojicamente, lo más necesario, pues es la Cultura lo que da sentido a un pueblo, lo que le dota de identidad propia, lo que le enriquece y le hace más humano, lo que, en definitiva, le separa de otras especies vivas y le da entidad divina (si es que un ateo puede hablar de soplo divino).
El enanismo mental de nuestros dirigentes promueve y ampara constantemente un empobrecimiento sistemático, una especie de holocausto espiritual que arrasa con todo y que está sembrando de pobreza estética y ética todo lo que pilla con su apisonadora lamentable.
Un pueblo sin Cultura, sin Arte, es un pueblo dócil, adocenado, aburrado, sometido a dictámenes estultos, a mensajes aborregantes que hacen de la violencia y la masificación, gestos cotidianos; que hacen con lo fácil arribismo, con la inercia acomodaticia, tabula rasa, con el impulso consumista, vacío existencial.
No es  nueva esta situación, aunque ahora es más grave, por la facilidad con que se extiende la mentira, apoyada en medios comunicativos que no comunican nada, sino que apabullan y machacan.
Termino con unas frases que pronunció Víctor Hugo el 10 de noviembre de 1848, pero que podrían haber sido dichas ayer, hoy mismo:
"...las reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. son insuficientes desde el punto de vista financiero y nocivas desde  todos los demás puntos de vista..."
Y prosigue:
"¿Qué momento se elige para poner en cuestión todas estas instituciones a la vez? El momento en que son más necesarias que nunca, el momento en que en vez de reducirlas, habría que expandirlas y ampliarlas".
Para terminar, Hugo afirmaba:
"¿Cuál es el gran peligro de la situación actual? La ignorancia. La ignorancia aún más que la miseria..."
Recuerdo que estas palabras están dichas en 1848, en la Asamblea Constituyente francesa, frente a la propuesta hecha por los ministros de turno de querer recortar la financiación de la Cultura...
Saber del pasado, una vez más, nos enseña sobre nuestro presente. ¡Y de qué manera!

jueves, 10 de julio de 2014

LA CULTURA, OTRA VEZ

El pasado martes tuve la suerte de asistir en San Sebastián a un encuentro con el escritor rumano Mircea Cartarescu. Hombre sencillo, con un gran sentido del humor, Carterescu habló de literatura (cómo no) y de sociedad; de literatura y de recuerdos (cómo no). Hubo  una cosa (por señalar alguna) que me llamó la atención: recordando su infancia, Mircea nos comentó que en Rumanía, en la época socialista de Ceausescu, estaba casi todo prohibido; desde luego estaba prohibida gran parte de la literatura contemporánea con alguna sospecha de contener cualquier indicio de libertad o de crítica al sistema. Curiosamente, y dado que apenas se podían leer creaciones contemporáneas, se leían los clásicos. Los jóvenes no veían series americanas de televisión, pero leían a Cervantes; los niños no tenían teleñecos (o su equivalente socialista), pero leían a Tolstoi. Así, la gente, aún en el entorno gris cotidiano del realismo socialista, tenía una estupenda base de cultura universal, clásica. Se podría decir que eran cultos a su pesar.
Es curioso cómo los regímenes totalitarios, en su afán por destruir la Cultura (y por ende la libertad), a veces, consiguen lo contrario. De rebote, claro; sin quererlo, claro.
Todos los gobiernos dictatoriales, de cualquier ideología, se han afanado siempre en dirigir la Cultura, en encauzar el pensamiento, creando caminos únicos, fuera de los cuales todo estaría prohibido; todo sería subversivo; todo sería peligroso para el régimen, pues nada hay más peligroso que el libre pensamiento, que la libre información. 
En esta Europa (y por ende, en esta España) en la que se hace bandera de la Cultura, de la democracia y del estado de bienestar (o lo que queda de él), no estaría de más plantearse si, realmente, disponemos de una Cultura libre (es decir, no dirigida); si los canales de acceso no están manipulados; si somos realmente libres o si, simplemente, nos creemos libres.
Tenemos, sí, internet y todo lo que conlleva; estamos hiperconectados a través de todo tipo de cacharros electrónicos; la inmediatez está asegurada: lo instantáneo. Me pregunto si también la idiotez está asegurada, si la urgencia a suplido a la reflexión, si el pantallazo ha hecho lo propio con el análisis.
¿Somos libres, de verdad, o vivimos mirándonos en un espejo convenientemente orientado a mostrar los horizontes que interesan a quienes nos gobiernan?
En cualquier caso, y como medida profiláctica, recomendaría una buena dosis de lectura de clásicos, aunque no tengamos encima un régimen de los de antes... ahora no existe el "régimen": ahora estamos a régimen.

jueves, 3 de abril de 2014

UNA PARÁBOLA

La parábola del sembrador (Mateo 13:1-9, Marcos 4:1-9, Lucas 8:4-8) es una de mis preferidas. Resumiendo: la semilla que cae en terreno baldío o lleno de abrojos, se agosta y muere; la que cae en tierra buena, se multiplica y da fruto.
En estos tiempos, publicar un libro de poesía ¿es lanzar semillas en terreno yermo?... y más si este libro es de poesía visual, aún más desvalida y rara que su hermana, la discursiva. 
Bueno, pues como sembrador inconsciente, aquí me encuentro, aventando semillas de poesía. Muchas caerán (me temo) en suelo baldío o entre malas yerbas, que es como decir que caerán entre la indiferencia que provoca la extrañeza o entre la apatía que genera nuestro pobre ambiente cultural, tan vilipendiado, tan recortado, tan denostado por algunos particulares, por algunas instituciones oficiales o, en fin,  por algunos oficiales-institucionaleselegidosdemocráticamente. 
Claro, también caerán semillas en terreno estupendo, no seamos tan negativos. Gracias por abonar esos terrenos, compañeros.
En cualquier caso, para quien le pueda interesar, adjunto cartel del evento, acto o reunión cuasi-clandestina (si no con vocación secreta, sí discreta).



