Mostrando entradas con la etiqueta Elecciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Elecciones. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de junio de 2016

LOS OTROS, EL TORO DE OSBORNE Y EL CABALLO DE ESPARTERO (ENTRE OTRAS COSAS): UNA REFLEXIÓN POLÍTICAMENTE INCORRECTA

Después de la última jornada electoral, una pequeña reflexión sobre lo sucedido, para intentar comprender las causas del descalabro de la izquierda y saber el porqué de la subida del PP.
Bueno, saber, lo que se dice saber, es un decir, porque ni los más sesudos analistas políticos saben la razón última de tamaño resultado, oscilando las posiciones analíticas entre la incredulidad y el pasmo. Incredulidad que el propio PP tiene al conseguir estos resultados; pasmo que IU-Podemos aún no ha digerido.
¿Qué pasó? ¿Por qué un partido que nos sorprende día a día con un caso nuevo de corrupción, sigue ahí, tan curro, sacando pecho y diputados? En cualquier país sensato, estas cosas habrían pasado una factura altísima al partido; aquí, lo ha aupado como  la espuma, emitiéndose, de una manera colateral, el mensaje de que el electorado premia más a quien más se corrompe (!¡). Así de simple y así de ilógico.
Los politólogos harán copiosos estudios sobre las causas del resultado; los sociólogos harán lo propio; los etnólogos, los barrenderos del barrio, el panadero que nos vende la barra diaria...
Yo voy a aportar mi granito de arena, de una manera políticamente incorrecta:
Creo que se ha votado "por mis cojones". España es un país cargado de testosterona: ahí está el caballo de Espartero y el toro de Osborne... y ahí están, encima de la mesa, los testículos cuando la razón falta. De nada sirve razonar cuando es la hormona esteroidea sexual la que prima: se hacen las cosas porque sí, !por mis cojones¡ Y punto. ¿Que son corruptos? Me la pela. ¿Que han traído aún más desigualdad? Pamplinas. ¿Que han formado tramas de financiación ilegal? Pues qué cosa. ¿Que han evaporado cientos de millones públicos y los han licuado luego en cuentas de amiguetes? Pequeñeces. Y así ad nauseam... 
El caso es que no lleguen los otros. ¡Ah, los otros!: la otredad, lo diferente, la amenaza latente. El miedo. El miedo meticulosamente administrado con dosis de caballo, día tras día, machaconamente. El miedo, la sinrazón y los cojones. ¿Por qué? Ya lo he dicho: porque sí, por mis tales... y el que quiera que lo tome y el que no, que le den. Y no hay otra; no hay otros.

lunes, 9 de mayo de 2016

UNA ENSALADA DE HOSTIAS O UNA LECCIÓN DE DEMOCRACIA

Se ha abierto la veda de los cazadores de votos. Otra vez comenzamos con las campañas electorales (aunque me pregunto si alguna vez salimos de ellas). Situados en este tiempo, la cuestión (o cuestiones) es (son): 
¿Qué cosa(s) nos dirán que no nos hayan dicho ya? ¿Qué promesas nos harán que no nos hayan prometido ya? ¿Qué nueva justificación nos revelarán por no haber llegado a algún acuerdo sensato? ¿Acaso lo que no han hecho en tantos meses, lo harán ahora, justo ahora? ¿Sacarán de la chistera el definitivo conejo mágico por arte de birlibirloque? ¿Qué nueva sonrisa nos mostrarán para llevarnos al huerto de la urna? ¿Qué lógica aplicarán para justificar el menosprecio que entre ellos se tienen y, de paso, el que tienen por toda la ciudadanía rasa? ¿Qué harán para que "ahora sí; antes no"? ¿Por qué tenemos que reafirmar nuestra confianza en cualquiera de ellos ahora, cuando han demostrado que el pacto es imposible, que la unión es ciencia ficción, que las poltronas son el fin, que no hay un mínimo común múltiplo, pero sí  ni un máximo común divisor?
La base de toda Democracia es, por definición y lógica, el diálogo. Lo opuesto al diálogo son las dictaduras, las tiranías y la estulticia. Quien no esté preparado para el diálogo, quién se crea que está en la posesión de la verdad única, quien se crea el elegido para salvar la patria, quien diga aquello de "o conmigo o el desastre total"... ése (esos) necesita(n) con urgencia un lavado de democracia y humildad para ponerse mínimamente a la altura del Pueblo al que aspiran representar.
Mientras tanto, uno mira con sorpresa las estadísticas, pues, cuando menos, es sorprendente que el PP siga apareciendo como ganador, después de los despueses (después de sus despueses). No sé qué habrá que hacer en este país para perder la confianza del Pueblo. ¿Más corrupción aún? ¿Más nepotismo? ¿Más recortes? ¿Más pantallas de plasma? No sé. 
Yo es que no entiendo, supongo que debo ser de otro planeta y no me entero de nada en absoluto, mientras sigo en mi platillo volante dando vueltas, tratando de encontrar una pista donde poder aterrizar decentemente... mientras, me las dan todas, pero todas, en el mismo sitio. Una ensalada de hostias, vaya. Y duele.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

