Mostrando entradas con la etiqueta Social. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Social. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de diciembre de 2011

BLANCA NAVIDAD

Lo de las "navidades blancas" es el gran tópico invernal instalado en nuestro inconsciente colectivo. No importa que no nieve. No importa que estemos en el desierto: son blancas y basta. La gente sigue colgando de los balcones horribles hombrecillos vestidos de rojo, se siguen encendiendo luces más o menos horteras y los peces siguen bebiendo en el río (y beben y beben y vuelven a beber).
Quizá esperemos esas navidades de Dickens o de Capra, en las que la bondad triunfaba sobre una maldad estereotipada. ¿Necesitamos creer que algo bueno hay ahí, aunque sea una vez al año, con regalos para quien se lo pueda permitir? ¿Necesitamos la parafernalia de bolas y langostinos, de cenas y de loterías? ¿De verdad hay alguien que cree que hay que ser bueno (al menos solidario) a plazo fijo?
Me gustaría creer en el ser  humano y, de paso, en el espíritu navideño. De momento, seguiré con la duda sistemática, aunque, de vez en cuando, me coma alguna figurilla de mazapán y beba y beba y vuelva a beber.

lunes, 12 de diciembre de 2011

DEMAGOGIA BARATA (TODOS SOMOS CULPABLES)

Terminada la 2ª Guerra Mundial y expuesto a la luz en toda su crueldad el genocidio que los nazis perpetraron contra judíos, disidentes políticos, gitanos y un largo etc. hubo (y hay) quien exculpó al pueblo alemán: "porque ellos no sabían lo que pasaba". Falso. Todo el mundo sabía lo que pasaba. Pero era más cómodo mirar hacia otro lugar, seguir con la vida como si tal, lo más cómodamente posible. El problema no era de ellos; era de los demás. Digo esto, porque seguimos igual que los alemanes en el 45: los problemas son siempre de los demás. Nos importa más un rasguño en un dedo de nuestra mano que el cáncer terminal del vecino; nos importa más el goteo del grifo de nuestra cocina que una inundación en Indochina; nos importa más conseguir el último iPod, que la situación del parado que vive en nuestro piso... etc. etc.
Claro, se me dirá que no podemos afrontar el dolor ajeno, bastante tenemos con el propio. No habría capacidad para aguantar tanto dolor: por eso nos defendemos así, con la autoignorancia, con la coraza del "allá ellos". No somos egoístas, somos supervivientes. Si alguien se muere de hambre no es problema mío: para eso están los políticos, para solucionarlo ¿no?
Pero yo creo que somos culpables. Somos culpables todos, sin excepción, de todo el dolor inútil, de todas las injusticias, de todo el mamoneo político y no político, de toda la estulticia y de toda la desigualdad del mundo. Somos culpables por mirar hacia otro lado. "Ande yo caliente y ríase la gente", decía el clásico. Llevaba razón. Ande yo caliente y muéranse de frío los demás.
Haré algo de demagogia barata (como todas): mientras preparamos (hablo en plural mayestático) las cenas de navidad, que lo sepáis, alguien se está muriendo de hambre. Sé que no importa nada de nada. Sólo lo apunto para que colguemos en el árbol navideño un nombre cualquiera, un muerto cualquiera, un parado cualquiera. ¡Qué bonito, poder ver ese nombre entre las luces que parpadean! ¡Qué bonito y qué rico está el mazapán! ¿O no?

