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jueves, 31 de diciembre de 2015

IZQUIERDA Y DERECHA (DELANTE, DETRÁS, UN, DOS, TRES)

Últimamente tenemos la percepción de que las ideologías políticas son cosa del pasado y que éstas (las ideologías) han cedido el terreno a los intereses; así, el pensamiento desaparecería para ser sustituido, simplemente, por la economía y, todavía más, por los intereses bastardos. Ejemplos mil tenemos de lo que está pasando en nuestro país y corremos el peligro grande de hacer tabula rasa a todo lo que huela a política. Bueno, yo creo que hay que destarar o separar la paja del grano. Aún.
A ver, por decirlo resumidamente: Sí, hay derechas e izquierdas; aún las hay y me temo que siempre las habrá, porque es algo consustancial al ser humano, a su dualidad. Hay un ánimo, una manera de hacer las cosas, una manera de priorizar (qué palabreja tan de moda), una escala de valores, una intencionalidad, unos (sí, también) intereses. Por supuesto.
Los términos "izquierda" y "derecha", en política, provienen de 1789 (ya ha llovido), de la Asamblea Nacional Constituyente surgida de la revolución francesa, en la que se discutía un artículo de la nueva Constitución, en la que se quería establecer el veto del rey a las leyes aprobadas por la futura Asamblea. Los diputados que estaban a favor de la propuesta, se situaron a la derecha del presidente de la Asamblea y los que estaban en contra (los que apoyaban la soberanía nacional por encima de la autoridad real, del mantenimiento del poder absoluto del monarca) se situaron a la izquierda.
Desde entonces, aparte de la situación física, las cuestiones de fondo siguen siendo las mismas, pese a quien pese y por muy anticuadas que se nos quieran hacer ver.
Las izquierdas (pues hay grados y matices) priorizan lo social, la representatividad popular, la protección laboral, el asociacionismo, el laicismo, la intervención del Estado en los servicios públicos, los impuestos proporcionales y progresivos,  la descentralización administrativa y política... por citar algunas cosas.
La derecha (y aquí sí que no hay fisuras) defiende lo privado, la unidad familiar tradicional, la defensa de la religión, la no intervención (o la intervención mínima) del Estado en los servicios públicos, la reducción, por tanto, de los impuestos, la militarización, el centralismo, la privatización de servicios, la economía libre (o neoliberal)... por citar algunas cosas.
Si hay quien cree que todo es igual, se confunde. Si acaso, hay políticos que podrán ser iguales; no las políticas. Ésas siempre estarán ahí, aunque alguien se crea a salvo de ellas, aunque alguien se crea incontaminado y "pase" de la/s política/s. 
Cuando alguien me dice "yo soy apolítico", sé que estoy frente a alguien que es, directamente, de derechas. Y a mucha honra, claro, aunque él/lla lo niegue como Pedro negó al Maestro. Y lo hizo tres veces antes de que cantara el gallo.


sábado, 7 de febrero de 2015

DERECHA, DERECHA, IZQUIERDAS, IZQUIERDAS...

Habría que preguntarse por qué la izquierda tiene en nuestro país una tendencia (yo diría que natural) a fragmentarse, a dividirse, a atomizarse, a vaporizarse (perdón por el pleonasmo).
Es curioso que se hable de izquierdas (en plural) y de derecha (en singular). Pareciera que la derecha es siempre monolítica y en su piña sabe muy bien lo que quiere y se presenta sin fisuras ideológicas, como el monolito aquel que aparecía en 2001: Una odisea del espacio y ante el cual los hombres y los simios quedaban desconcertados por una imponente presencia que pudiera significar mucho y nada.
Habría que mirar un poco a nuestra historia más reciente (apenas unos años atrás) para ver la derrota de una guerra incivil causada, en gran medida, por la división intestina de una izquierda (CNT, FAI, republicanos, comunistas, socialistas...) que no siempre supo a dónde iba. La derecha, en cambio, lo tenía claro. Y así pasó.
Ahora, años después y en otras circunstancias bien distintas (aunque quizá todo sea repetición con leves variantes), la historia de repite: la izquierda vuelve a dividirse como un átomo de nitrógeno bombardeado por partículas alfa, en un enfrentamiento cainista que no se comprende bien. 
El lema que Julio César aplicaba divide et impera, divide y vencerás, en su lógica aplastante, consigue lo que no consiguen las armas de guerra. La división del enemigo es su punto más flaco, su talón de Aquiles. En el horizonte siempre habrá un enemigo compacto al acecho para tomar las barricadas. Siempre.
La derecha, única, vs. izquierdas, múltiples. Siempre fue así, incluso cuando las ideas y las posiciones no tenían estos nombres: las ideas, los sentimientos son los mismos antes que ahora; con Espartaco o con La Pasionaria; con Rajoy o con Pablo Iglesias (me refiero al fundador del PSOE). En este enfrentamiento atávico, antes lleno de banderas, proclamas y sangre y ahora lleno de declaraciones, panfletos, descalificaciones y acusaciones, vemos un horizonte con bunkers graníticos frente a los cuales avanzan a tientas unas izquierdas que pretenden salvar al mundo pero no son incapaces de salvarse a sí mismas; que son incapaces de unirse, de olvidar singularidades para reafirmase en lo fundamental.
Dios (eso lo sabe todo el mundo) es de derechas, de toda la vida. Quizá por eso sembró en las izquierdas la maldición de la torre de Babel, imponiéndoles lenguajes distintos que hacen imposible el entendimiento. ¿Cuándo se impondrá, de una vez, la sensatez del esperanto? 
Mientras, cabría preguntarse si tenemos lo que nos merecemos, respondiendo a la pregunta Almodovariana de ¿qué he hecho yo para merecer esto? ¿Qué diablos hemos hecho? 

jueves, 29 de marzo de 2012

DERECHA, CHINOS Y OTRAS MODERNECES

La derecha se moderniza. Para empezar, ya no es de derechas: ahora es de centro; ya no usa rosario ni traje negro, ahora viste de diseño y lleva bolso de Loewe, de a 3000 euros; ya no habla latín para seguir la misa, ahora habla alemán para enterderse con la Merkel; antes leía Mein Kampf, ahora lee Camino; ya no tiene iguala con el médico más reputado del pueblo, ahora le atiende una clínica privada; ya no lleva el dinero en la faltriquera, ahora usa tarjeta Visa oro; ya no va al casino a tomar café y puro, ahora acude al parqué de la bolsa. Por supuesto, considera que la huelga es una forma muy antigua de reivindicación y que los sindicatos están absolutamente obsoletos, que son cosa del siglo XIX o, como mucho, de principios del XX. No, ahora es otro tiempo. Las cosas cambian. Los derechos de los trabajadores, su dignidad... ¡antiguallas! Eso para Espartaco. La protesta... ¡habráse visto semejante reliquia! La derecha costumizada propone al obrero (ahora mencionado trabajador) una modernización radical, ¡que ya es hora de dejar el mono, hombre! Ahora hay que copiar a los chinos: vivir para trabajar, acatar, callar, rendir... y  dar gracias por ello, porque, con los millones que hay esperando a la cola... ¡Eso si que es modelno, pero modelno, modelno de verdad!!!