                                                   
Quien tenga oídos para oír, que oiga.

lunes, 3 de febrero de 2014

FELIX VS LUIS O ALGO MÁS QUE DOS NOMBRES PROPIOS

La semana pasada fallecieron Félix Grande y Luis Aragonés. Poeta uno y futbolista el otro. Los dos, únicos en sus respectivas actividades; los dos, grandes en sus oficios. 
Lo que me planteo desde aquí es el seguimiento informativo, sobre todo televisivo, que han tenido estos óbitos. Mientras el fallecimiento del futbolista se reseñó hasta la saciedad en todos y cada uno de los telediarios, sin escatimar tiempo ni espacio, el del poeta pasó como de puntillas (eso si pasó, porque alguna cadena ni siquiera lo mencionó).
La televisión puede ser (y lo es) reflejo de un país, aunque no sé muy bien si aquella es reflejo de éste o al contrario: éste lo es de aquella. En cualquier caso, lo que está claro es la importancia que se le da aquí a la Poesía (y por ende a la Cultura) y la importancia que se le da al deporte (perdón: al fútbol). Nada que ver. 
Siendo como han sido los dos personajes de quienes hablo, grandes, parece ser que uno (o lo que representa ese uno) merece más la reseña informativa, el Prime Time, que el otro (lo que representa el otro). 
No se trata de tú eres más o menos que yo; se trata de apreciar lo cada uno hace y la influencia que cada uno tiene en algo tan importante (eso creo al menos) como la Cultura, que es barómetro fidedigno de la situación espiritual de un país.
Pero eso (la Cultura) quizá sea demasiado pedir en un país ensimismado (o idiotizado) con el balón y los contratos millonarios de estrellas balompédicas. Eso (la Cultura) se hace diariamente, y no usa patadas para crear, ni insultos, ni gritos, ni hooligans, ni alirones, ni vuvucetas... vamos ¡una pena! ¿Cómo se va a comparar un estadio rugiente con un poema? ¿Cómo una chilena con un haiku? ¿Cómo los millones que genera la Roja con las reflexiones que propone Félix Grande? 
Y para terminar: ¿Quién lee poesía en este país, estando el Marca? Mariconadas.

Post scríptum: de las noticias de las muertes de Jose Emilio Pacheco, Juan Gelman o de Claudio Abbado (poeta mejicano el primero, poeta argentino el segundo y director de orquesta italiano el tercero), mejor ni hablamos.

viernes, 8 de noviembre de 2013

LA CULTURA, LOS TOROS, EL PORTAVOZ

¡Ya son los toros Patrimonio Cultural de España! 
Un portavoz del PP  aseguraba que él quería tener LIBERTAD (cómo se usa esa palabra cuando conviene) para acudir a un acto cultural como son los toros!!!, que él quería que la Cultura  fuese accesible para todos!!! Cojonudo, absolutamente de acuerdo si no fuera porque este señor identifica Cultura con toros y parece ignorar el resto de "culturas". Es decir: vamos a proteger al toro y todo lo que conlleva, sí... lo demás... ¿es Cultura? ¿Vamos a facilitar, de verdad el acceso a la Cultura? ¿Vamos a sentar, de una puta vez, las bases para promocionar, promover, proteger y alentar la Cultura? CULTURA con mayúsculas, necesaria, absolutamente necesaria para el alimento del alma; CULTURA para el enriquecimiento del espíritu, para crear personas libres, inteligentes, capaces de discernir el bien del mal, lo ético de lo inmoral; CULTURA para hacer de la persona, persona en el más profundo sentido, persona enfrentada a la animalidad (que no al animal), enfrentada a la bestialidad, a la estulticia, a la barbarie, a la uniformidad que imponen (o tratan de imponer) los sistemas corruptos y perversos; CULTURA, en fin, para dignificar la palabra ciudadano/a; CULTURA que da las herramientas que ennoblecen la vida y la elevan de la simple supervivencia...
Señor portavoz, yo quiero esa CULTURA, no la de la sangre, la de los rejones y la muerte. No quiero los claros clarines a las cinco de la tarde, a las cinco en punto de la tarde.
Este país tiene una larga Historia, una larga tradición de muerte, de aceros, de inquisición. Es una Historia que pesa, sí, como un saco lleno de tripas y orejas cercenadas. Pero también están Quevedo y Falla y Ramón y Cajal y Velázquez y El Greco y Unamuno y Albéniz y Jorge Manrique y Narciso Monturiol y Mónico Sánchez Moreno y Sánchez Cotán y Picasso y Cernuda y Tomás Luis de Victoria...  A cuestas con España, sufriéndola, haciendo CULTURA, de verdad. Déjeme, señor portavoz, con ellos y quédese usted con la sangre.