miércoles, 28 de septiembre de 2011

URNAS EN LONTANANZA

Otra vez empieza el espectáculo de las campañas electorales.
Cuando se huelen en lontananza las urnas, los políticos empiezan su particular carrera en un empeño desenfrenado por la promesa, por el carisma fácil, por el beso apresurado al niño que enarbola la mamá de la primara fila. Sí, es tiempo del abrazo compadrito (fuerte y con sonrisa espléndida); del "más son ellos" (pero que mucho más); del  (como diría el jovencito de los Simpson) "yo no lo hice, yo no estaba allí"; del "esfuerzo" (¡de tantos esfuerzos no va a quedar nadie sin hernia!); del  "tú decides" (ahora sí, luego, ya veremos); del "cambio necesario" (no cambiar por cambiar, así, a lo loco; no); del "ahora empieza una nueva era" (no importa que antes hiciéramos las cosas mal: ahora sí que lo vamos a hacer muy, pero que muy bien); del "tu voto es importante, fundamental: piedra angular de nuestra democracia" (piedra, sí, pero en el zapato de ¿quién?); del recorrido por mercados, fábricas y centros varios (que nunca se volverán a pisar); del recorte presente como seguro del recorte futuro...
Y uno asiste al espectáculo con cara de póker, pero sin as en la manga. Y uno no sabe si reir o llorar. O si escribir a los Reyes Magos (más Magos que Reyes) para pedir otro mundo, porque tu reino no es de éste (mundo).

jueves, 28 de julio de 2011

MAPAS

Me acuerdo de esos mapas que coloreábamos en  las escuelas: mapa físico y mapa político. Metáfora, poemas visuales que, sin saberlo, representaban y representan realidades enfrentadas: lo geográfico, lo político; lo creado por la naturaleza y lo creado por los hombres; lo que se nos da y lo que nos inventamos; lo que tocamos (y vemos) y lo que nos hacen ver (y no tocamos, pero sufrimos).
Dos en una; lo blanco y lo negro; lo que huele a incienso y lo que huele a azufre; lo bueno (para unos) y lo peor (para los otros). Los unos y los otros enfrentados: los unos contra los otros. Duelo a garrotazos. Clarividencia de Goya. El sueño de la razón que produce monstruos, antropófagos, duelos y quebrantos, ajo y natillas, paella y gazpacho. Y los  unos contra los otros. Y tu vida por un "quítame aquellas pajas"; tu vida o la mía; tus ideas o las mías; la cal o el carbón; lo que quema y lo que es quemado. La pira. La inquisición. Y vuelta a empezar, porque yo soy mejor que tú. De toda la vida, de toda la muerte. O tú o yo, pero no los dos, porque somos, sí, dos caras de una moneda. Y la moneda o cae de aquí o cae de allá, pero no de canto, porque el equilibrio es difícil, imposible, diría. Para eso están los funambulistas, los monstruos de circo. Lo demás es gravedad, física pura: o lo tuyo o lo mío. Y no lo repito.

miércoles, 27 de julio de 2011

EL ORDEN DE LOS FACTORES

En la cárcel y con miedo. Ahí estamos. Este estado "de bienestar" está sostenido por miles de trabajadores que, aún estando en condiciones lamentables de precariedad y malpago, siguen dando, día tras día, gracias por tener trabajo. Miles de trabajadores que acuden al tajo con el miedo de ser el último día que acuden ahí. No importa que sus sueldos apenas lleguen (si es que llegan) a los 1000 euros; no importa que se hagan jornadas con horarios esclavistas; no importa que no haya revisiones salariales dignas, ni convenios colectivos que se respeten, ni derechos sindicales estables. No importa. Se tiene trabajo. Demos gracias a Dios y al Santo Patrono que nos permite llegar a fin de mes ahogados, sí, pero vivos. Demos gracias porque son los otros (y no yo) quienes están en las colas del paro. ¡Vagos más que vagos! Cierto que trabajar, a veces, sale muy caro, pero ya, lo que cuenta es el trabajo en sí mismo, como valor único. Lo que nos den por él da igual: tenemos trabajo y basta. Y cuidado con lo que se dice, no vaya a ser que se piensen que no queremos trabajar... ¡hasta ahí podríamos llegar!
¿He dicho antes estado de bienestar? ¿No debería haber dicho de estar bien? ¿O es que no es lo mismo? A veces, el orden de los factores sí altera el producto. Pues eso.