UNO: ¿NÚMERO, UNICIDAD, YO MISMO...TÚ?

Uno es gilipollas, tonto del culo, memo redomado, idiota de baba. Uno es uno: es decir, número simple, unidad mínima singular lindando el cero, que es como decir la nada, que es como decir el limbo (y eso que ya no existe, según aseguran sus otrora creadores). Pero Uno, a pesar de todo, número es, aunque mínimo y despreciable y matemáticamente cuenta pese a quien pese y cuenta, milagrosamente, en la rueda estadística. Ya se sabe: "un grano no hace granero pero ayuda al compañero". Uno, considerado como  grano que debe sumarse a otros en el granero enorme del recuento estadístico, del recuento democrático que juega con matemática y leyes d'Hondt; Uno, repito, número que cuenta (poco o nada, infinitesimal criatura que suma o resta, pero nunca multiplica), pero número y sólo número uno, sin rostro, que ni siente ni padece; Uno que es uno y que no sabe lo que quiere porque es inútil, analfabeto y maleable...
Uno no sabe ya qué es mejor: si llegar a la extenuación por el cabreo o llegar al éxtasis por la desidia y el aburrimiento. Uno, cabreado y aburrido, en aleación hecha por elementos aparentemente contradictorios, pone cara de gilipollas (ya lo dije al empezar) y asume su unicidad, pero ya no como número uno, ni como infinitesimal guarismo. Uno asume su singularidad y hace de su cabreo bandera y se suma (esta vez sí) a tanto número disperso y errabundo a la espera de que todos los números abandonados tomen conciencia de su singularidad, de su potencia y hagan algebraica ecuación para echar de una vez a tanto matemático manipulador, a tanto busto parlante como guiñol de feria, pero, eso sí, proyectado ahora desde el plasma.
Lo que no se ha hecho en los cuatro años pasados... ¿se hará en los próximos cuatro? Lo que el sentido común de ahora, dicta... ¿no lo dictaba antes? ¿Qué ha cambiado, que antes era firme, inamovible peña, inevitable y "dolorosa" decisión? 
¿Y los números? ¿Quién maneja los números, los pobres números como tú, como yo, como el otro. Los que suman, el que resta... los que  nunca multiplican?

lunes, 8 de junio de 2015

FUMIGACIÓN Y HUÍDA

El nuevo panorama político que se vislumbra después de las últimas elecciones es esclarecedor, aunque parezca lo contrario. Partidos que se creían intocables, inamovibles, han sido tocados de muerte; por otra parte, "políticos" que desde su altura lo gobernaban todo, han salido trasquilados y corren, como ratas huyendo de un barco hundido, hacia otros parajes más cómodos. No soportan estar en la oposición. Ellos no, ¡faltaría más! Antes la muerte o la huida. Que se coman los marrones otros. Yo, sin sueldo ya ni privilegios, me piro y ahí os quedáis. ¿El afán de servicio por el que se supone debo estar aquí? ¿Qué afán? ¿Qué servicio? Yo me presento para ser el número uno; lo demás ni me interesa, ni lo quiero... y me importa una mierda.
Se supone que cuando uno se presenta a unas elecciones es porque quiere estar en política y debe apechugar, sí o sí, con los resultados, sean más o menos adversos. Es como si alguien participara en una carrera con la condición sine qua non de ganarla; si no ¡que me borren de esa lista infame que me puede postrar a puesto segundón o, directamente, al ostracismo de la inopia parlamentaria! No: si participas, lo haces con todas las consecuencias. Eso, naturalmente, si de verdad te interesan tus "ideas" políticas; si de verdad tienes afán de servicio público y quieres luchar por el bienestar de tus paisanos; si de verdad tienes en el coco algo más que no sean intereses espurios, intereses bastardos, intereses  arribistas.
Las últimas votaciones han fumigado gran parte del paisaje político español con una ración de insecticida que ha hecho temblar los rincones oscuros de ciertas madrigueras. Ahora es el turno del pacto y del diálogo (ya saben, esa cosa tan rara que implica raciocinio, discusión e ideas). Tener miedo al diálogo es tener miedo a las razones de los otros; tener miedo a estar equivocado y, lo que es peor: es tener miedo a perder las prebendas, las sinecuras, los intereses. Tener miedo al diálogo es propio de insectos necrófagos a los que sólo interesa la carnaza, cuanto más descompuesta, mejor.

