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viernes, 27 de julio de 2018

REGENERACIÓN!!! O CLARO ELOGIO DEL DRAE

Transcribo dos acepciones del verbo Regenerar, según el DRAE: 1- "Dar nuevo ser a algo que degeneró, restablecerlo o mejorarlo" y 2- : " Hacer que alguien abandone una conducta o unos hábitos reprobables para llevar una vida moral y físicamente ordenada". 
Parece de dudosa aplicación este verbo (repito: regenerar) viendo los resultados del XIX Congreso del PP y observando cómo los políticos sobrevivientes a la votación compromisaria  maquillan su aversión por el "compañero" contrario con gestos de fingida democracia y golpecito en la espalda (que aquí no pasa nada y todos somos compañeros remando en la misma dirección, porque lo que importa es el partido y nada más y no poner palos en las ruedas y aquí no hay ideologías contrarias, ni paralelas, ni nada de nada, sino un único horizonte, es decir: mandar a Pablo al ostracismo, a Albert a la mierda y al otro Pablo a su chalet de 600 y pico mil euros). 
Hemos asistido a un espectáculo en directo, (del que hemos visto lo justo) en el que dos bandos han luchado por presidir un PP en descomposición. Bien. Los dos prometían regeneración, porque el hedor en Génova 13 era (¿es?) bastante notable y había que sacudir las alfombras y abrir las ventanas un poco para que circulara el airecillo. A todo esto, las luchas intestinas han salido a flote y por mucha "integración" que haya, no es posible disimular sonrisas más falsas que el beso de Judas, ni el bulto que señala la presencia del puñales ocultos, prestos a saltar sobre los omóplatos contrincantes con la precisión de una ballesta asesina. 
Dicho esto, ¿qué regeneración se puede esperar, viendo los nombres "nuevos"que Pablo Casado saca a la palestra? ¿Qué regeneración, cuando la presencia de Aznar (José María) planea otra vez sobre el ideario neoliberal, azul y blanco? 
Pablo Casado, nuevo delfín de la derecha, reparte saludos y agradecimientos a diestro y ¿siniestro? mientras mira de reojo las sombras y las pesadas cortinas tras las que pueden acechar los ojos de Soraya. Pero no pasa nada; esto es cosa normal en la política: que se lo pregunten a César (el pobre), aquel que fue apuñalado por (entre otros) Bruto, al que apreciaba como a un hijo. 
Propongo ahora una tercera acepción del verbo regenerar: "Someter las materias desechadas a determinados tratamientos para su reutilización". ¡Viva el DRAE!, que ha dado, otra vez, en el mismísimo clavo. Y sin ideologías sospechosas de rojez, rubor, ni giros izquierdistas. 

lunes, 12 de octubre de 2015

EL BAILECITO

Se abrió la veda del baile; del baile de los políticos, se entiende. Dicho sea en el doble sentido que sin duda ya habrán captado los inteligentes lectores: baile como danza y baile como vaivén, cambio y perpetua  permutación de "ahora estoy aquí, mañana... no sé".
Pero vayamos a la danza. 
Cuando uno cree que se acostumbró a los ocurrencias de los políticos, resulta que no: que aún caben la sorpresa y la estupefacción (al menos en mí). Los gabinetes ocultos que "cuidan" la imagen del político, que la limpian, la fijan y le dan esplendor, han decidido que ellos (los políticos) deben bajar a la arena del pueblo y hacer, si necesario fuere, el ridículo, con tal de empatizar con el populacho y arañar el voto de algún indeciso (que no tendrá las ideas claras, pero al que gustan los Chunguitos y Paquito Chocolatero). 
La cosa no es nueva. Hace tiempo que ya vimos, por ejemplo, a doña Espe, bailar el chotis (castiza ella); a Rita Barberá participar en una coreografía salerosa; a Fabra... y hasta al mismo Obama o al Príncipe Carlos de Gales, que a gracia no hay quien le gane. 
También hemos visto coquetear a algún dirigente en programas televisivos más o menos casposos, guiñando el ojo al coleguita que se supone te mira como diciendo: "anda, si resulta que a éste también le gusta el Hormiguero y el furbol..." Humanos al fin, como el menda.
Luego vino Miquel Iceta y destapó definitivamente la caja de Pandora bailonga de una manera más desinhibida, más bullanguera si cabe. Lo último han sido los pasos de la Vicepresi Soraya, que se arrancó con un bailecito aparentemente inocente y espontáneo, pero tan calculado y tan medido como la coreografía del Lago de los Cisnes. Si hay que bailar se baila, pero con cabeza ¿eh? No vayamos a sobrepasar el listón del ridículo en exceso. Un poquito para que se vea que llevamos el ritmo en las venas y no sólo de promesas vive el discurso político.
¿Populismo? No; eso para los de Podemos. Dejémoslo en popular (que no es lo mismo ¿eh?); hagamos honor al partido que nos parió. 
Y es que los políticos también lloran. Y bailan. ¡Vaya si bailan! O algo que se le parece.