martes, 19 de julio de 2011

NO FUTURE

Un caballo tira de un carro; sobre el carro un jinete porta una caña de cuyo extremo cuelga una zanahoria; la zanahoria pende a pocos centímetros del hocico de la bestia, los suficientes para que nunca la alcance, los suficientes para que el animal crea que la pueda alcanzar (alguna vez). Así, el caballo correrá más, tratando de alcanzar la hortaliza. Por supuesto, nunca la alcanzará.
La zanahoria es el futuro: ese futuro que nos atenaza con el miedo indeterminado de "lo que pueda pasar". El miedo que desde niños nos meten en el cuerpo: "ahorra para cuando seas mayor; no gastes, no vaya a ser...; no digas lo que piensas porque mañana te podrán hacer"... etc. etc. Así surgen planes de pensiones y cartillas de ahorro; así se aceptan condiciones de trabajo leoninas; así se guarda el trago de vino para cuando se tenga sed de verdad, no ahora, que beberías por puro vicio...
El futuro: esa cosa tan abstracta, tan confusa, tan vaga; esa cosa utilizada para instalar el miedo, para atornillar el miedo, otra vez, en el centro de nuestra mente. Y nosotros, tirando del carro, queriendo agarrar esa zanahoria que nunca conseguiremos. Y el jinete, tan pancho, tan ricamente, jugando con nuestro plan de pensiones en no se sabe qué bolsas. Eso sí: nos promete que podremos disfrutar de una vejez estupenda, después de pagar los impuestos que ahora creemos haber ahorrado. Ahorre hoy, viva tranquilo. El futuro le espera, soleado, nítido. Recuerde: no viva hoy, vivirá mucho mejor mañana (si es que llega).

lunes, 4 de julio de 2011

CONFESIONES DE UN ATEO

¿Cuántas veces hemos escuchado a nuestros políticos hablar? ¿Cuántas veces, la efigie parlante del político se ha asomado a las pantallas de tv. repitiendo lo que estamos hartos de escuchar? Y ¿cuántas veces, ese discurso manido ha llegado con convicción a nuestros oídos? Escuchamos sus palabras como quien oye llover: como un sonido de fondo monótono, que está ahí, empapándolo todo, pero no transcendiendo nada.
Bustos parlantes: eso son, en su mayoría. Bustos que nos dicen lo que es mejor para todos (no importa que queden atrás algunos cadáveres: es lo mejor y basta. España lo quiere, España lo necesita, España lo reclama, España lo pide a voz en grito, pobre España desgañitándose ¿no la veis?).
Y nosotros Amén. Sin entender nada. Amén. Juntemos nuestras manos en oración para rezar al dios que todo lo sabe, que nos salvará, a pesar nuestro, como el domador domará al león y lo hará pasar por el aro porque así será más civilizado, más humano, no esa bestia salvaje que ruge como un energúmeno ignorante: el pueblo.
Y que Dios nos pille confesados (y eso que soy ateo, que si no...)

martes, 28 de junio de 2011

¿EN QUÉ QUEDAMOS?

El ciudadano estupefacto observa cómo, de pronto, tiene que circular a un máx. de 110 Km./h. en lugar de a 120. Transcurridos unos meses, lo que antes era panacea para acabar con el gasto petrolífero, recurso infalible para disminuir las muertes en carretera, para acabar con la contaminación... ahora no vale nada. Se vuelve a la velocidad de 120 Km./h. con velocidad mayor aún. Las fábricas de pegatinas hacen su agosto; los obreros se preparan para una larga noche en la que trabajarán contra reloj (bien está, pues son horas extras)... Se nos dice que se ha ahorrado no sé cuántos millones en los meses pasados, pero que, ahora, al bajar el petróleo,  no se hace necesario mantener la medida!!!! ¿No se trataba de ahorrar en estos malditos tiempos? ¿Y las vidas que supuestamente se salvaban al circular más despacio? ¿Ya no interesan?
Uno se pregunta cómo se calcula el ahorro (supuesto) que se ha logrado; cómo se cuantifican las vidas que se han salvado; cómo se aprecia el supuesto impacto ambiental que se había mejorado...
Pero, sobre todo, uno se pregunta quién gobierna nuestras vidas, quién decide a qué velocidad debemos ir; qué cantidad de alcohol es más o menos perjudicial; qué nivel de colesterol debemos mantener; cuánto debemos pagar a Hacienda; en qué momento se atrasan o adelantan los relojes; cuántas sardinas debemos comer para estar sanos...
Lo que antes valía, ahora es una caca y viceversa: lo bueno de antes es lo malo de ahora.
Y no me mire demasiado, porque lo que antes era una simple mirada, puede ser ahora amenaza, o aojamiento ¡Que rectificar es de sabios, aunque rectificar tanto pueda ser de inútiles, de improvisadores o de ignorantes! (Elija usted).