lunes, 18 de mayo de 2015

LETANÍA DEL PROMETEDOR O MONÓLOGO DEL CANDIDATO

Yo prometo que.
Yo afirmo que.
Yo te beso, te abrazo, te miro a los ojos.
Yo insisto en que.
Yo me haré un selfi contigo, te llevaré en mi móvil de diseño.
Yo te daré, ya verás.
Yo te abriré el camino, los ojos.
Yo te salvaré del paro, de la exclusión social.
Yo bendeciré tu casa con mis siglas; mis colores serán tus guardianes.
Yo sabré pensar por ti, hablar por ti; yo te daré la palabra, el pensamiento y la obra.
Yo besaré a tu hijo pequeño, lo levantaré en mis brazos y lo elevaré al cielo de las portadas televisivas.
Yo jugaré contigo, correré a tu lado en mi bicicleta eléctrica.
Yo prometo que.
Yo insisto en que.
Yo redigo lo que ya dije, repitiendo lo evidente, pues evidentemente la razón me acompaña a mí y sólo a mí.
Yo prometo que.
Yo desdigo que.
Yo rectifico aquello por esto.
Yo hablo ¿qué?
Yo afirmo ¿qué?
Yo prometo ¿qué?
Y tú me miras, me sigues babeante, me crees, me adoras, me iluminas con tu sombra.
Tú, que me miras, que me escuchas, que me crees... tu voto ¿cuándo?
Para mí tu voto, sólo para mí.
Para eso ¿qué?
Para eso te prometo, te miro a los ojos, te como el seso.
Tú para mí.
Para mí, para qué, porque sí.
Insisto, persisto, resisto. Aquí. Yo aquí. Tú allí.
¿Por qué? Pues por eso: porque sí.

lunes, 11 de mayo de 2015

POR DECIR ALGO (RAZONES PARA V(B)OTARNOS)

Por decir algo y por empezar con algo; voy al grano:
Os hemos recortado las prestaciones sanitarias.
Os hemos recortado las prestaciones sociales.
Os hemos recortado los derechos laborales hasta dejarlos que ni rocín flaco, ni galgo corredor, ni nada de nada, de nada.
Os hemos recortado las becas, los profesores, los maestros, los apoyos educativos.
Os hemos recortado la cultura (¡ay, ese IVA!)
Os hemos recortado líneas de investigación, investigadores; hemos cerrado centros científicos,
Os hemos subido los impuestos.
Os hemos quitado prestaciones de dependencia hasta llegar a límites crueles.
Os hemos quitado servicios públicos y los hemos privatizado en aras a una efectividad económica que llenó bolsillos amigos.
Os hemos mentido sistemáticamente, porque creemos en una manera de información creativa.
A cambio:
Hemos creado una red de amiguetes corruptos que ahora está aflorando apenas y que todo lo enloda y apesta.
Hemos hecho del decreto ley herramienta habitual (¿para qué perder el tiempo en debatir cuando sobra mayoría?).
Hemos subido las tasas judiciales, porque la Justicia es para el que la paga.
Hemos paralizado la Ley de Memoria Histórica, conservando adecuadamente fusilados cadáveres vergonzosos en olvidadas cunetas.
Hemos creado empleos de chufla que no merecen llamarse así (empleos) porque su dignidad da risa.
Hemos empujado a millares de jóvenes a la emigración con la excusa de pasar unas vacaciones de inmersión lingüística y placer por la aventura.
Hemos financiado actividades políticas con dinero negro.
Hemos cobrado sobre-sueldos bajo palio; perdón: bajo cuerda.
Nos hemos alzado como paladines de la salvación patria, defendiendo a bancos y multinacionales.
Nos hemos enriquecido a base de sueldos autoimpuestos, comisiones y chanchullos, con una alegría que me río yo de la feria de Abril.
También hemos puesto de moda el paddle, ese deporte noble y glamouroso... etc. etc.
¿Qué más os puedo decir? ¿Necesitáis más?
Ahora bien: os pido humildemente vuestro voto. En serio, votadnos. Somos cojonudos y, además, con nosotros el progreso (ese progreso conseguido con vuestro esfuerzo) está asegurado y la crisis... ¿dónde coño está la crisis?





