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martes, 9 de diciembre de 2014

DÍA INTERNACIONAL DEL LAICISMO

El 9 de diciembre de 1905 se proclamó en Francia la "Ley de Separación del Estado de las Religiones"; casualmente, en nuestro país, otro 9 de diciembre, pero de 1931, se proclamó la Constitución de la II República... 
A lo que iba: hoy, día 9 de diciembre, se celebra el "Día Internacional del Laicismo y de la Libertad de Conciencia". Ahí es nada. Fijo que pasa desapercibido en los telediarios patrios.
"Laicismo", por si hay alguien a quien la palabreja le resulte extraña, significa "doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa" (D.R.A.E.)
Es tremendo que en el siglo XXI, aún persistan cosas que más parecerían propias del medievo. No voy a entrar aquí en un tema tan espinoso como es la existencia o no de un Dios superlativo. Pero sí convendría reflexionar un poquito sobre la influencia que la Iglesia Católica ha tenido y tiene en nuestra España, aunque eso es, por supuesto, tarea extensa y sabida por todos... no hay más que hojear someramente la Historia.
Los crucifijos siguen presidiendo escuelas, oficinas oficiales, siguen arrojando su alargada sombra sobre Biblias en ceremonias de juramentos, desfiles patrios y toda clase de actos. Los pueblos (todos) tienen, obligatoriamente, una patrona o patrón que, además de santos, protegen con supuestos milagros históricos al ciudadano de bien. La Policía y demás cuerpos estatales tienen su virgen de turno a la que se le conceden medallas al mérito. Los pasteleros, los músicos, los escribanos, los maestros... todo los gremios tienen su milagro propio y su propio protector/a, que los ampara con su manto.
La religión lo impregna todo, todo lo manipula, todo lo configura. Aún se ve a los ateos, o simplemente a los laicos, como gente rara y de poco fiar ¡si no creen ni en Dios! El Poder, con mayúsculas, siempre ha ido de la mano de la religión, convenientemente atado a ella, formando, no una Trinidad, sino una dualidad indisoluble donde no se sabe dónde empieza uno o dónde acaba la otra. Me da igual qué clase de religión de practique. Alá, Dios,Yahvé o Brahma. Y detrás, la mano que empuña el crucifijo y el pecado que caerá sobre nuestras espaldas siempre culpables. Para eso están el Estado y la Religión: para protegernos de nosotros mismos. ¡Que Dios nos pille confesados!

martes, 26 de agosto de 2014

PEREGRINOS CON PEDIGRÍ, VIEIRA Y GUARDAESPALDAS CAMUFLADOS TAMBIÉN DE PEREGRINOS

La señora Merkel visita España; acude como ¿peregrina? a Compostela y se declara devota del Santo en un arrebato casi místico a lo Santa Teresa (casi, casi). La señora Merkel recorre el camino de Santiago (bueno, unos centímetros de camino) flanqueada por guardaespaldas mimetizados también de peregrinos con conchas que a su vez camuflan cámaras de alta definición y capas que guarecen pistolas... por si acaso, que la cosa está muy, muy malita.
A la señora Merkel no le tiembla la voz al dar su apoyo incondicional al señor Rajoy, que para eso es discípulo aventajado y político coincidente al 100 % en  la conspicua tarea del recorte y el "continuado esfuerzo" por la instauración del mini job y los desmantelamientos varios.
Produce cierto sonrojo ver a tan ilustres peregrinos posar con el cayado y la concha de vieira, con cara de relajadas circunstancias, atuendo informal (rollo sport, pero sin llegar al look rumano del chándal y la camiseta sin mangas) y mirada al frente, conscientes de su momento feliz, responsables como son de lo que está pasando (me refiero a la recuperación, claro).
No sé si la Merkel habrá rezado en español o en alemán; no sé siquiera si será católica y creerá en santos y otras parafernalias romano-católicas (lo dudo); no sé si su fe religiosa (sea cual fuere su índole) dará para creer en milagros económicos o en milagros a secas; no sé si al abrazar al apóstol habrá pensado en la frialdad de la imagen, si  se habrá preocupado por poner carita de santa o (quién sabe) habrá musitado algún deseo para cuyo logro se necesite la intercesión divina: que se recupere la dignidad en el trabajo, por decir algo... en fin, que no sé nada.
Y después de una fatigosa jornada entre periodistas captando momentos felices, irrepetibles instantáneas cogidas al azar (controlado); después de hablar... ¿de qué habrán hablado? ¿en qué idioma lo habrán hecho?..  después del buen rollito colegui con ribeiro y percebes, llegó el momento esperado (por Rajoy): el reparto de poder: esto para ti, esto para mí; aquello para vosotros, lo demás para nosotros... etc. etc.
Si es que son como niños cambiando cromos: éste lo tengo, aquel no; te doy dos por el cráneo de vida y color... ¡Ah, qué tiempos aquellos en que la vida y el color iban de la mano!

lunes, 30 de abril de 2012

DAMOCLES O LA ESPADA QUE NO CESA

Cuando el adulador  Damocles, según la leyenda griega, ocupó el lugar de Dionisio II, rey de Siracusa, para disfrutar de los placeres del poder, no se percató de la pesada espada que sobre él colgaba, sujeta a una fina crin de caballo. Cuando se dio cuenta del peligro que corría, el miedo se apoderó de él y se apresuró a recuperar su anterior posición de simple cortesano. Dionisio le aleccionó de lo que supone el poder: algo que de lejos es tentador, pero que es frágil y que, en cualquier momento, te puede destruir.
Así, la leyenda ha permanecido como la representación de un peligro inminente que puede desatarse en cualquier momento, sin previo aviso. En realidad es una metáfora sobre los peligros del poder y de su fugacidad.
No sé si nuestros gobernantes conocen esta leyenda. No sé si, conociéndola, se sentirán aludidos. Lo que sí se es que Damocles, actualmente, somos todos, día a día amenzados por esa espada que nadie sabe quién sujeta, pero que si sabemos caerá sobre nosotros en forma de recortes, subidas de impuestos y otras lindezas. Pero el poderoso, el gobernante de turno, ha de saber que la espada está también sobre sus cabezas, y que lo que hoy es oropel y vítores, mañana podrá ser llanto y crujir de dientes. Y que la espada, (llámese Historia) es justiciera y, tarde o temprano, pondrá a cada cual en su justo lugar.