jueves, 23 de junio de 2011

VISIÓN DE UN VIEJO ARISTÓCRATA

"Hay que cambiarlo todo para que todo siga igual". Esta célebre  frase de Lampedusa es ahora más cierta que nunca. El viejo aristócrata vio en el derrumbamiento de su clase social la metáfora perfecta de lo que habría de venir: la llegada de la nueva clase burguesa; el arribismo de los políticos; la ascensión imparable del capital; la degradación de ciertos "valores" como caldo de cultivo para la aparición de otros (más espurios, ciertamente);  la sustitución de unos privilegios por otros en aras, no de unas ideas, sino de unos intereses... 
Con los escombros de una sociedad, de una manera de vivir, se cimenta otra que  sustituye en formas (pero no en fondo) a la anterior, erigiéndose en la única posible, en la única salvadora. Todo lo anterior se tacha de caduco, de rancio, de obsoleto y todo lo nuevo es sano, útil, progresivo, conveniente, extraordinario, definitivamente moderno. Con los escombros de las mezquitas se hicieron catedrales; con las lápidas de los infieles se cimentaron ermitas; en ruinas de fábricas se han construido salas de exposiciones, centros culturales, residencias... etc. etc.
Todo cambia, todo permanece.
El río fluye constante, parece el mismo siempre, pero nunca es igual (es verdad, Heráclito). Sin embargo hay cosas que parecen distintas y, desde luego, son las mismas. Siempre y por siempre. AMÉN.

martes, 21 de junio de 2011

UNA PREGUNTA TONTA

¿Cómo es posible que para "facilitar y promover el empleo" se promulguen leyes que facilitan (y mucho) el despido? Esta pregunta tonta, que parece un atentado a la inteligencia, es una pregunta que me hago a menudo. Y creo ser de los pocos que en este país se la hace. Supongo que soy corto de miras y no llego a comprender las razones (enormes, sesudas, macroeconómicas, dificilísimas, supertécnicas, siempre tomadas en aras del "beneficio social" ¡faltaría más!) que han llevado a perpetrar semejante dislate. Mientras me sigo estrujando los sesos, los patrones, como pequeños oligarcas (muchas veces sin rostro definible), siguen estrujando a los de siempre y el paro no cesa de crecer más y más, amparado ahora en una mayor facilidad y baratura: ¡la flexibilidad laboral, vaya!
Todo esto es como si para promover las dietas (siempre en beneficio del ciudadano) nos ofreciesen las cartas de los restaurantes más baratas, más apetecibles y más hipercalóricas y, además con vales descuento por cada plato consumido. Sí, ya: al final, el responsable es el consumidor, que es muy glotón y no sabe mirar por su salud. (en realidad no sabe nada de nada).  Mira que se nos dice: "cuidaros mucho, que el colesterol es muy malito..." pero no hay manera, nosotros con la manía de seguir comiendo. ¡Lo tenemos merecido por glotones!

viernes, 17 de junio de 2011

LOS NUEVOS PLANETAS

En este tiempo de crisis permanente (en todos los sentidos), no me deja de asombrar que haya algunas cosas que no lo están: es más, se desarrollan y crecen como las bacterias en el agua corrompida. Una de esas cosas es la publicidad del "buzoneo" (horrible palabra entre todas). Todos los días vemos las puertas de nuestras casas invadidas por papeles de colores chillones que nos "ofertan" desde televisores de plasma hasta patatas, desde cremas solares hasta chuletones. Esta invasión de papel me hace pensar en cuántos árboles ha sido necesario cercenar para completar esta marea de tinta y mensajes consumistas. Las cadenas de supermercados, electrodomésticos, droguerías, muebles, colchones y un muy largo etc. nos atestan de papeles que, en el mejor de los casos, terminan como fondo del cubo de basura. Los precios, convenientemente remarcados en estrellas rutilantes, se mezclan con los restos de patatas y sardinas en una amalgama que recuerda la futilidad de la vida misma. Lo que era color espléndido es ahora estorbo, fósil que molesta con su oferta ya caducada (todas las ofertas ¡ay! caducan siempre).
Mientras, nos hacemos verdes, ecologistas, concienciados con esta Tierra abrumada. Mientras,  nos siguen ofertando miles de aparatos inútiles que acabaremos comprando, aunque no sepamos muy bien para qué hacen falta.
Me imagino una cordillera de papel que avanza lenta, inexorablemente. Recorre las calles de los pueblos hasta las puertas de las casas. Sigue avanzando.  Invade los pasillos, las alcobas, las cocinas... sale por las chimeneas. No queda lugar para nadie. Desaparecemos entre anuncios obsoletos. Los planetas han cambiado de nombre: Eroski, Lidel, Mercadona, Carrefour, Caprabo... Los dioses se van de compras.