sábado, 21 de marzo de 2015

UNA CHOCHONA ENTRE COJINES DE RASO VERDE ELÉCTRICO O LO QUE NUNCA DIJO McLUHAN (O SÍ)

No sé si a estas alturas de la película habrá alguien que se crea algo de todo este tinglado. Y cuando digo "tinglado", me refiero a la puesta en escena de políticos y adláteres varios.
La campaña propagandística que los diversos partidos están desarrollando en Andalucía, por ejemplo, nos da el nivel exacto de lo que pasará en el resto del país; nos da el nivel, otrosí, de la catadura de los políticos locales/regionales/nacionales (que me da lo mismo). 
La cosa parece, en el mejor de los casos, una barraca de feria en el que los charlatanes de turno vociferan a grito pelado, subidos en una caja de madera, para atraer a cuanta más gente mejor, para vender un perrito piloto o una chochona con cara de tonta perdida, pero que queda tan ricamente como adorno encima de la cama rodeada de cojines de raso verde eléctrico. 
Los charlatanes gesticulan en un ballet aburrido, perfectamente previsible, con un escenario de fondo que siempre es el mismo: personas de buen ver, atildadas, preferentemente jóvenes (pero sin desdeñar a algún jubilado) que asienten sistemáticamente a cuanto el candidato/a asevera; da igual lo que diga, cuán grande sea la burrada que diga; cuán evidente sea la aseveración perogrullesca o cuán grande sea el dislate: ellos/as asienten como muñecos de guiñol activados por hilos invisibles, que recuerdan, por cierto, las entrañables muñecas chochonas antes mencionadas, pero sin cojines. ¡Sí, sí, señor/a! ¡Qué bien habla señor/a! ¡Qué labia tiene usted! ¡Qué razón lleva! Y así hasta el infinito y más allá, en bucle orgásmico de necedad repetitiva.
Mientras, el discurso/arenga, avanza entre tropelías verbales, asciende en curva (suave al principio, empinada después) para precipitarse luego en cénit embriagador en el que se desgañita el orador, inflamándosele las carótidas como tuberías atoradas... es entonces cuando se desata la locura colectiva y el aire se llena de aplausos y gritos de ¡presidente, presidente! mientras sube una música hortera de representación institucional. Los aplausos vienen  y van sin dirección determinada, surgiendo de todas partes como una mascletá sin pies ni cabeza, en justa respuesta a unas palabras similares. Pero suenan, que es lo que importa y todo parece venirse abajo, porque ¡lleva más razón que un santo, señor/a candidato/a!
¿Y los mensajes? ¡Hay, los mensajes! ¿Qué mensajes? ¿Pero es que hay mensaje? No será que el mensaje es el  medio? ¿O era al revés? La hostia. No sé, consultaré a McLuhan, a ver si me saca de dudas, mientras compro una papeleta en esta tómbola enloquecida. ¡Que me las quitan de las manos, oiga, que me las quitan!!

