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sábado, 30 de diciembre de 2017

NEWTON, EINSTEIN, CERVANTES, DON GAIFEROS, MELISENDRA,OSIRIS, MAAT, AMMIT... O ESTO ES UN LÍO DE PELOTAS

Hay quien, en estas fechas, hace balance del año que pasó, apuntando en un hipotético libro el debe y el haber de los días pretéritos. Contable de acciones y omisiones, apunta con afilado lápiz los números rojos y los azules, como si (si tuviéramos ocasión) se pudiera rehacer lo que equivocadamente deshicimos o deshacer lo que tan mal hicimos. Inútil empeño, claro, que tan solo sirve para (en el mejor de los casos) tomar conciencia de nuestra fragilidad, de nuestra terquedad o de nuestra estupidez. Pero seguimos en la linde, caminando sin haber aprendido apenas y (lo que es peor) sin ganas sinceras de enmendarnos (suponiendo que sea enmendable nuestra actitud, que sea corregible para mejor...).
Los antiguos egipcios creían que, al morir, llegaban ante la presencia de Osiris, quien procedía a pesar su alma para comprobar si el difunto había pecado o no; para ello ponían en el plato de una balanza el corazón y en el otro plato la pluma de la diosa Maat; si la balanza de equilibraba, era prueba de que  el difunto fue justo y podía pasar al reino de los muertos; si el corazón pesaba más que la pluma, Ammit, un monstruo con cabeza de cocodrilo, devoraba el corazón y con él las esperanzas  de ingresar  en  el Más Allá. 
No sé... a mi me parece que eso de "hacer balance del año" tiene mucho de la ceremonia egipcia ante Osiris y ponemos la pluma de Maat como contrapeso para comprobar el debe y el haber. Claro que aquí somos arte y parte y podemos ayudar a equilibrar el fulcro añadiendo o quitando gramos al corazón... engañándonos un poco (pero... ¿a quién engañamos?).
A todo esto hay una cosa clara: nunca seremos tan jóvenes como somos ahora mismo, cuando leemos esto. Y nunca podremos equilibrar el peso muerto de las piedras inútiles que portamos, si no comprendemos que la ley de la gravedad de Newton ya está cuestionada desde que se conoce la teoría de la relatividad de Einstein. 
Pero me pierdo por las curvas y las transversales, como aquel trujamán del Quijote, que relataba la historia de don Gaiferos y su esposa Melisendra, en el retablo de Maese Pedro, al que contestó el Caballero Hidalgo, después de escucharlo no sin impaciencia: "seguid vuestra historia en línea recta y no os metáis en curvas o transversales; que para sacar una verdad en limpio, menester son muchas pruebas y repruebas". Pues eso.

lunes, 28 de diciembre de 2015

OTRO MÁS (OTRO AÑO, ME REFIERO)

Como procede, adjunto una "felicitación" de año nuevo, o algo parecido, para quien la quiera.


 Veremos lo que nos espera en el 2016, lleno de pactos, desigualdades y pobreza energética. ¡Ah! y esa unidad de España, tan cañí y amenazada...
Salute per tutti, amici.

viernes, 2 de enero de 2015

EMPEZAR EL AÑO CON SHAKESPEARE (POR EJEMPLO) O CON JULIO IGLESIAS

Naturalmente, el año es nuevo (por el momento) pero la vida no: la vida no es nueva; la vida es como siempre fue, salvo pequeñas diferencias puntuales que cambian de unos a otros para repetirse también, de unos a otros, en un círculo infinito que sólo pretende perpetuarse con un fin que se me escapa, por el mero afán de la supervivencia clónica... ¿para qué? 
Un año nuevo que se repetirá otra vez, desde las campanadas hasta los valses straussianos; desde los turrones hasta los discursos regios; desde las promesas incumplidas hasta la crisis que (ésta sí que sí) sigue ahí por mucho que se empeñen en decirnos que no, que ya ha pasado y que todo va como la seda, sobre todo en la bolsa y en los bancos, claro.
Pereza me da pensar siquiera en la avalancha de promesas que se nos avecina ante las elecciones próximas; pereza me da imaginarme la cantidad de cintas inaugurales que se cortarán; pereza infinita me da escuchar tertulias y discursos tan vacíos como las cabezas de los que los dictan, de los que los leen, en una repetición aburrida y desesperante.
¿Vida nueva? ¿Año nuevo? Yo creo ya que ni lo uno ni lo otro, pues me parece estar en el día de la marmota perpetuo, como en aquel que imaginó Harold Ramis en "Atrapado en el tiempo".
Déjà vu perpetuo esto de los años, de la vida, de las estaciones climatológicas, de la corrupción...
y si no, véase lo que puso Shakespeare en boca del príncipe de Aragón, en su Mercader de Venecia, acto II, escena IX:
"¡Oh, si fuera posible que los bienes, las jerarquías, los empleos, no se alcanzaran por medio de la corrupción! ¡Si fuera posible que los honores se adquirieran siempre por el mérito del que los obtiene! ¡Cuántos hombres andarían vestidos que ahora van desnudos! ¡Cuántos con mandados que mandarían! ¡Cuánta baja rusticidad se encontraría al separar el buen grano del verdadero honor , y cuánto honor se recogería entre los escombros y la ruina hechas por el tiempo, para restituirle a su antiguo esplendor!"
Este fue escrito aproximadamente en 1596. Pues eso, Julio Iglesias: que todo sigue igual.

martes, 1 de enero de 2013

CONCIERTO DE AÑO NUEVO

Uno de enero, enciendo la televisión: concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena. Como siempre, los Strauss por un tubo, el Danubio Azul y la marcha Radetzky con palmas incluidas. Como siempre, paisajes idílicos, de postal turística; rosas inmaculadas de fondo; bailarinas con tutús coloristas; sala llena de atentos oyentes; tomas en picado de la televisión austriaca; primeros planos de angelotes dorados y buen rollo, como de familia Trapp... bonito, todo muy bonito. Quizá demasiado.
Al compás de 3x4 nos llegan felicitaciones y sonrisas desde un "marco incomparable". Una forma agradable de empezar el año. Una forma donde no cabe lo feo, ni lo cutre, ni lo marginal. Una forma ahormada desde el centro de una Europa que parece no estar en crisis, no padecer las penurias del sur. Un bombón perfecto relleno de buenas intenciones que empalaga un poquito y que podemos degustar vía catódica, ya que no podemos estar entre los elegantes burgueses de la Sala Dorada del Musikverein.
Sabemos que, al final, sonará el Bello Danubio Azul; sabemos que, al final del final, sonará la marcha Radetzky... y sin embargo seguimos viendo el concierto como si fuera la primera vez.
Es cierto, jamás bailaremos el vals en un salón de espejos dorados. Tampoco vivimos aquel tiempo en que los valses y las polcas sonaban entre un susurro de sables y cascos de húsares. ¿Un anacronismo, pues? ¿O un regalo como de nube de azúcar para endulzar lo que tenemos entre manos? 
Apago la televisión. El silencio de la resaca de Noche vieja se escucha tras los cristales. A lo lejos, un vals tímido, casi difuso... ¿un vals? No, claro que no. Viena queda ya lejos, como quedan lejos los ballets, el Palacio de Schoenbrunn y el Bello Danubio Azul. ¿Un vals? Dejémoslo en un pasodoble, que tampoco está mal, y es más castizo ¡carajo!