jueves, 16 de junio de 2011

DOCTOR MUERTE (UNA DE MIEDO)

Algo va mal en el sistema, muy, muy mal. Un sistema basado en el crecimiento continuo y desmesurado de la economía (de algunas economías), en el crecimiento avaro de los beneficios de unos pocos, no puede sostenerse mucho tiempo más. Los beneficios, repito, deben crecer a costa de lo que sea, y de una forma absolutamente gigante: una especie de elefantiasis que va devorando lo que tiene a su alrededor para hacer crecer los bolsillos de multinacionales, bancos y asesores varios, que apenas pueden ya soportar el peso de sus monedas atesoradas. Pero hay que ganar, ganar siempre... mil millones hoy, tres mil mañana, cien mil el año que viene... si no, la cosa no funciona, es un fracaso... lo que no son multimillonarias ganancias son desmesuradas pérdidas... y claro, hay que cortar, podar por lo  sano (o por lo insano). Lo dice el sentido común!!!! de los gurús económicos, de las oficinas oscuras que desde no se sabe dónde, califican y estigmatizan a gobiernos, a países, a ciudadanos... porque hay que ganar, hay que ganar más, MÁS, MÁS, MÁS... Sí, por supuesto que, a cambio, hay que hacer pequeños recortes, pequeños retoques sin importancia: rebajar salarios, quitar pensiones, subir impuestos, iniciar sistemas de copago sanitario (¿no querrán, encima, ponerse enfermos?), limitar derechos de negociación colectiva... etc, etc.
Na!, bagatelas.
Ahí están ya. Los cirujanos económicos, los salvadores del estado "del bienestar", con sus bisturís de precisión, con sus tijeras de plata: cortando, recortando. Ya han amputado dedos, manos, brazos; ahora empiezan por las piernas: pronto serán muñones. Y la gente, el enorme cuerpo social, será un tronco, solo, tirado en la mesa de operaciones, abriendo la boca, pidiendo un poco de agua, mientras le queda aún lengua (también ésta está amenazada). ¿Y saben lo mejor? Ese cuerpo aún sonríe. Grita, o mejor, susurra al oído del doctor Muerte: "¡Doctor, qué bien que aún tengo trabajo, qué bien que aún le puedo pagar el acero que me va a cortar, de una vez y para siempre, el último muñón que me queda!"

martes, 14 de junio de 2011

UNA DE LAS DOS ESPAÑAS

Siempre he creído que eso de "las dos Españas" era un tópico, cosa de literatura, frase machadiana, situación -en cualquier caso- que se dio en algún momento histórico felizmente superado. Mucho me temo que me equivocaba. Ahora, el espectáculo (sí, ESPECTÁCULO) de las últimas elecciones, me ha hecho reflexionar y comprender que ese tópico no era tal, sino una realidad latente, incrustada en las grietas más finas de nuestra sociedad (o de nuestra suciedad). De pronto, los odios más mezquinos, las rencillas más atávicas, afloran con la excusa más o menos evidente del "tú eres más; tú lo has hecho mucho peor; tú, y no yo, eres el culpable de todo; VOSOTROS lo habéis hecho..."
La democracia es alternancia, pero no sólo eso: es sensatez; es diálogo; es enfrentamiento; es respeto profundo por el otro, porque NADIE tiene la verdad absoluta, NADIE tiene la potestad de salvar a nadie en aras de no sé qué idea/s.
No, no me gusta nada que haya salvapatrias, ni me gusta que se usen banderas, ni me gusta que se use el nombre de España en vano. Uno es de la patria que lleva en el corazón, y ésa no necesita de símbolos implantados: se lleva y ya está.
¿Para cuando un poco de sentido común? ¿Para cuando poder ser uno sin estar en contra del otro? ¿Para cuando poder aprender de una vez de los errores de la historia? ¿Será verdad que somos tan estúpidos, tan egoístas, tan estultos..?
Espero que Dios, si es que nos hizo, no nos hiciera a su imagen y semejanza. No puede ser que el Creador fuera tan malo.