miércoles, 25 de febrero de 2015

PROMETE Y VENCERÁS O COMO VER QUE LA MITOLOGÍA ESTÁ MÁS VIVA QUE NUNCA

A estas alturas de la película, no sé si habrá alguien capaz de hacer un esfuerzo de ingenuidad lo suficientemente grande como para creerse las promesas que surgen a diestro y siniestro por parte de los políticos de turno, inmersos en una precampaña electoral no declarada, pero cierta.
El partido de gobierno promete otra vez lo que ya prometió (aquello de los ¡3 millones de puestos de trabajo!) y se quedan tan panchos. Si antes no pudo cumplir, ahora sí; ya verán cómo ahora sí... solo que para poder verlo, nos tienen que votar, claro.
La cosa, por supuesto, no queda ahí. Se promete de todo: se bajarán impuestos; se subirán ayudas sociales (esas que antes se recortaron) etc. etc.
A nivel municipal, los ayuntamientos pierden el culo por empezar obras que estuvieron latentes, cuando no dormidas, esperando la oportunidad para empezar a remover escombros, talar árboles y sacar lustre a plazas públicas y parques antes abandonados por la desidia del concejal correspondiente, ahora espabilado por la cercanía de las urnas y la posibilidad de reelección. 
Nos mintieron antes; hicieron una política en gran parte contraria a sus promesas; nos mienten ahora.
Debe ser que tenemos muy mala memoria, sino, no se explica que persistan una y otra vez en la misma fórmula de "os prometo..." Hemos tener muy mala memoria cuando no los mandamos a todos al averno del ostracismo más absoluto y seguimos prestando, siquiera sea mínimamente, oídos a tanto canto de sirena. Deberíamos, como Ulises, atarnos al palo mayor de la sensatez y taparnos los oídos con cera para no escuchar tanta vana palabrería, tanta pompa de jabón. Ya saben que las sirenas cantaban dulces melodías que hacían caer a los marineros en un éxtasis que los llevaba a hacer zozobrar la propia nave donde navegaban (¿les suena?).
Mientras, aquí, el gobierno despliega todas sus sirenas, todo su material mediático, una artillería propagandística que nada tiene que envidiar a la de la anterior URSS. Y aplica, una vez más, la máxima: promete y vencerás. Aunque luego, del dicho al hecho, haya mucho, muchísimo trecho. 

viernes, 9 de enero de 2015

FRASES HECHAS ¿MENTES DESHECHAS?

Hablo con la gente y saltan a la  palestra los temas más calientes, inevitables: la corrupción, el paro, la política, los políticos, la crisis (sí, la crisis, ésa que se pretende obsoleta ya)... una retahíla que se repite como un mantra oscuro que parece levitar sobre nuestras cabezas de una manera obsesiva. Da igual donde te encuentres: en la cola del cine, en la cola del paro, en la cola de la caja de cualquier super, en un bar, en la sala de espera del médico, comprando tomates, haciendo fotocopias... da igual; al final, siempre pegas la hebra con alguien sobre la corrupción, sobre la situación actual de la política española, sobre Podemos o sobre "el coleta" vs Rajoy.
Bien. Pues hablando con la gente(*) intercambio pareceres varios y discuto sin ánimo proselitista, procurando moderar las palabras. Lo que escucho me deja, cuando menos, estupefacto. Repito que estoy hablando con cinco personas distintas de una clase social antes llamada "media", sin afiliación política conocida (otra cosa serían las simpatías). En primer lugar, todo el mundo despotrica contra los políticos actuales, tildándoles, en el mejor de los casos, de chorizos; en segundo lugar, unánimemente se reconoce una necesidad de salir de la espiral de ineptitud y corrupción que nos envuelve; en tercer lugar se elevan quejas sobre la pobreza que en ciertas capas sociales se está imponiendo, generalizando una "nueva pobreza" indiscutible y tristísima... podría continuar, pero sería incidir en cuestiones ya obvias por redundantes.
Bien. Llega el turno de hablar de las próximas elecciones. Cara de póquer general. Ante la pregunta (ya sé que indiscreta) de ¿a quién votarías? las respuestas se hacen más y más ambiguas, cuando no se instala un silencio molesto. Salta el tema Podemos y se arma la marimorena: que si son unos rojos peligrosos (como todos los rojos), que si son una bolivarianos (aunque nadie sepa qué coño es esto), que si nos van a quitar el dinero, que si nos van a quitar las casas!!! Para terminar, y después de haber reconocido por activa y por pasiva que hay una necesidad urgente de cambio, alguien sentencia: "más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer" y se queda tan pancho/a.
Así nos va. Instalados en lo malo, nos cuesta siquiera atisbar un cambio a mejor, aunque sea leve. Instalados en lo podrido, el olor nos impide ver otra cosa que no sea un horizonte de basura. Solo nos falta decir aquello de "vivan las caenas". ¿Por qué no? También es una frase hecha que podría funcionar... ¿o ya está funcionando?