miércoles, 8 de junio de 2011

LA PRÓXIMA REVOLUCIÓN

Algo, evidentemente, huele a podrido y no solo en Dinamarca: el hedor es tan grande, que es difícil soportarlo sin hacer muecas de asco constantemente. ALGO PODRIDO, MUY, MUY PODRIDO está instalado en los rincones... ¿pero qué digo en los rincones....? en todas partes, delante de nuestras narices (nunca mejor dicho). Este hecho, tan evidente, forma ya parte de nuestras vidas y muchos lo han aceptado como cosa, no ya natural, sino INEVITABLE. No; no lo es. Desde todas partes se están levantando voces que nos gritan que no lo es: no es inevitable, no es natural. Ya es hora que la gente con sentido común, gente harta, gente exprimida, se organice de una vez para barrer toda la basura que nos aplasta. Se llaman movimiento 15 M. Se podrían llamar MOVIMIENTO SENSATO o, simplemente CIUDADANOS, así, con mayúsculas.
Desde aquí, con toda la humildad y toda la fuerza posible, me uno a ellos, porque soy uno más en esa masa de indignados  que pensamos; uno más entre la gente que quiere no ser gobernada por quienes, a su vez, son gobernados.
Tiempos difíciles estos, donde el interés prima sobre el individuo, donde el individuo no es nada sino es por lo que produce, por lo pueda aportar a quienes le lanzan estúpidos y falsos paraísos, realidades virtuales que se pagan con la moneda más cara de todas: con la libertad de pensamiento, con la creencia de que somos libres, mientras, claro está, colaboremos a poner nuestra piedra en el muro que nos cierra, nos atonta, nos envilece y nos anula.
Todas las revoluciones han surgido de crisis económicas. ¿Para cuándo la nuestra, la de todos? Hay muchas Bastillas que tomar. Empecemos por tomar la de NUESTRO pensamiento.

martes, 24 de mayo de 2011

DE DEMOCRACIA

Recuerdo las primeras elecciones de la nueva democracia (uno ya tiene sus años) y las comparo con estas últimas. Comparo la ilusión de algo que comenzaba (o recomenzaba) y que costó sangre, sudor y lágrimas conseguir, con el casi fastidio que ahora supone el hecho de tener que cumplir con este "derecho-deber ciudadano", el tener que tragarse durante semanas mensajes manidos, insultos, descalificaciones varias, llamadas que atentan las más de las veces contra la inteligencia del elector medio. ¿Qué ha cambiado en este periodo de tiempo, por otra parte no tan largo? ¿Qué se ha desgastado, qué ha desaparecido? Mantener la ilusión que sustente la esperanza de los ciudadanos, que les haga (que nos haga) creer que el cambio sí es posible, que es la piedra angular sobre la que se sustenta la democracia, supone un esfuerzo quizá demasiado grande y, desde luego, diario. Pero el cambio real, no el simple cambio de siglas, no el simple cambio de caras. La democracia es compromiso, participación a todos los niveles,  poder entrar en la cotidianidad con el ánimo necesario para creer que es posible alcanzar otras realidades distintas a  las que nos proponen desde arriba (desde muy, muy arriba). Necesitamos ¡ya! sabernos dueños de nosotros mismos, creer firmemente que no somos productos económicos teleridigidos desde pantallas de plasma por anónimas manos grasientas de euros y de poder. No somos cosas: somos personas, individuos que piensan, razonan y sienten. Eso creo, eso espero, eso deseo. Mucha gente se dejó lo mejor para conseguir esto que tenemos (o algo parecido) y que llamamos democracia. Luego vinieron las perversiones, las deformaciones de un espejo aberrante. Y nosotros miramos hacia otro lado. O no miramos. O peor, miramos y nos creímos lo que vimos, y seguimos tan felices, creyendo que éramos libres y soberanos porque, una vez cada cuatro años, metíamos unas papeletas en unas urnas de plástico como quien echa un número a la lotería. A ver si toca.



lunes, 2 de mayo de 2011

LA TABLILLA

Hay en mi pueblo (Manzanares) tres lugares en los que se dan cita, en una especie de acuerdo tácito, multitud de personas. Son unos puntos de encuentro a los que acuden todas las clases sociales, sin distinción, con el ánimo lleno de curiosidad (yo diría que de morbosidad); acuden con la presteza de la llamada urgente, algo así como una llamada animal que respondiera a ancestrales mensajes genéticos.
Me refiero a "la tablilla". Llámese así (vox populi) el lugar donde se expone la esquela que anuncia la reciente muerte de alguien. Pues bien, esta "tablilla" es el lugar sin duda más visitado del pueblo. El anuncio de la muerte ajena genera, además de sana-insana curiosidad, una especie de alivio por ver que aún no nos ha tocado, que aún estamos vivos (no como otros). El alivio de sentirnos más vivos, o el alivio de ver que nuestro enemigo desapareció (ése que se creía inmortal, ése que nos fastidió tanto tiempo, de una manera tan injusta...) Claro, también puede producir cierta zozobra al ver que  gente de nuestra generación va cayendo inexorablemente, que corre el escalafón y se aproxima a nosotros por ley de vida (es decir, de muerte). Pero claro, la muerte es éso que le pasa a los demás, siempre a los demás. Ahí está la tablilla para demostrarlo.

lunes, 25 de abril de 2011

LAS MUJERES DEL TIEMPO

Antes había un hombre del tiempo. Uno solo, en blanco y negro: Mariano Medina. Claro, de eso hace mucho. Ahora todo es diferente. Muy diferente: no hay uno, hay docenas. Y no son hombres. En su mayoría son  mujeres. Las mujeres del tiempo. Han pasado de los grises al "todo color", de la pizarra con tiza a la proyección virtual con Meteosat incluido. Son jóvenes, guapas y (supongo) suficientemente preparadas. Ahora las curvas de las isobaras nos llegan de una manera más amable, rodeadas de otras curvas más carnales y de rouge de labios. El signo de los tiempos: la noticia es menos dolorosa (la inundación. la tormenta) si es acompañada por una sonrisa de amplio espectro. En alguna cadena televisiva de no sé qué país, las mujeres del tiempo aparecen casi en cueros; evidentemente lo que dicen es lo de menos, lo importante es lo que se muestra. Así las cosas uno piensa si esta reflexión será válida para todo lo que aparece en televisión: ¿es más importante el fondo o la forma? Las tetas o los anticiclones. Lo que se muestra (lo que aparece) o lo que se quiere transmitir (si es que se quiere transmitir algo). La nada o el mensaje. ¿O el mensaje es la nada?

martes, 19 de abril de 2011

LA NUEVA PORNOGRAFÍA

Delante del televisor veo asombrado un reportaje "de investigación". El tema: cómo viven los ricos, qué casas tienen, qué coches, cuántos abrigos de visón, cuántas joyas, cómo tiran de supervisa (ya sé que esta palabra no existe, pero sí su concepto)... etc. etc... En tiempos de crisis (para algunos) nada mejor que ver cómo los que tienen viven como Dios mientras los demás miramos como estúpidos en un ejercicio de empatía dirigida a mostrarnos esos paraísos "cercanos" que nunca tendremos, pero que, sí, deben existir, como deben existir los personajes de los cuentos y los políticos; como deben existir las catedrales y las favelas.
La realidad convertida en ficción por arte de la tele. Lo real pasado por la trituradora de la telebasura, convirtiendo en telenovela todo lo que toca. La nueva pornografía (ahora más), la nueva indecencia: el alarde del derroche frente a los ojos que miran el espectáculo desde abajo con la certeza de quien nunca será protagonista de la película, pero que se cree por unos momentos que, a lo mejor, todos somos iguales, porque todos podemos salir por la tele y, mire usted, igual sale el chabolista que la marquesa; igual nos habla el yonqui que el alto ejecutivo de impecable traje. Como la Coca-Cola (icono del pop y democrática bebida): es igual para el millonario que para el mendigo. Sólo unas pequeñas diferencias... apenas nada. Una cuestión de decorado: el salón de fondo, el armario repleto de Armani, los relojes de oro, la piscina climatizada, el brillo obsceno de las joyas... por lo demás, todos iguales.
Una conquista social esto de los telereportajes de actualidad, vaya.

miércoles, 13 de abril de 2011

DE RICOS Y DE POBRES

De las muchas maneras en que se puede clasificar al mundo (a las personas), dos han sido, para entendernos, habituales: ricos y pobres. Naturalmente, dentro de estas categorías, se puede hilar más fino, y se puede llegar, en la segunda, desde el pobre de solemnidad hasta el esclavo, y en la primera desde el regente de turno hasta el mafioso más podrido. Pero, al fin: ricos y pobres. En el siglo XIX apareció tímidamente la que después sería la clase que sustentase la economía: la clase media, otrora llamada clase obrera y reconvertida en un eufemismo que huía del lumpen hacia las celestes alturas de la riqueza (mejor del "poder adquisitivo"). Así las cosas, apareció otro tono intermedio entre la pobreza y la riqueza, tono que ha sustentado y contentado a una sociedad "avanzada" que ha querido estrechar la base de la pirámide económica y social, que ha querido ser más rica. Y por qué no.
Ahora, sin embargo, en esta sociedad hipercomunicada, hipercivilizada, hay que cambiar la taxonomía. Ya la división está en tener trabajo o no tenerlo, aunque esta última categoría se pueda subdividir en: los que nunca tuvieron trabajo y los que lo han perdido.
¿Por qué digo todo esto? Resulta que, en uno de mis paseos, he visto un paisaje (un paisanaje) que hacía tiempo no veía: gente durmiendo en las calles, gente tirada, pidiendo; mejor dicho: gente sentada en el quicio de cualquier puerta, con la mirada perdida, exponiendo su pobreza a la conmiseración del paseante. No extendían la mano en gesto suplicante, no. Con la dignidad de quien es consciente de su tragedia, callaban, miraban al suelo, no se atrevían a decir nada. Solo un  cartel escueto dicía: "Tengo hambre". A sus pies, muchas veces, un perro tan famélico como el amo, dormía. No sé quién me dio pena (o más rabia). Ambos, perro y amo callaban y nos señalaban a todos, aunque no con el dedo. Ambos nos decían que algo no va bien, que algo huele a podrido (y no eran ellos, precisamente) en esta sociedad del bienestar (¿o era del bienestar?).
Siento vergüenza y miedo, pero no soy capaz sino de esperar (siempre esperar) esa revolución que reduzca, de una vez por todas, la dual clasificación (ricos y pobres, con sus matices) a una sola categoría: la de seres dignos y libres. Mientras, admiro a ese perro que duerme y parece ignorarlo todo, menos el cariño de su amo; ese perro que no quiere ser humano porque, quizá fue humano en otra vida y sabe lo que un humano es capaz de hacer, lo que un humano es capaz de fingir, lo que un humano es capaz de matar.

viernes, 8 de abril de 2011

EL AVANCE DEL DESIERTO

Desierto¿Medio lleno o medio vacío? me pregunto mirando el vaso. No sé. Hace tiempo que tengo sed y no me atrevo a beber, porque no sé si me beberé la mitad de la abundancia o la mitad de la miseria. Mientras, sigo pasando sed y me sigo preguntando si lo mejor no sería romper el vaso de una vez e irse a beber a una fuente. Estamos demasiado acostumbrados a beber en envases: nos dan el trabajo hecho, nos facilitan la vida... y, de paso, nos la joden. El desierto avanza. Las fuentes escasean. Los vasos sobran... Pero nos seguimos preguntando. ¿Qué cuesta preguntar? Pero encontrar la respuesta... eso es harina de otro costal. Pero usted pregunte, pregunte. Mientras pregunta yo me beberé el agua. Después, romperé el vaso.