(*)Así, en general: entiéndase como personas "corrientes", si es que este término existe y podemos aceptar lo "normal" de una manera tácita, sin tener que definirlo.

lunes, 28 de abril de 2014

TURURÚ, PRINGAO!! O CANTAR UNA COPLILLA

La Historia pude ser aburrida o apasionante, depende del prisma con el que se mire (ya lo dijo el poeta). La Historia es, en cualquier caso, repetitiva, pendular y, hasta cierto punto, previsible: los periodos de paz se alternan con guerras; los conflictos sociales con relativos trechos de paz social... etc. La Historia juega al escondite para aparecer con cara renovada (aparentemente), cuando, en realidad, nos muestra una careta que sólo algunos saben interpretar; una careta que ya mostró antes, en otro tiempo, a otras gentes, como quien muestra una careta de carnaval y nos lanza una pedorreta diciendo: ¡tururú, pringao!
La Historia se repite y nosotros (todos) sin aprender nada. Tenemos memoria de pez o, simplemente, nos es más fácil hacernos el ignorante, cuando no el tonto. Será por la inercia que hace que el cuerpo siempre busque la posición más cómoda posible, la que menor esfuerzo nos supone. Así nos va.
Ahora, otra vez, vuelve el tiempo electoral. Y con él una puesta en escena conocida: promesas, descalificaciones a mogollón, críticas al otro, besos a los niños, sonrisas y aplausos (del candidato/a hacia el público; del público hacia el/la candidato/a). Y vuelta a empezar. Es la ceremonia de la democracia, sí, en parte. Pero no sólo: es la falta de imaginación, es la desvergüenza de algunos, es la mentira santificada en forma de promesa, es el "todo vale", pues el fin justifica los medios y París (o Bruselas) bien vale una misa. Y de fondo (y hablo como ciudadano con ansias de escuchar alguna cosa sensata), de fondo, repito, el aburrimiento de oír lo de siempre, lo que sabemos, aunque algunos pretendan vendernos como nuevo cosas de baratillo, usadas ya, ajadas.
Y mientras, las urnas esperan, vacías aún, en su quietud de papeletas. Y lo malo es que puede parecer que malo es votar, pero mucho peor es no hacerlo, pues siempre habrá quien se aproveche de nuestro vacío (la matemática electoral está hecha para que así sea). 
Ya lo dijo la coplilla: "ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio..."

miércoles, 26 de febrero de 2014

EN UN PAÍS MULTICOLOR

Érase un país donde el arco iris pintaba el cielo con bellos colores, gobernado por un rey bueno y unos gobernantes justos, donde el dolor apenas existía y donde todo era alegre, pues no había lugar para la desigualdad, para el latrocinio o para la felonía...
Todo era de color, sí. Pero no siempre fue así. No. Antes las cosas fueron distintas; antes negros nubarrones cubrían el ahora cielo azul y amenazaban a gentes con descargar tremendos rayos, tremendas tempestades. Pero llegó, de pronto, el buen gobernante y todo lo cambió. Y comenzó a cambiar el país de arriba abajo, comenzó a cercenar las cabezas que estorbaban, pues gente había, aviesa, que quería el mal, ya que espurios intereses gobernaban sus vidas... Pero llegó él (el gobernante justo) y cortó, descabezó, limpió y con amenazas y miedos impuso con puño firme las guías de acero por la que deslizar las pobres vidas de los pobres ciudadanos que ignoraban que estaban mal por sus malas cabezas, por vivir por encima de unas posibilidades que ni ellos sospechaban que tenían. 
Llegó (llegaron) él (ellos) y todo cambió: lo que fue desastre mutó a horizonte dorado y lo que era sentido descendente ascendió hasta límites desconocidos. Lo que fue paro cambió a empleo digno, magníficamente remunerado. Las estadísticas formaron montañas rusas que ascendían milagrosamente y la pena acabó de la noche a la mañana. ¡Ya no somos pobres! gritaron algunos. ¡Ya podemos pagar la hipoteca! ¡Ya podemos votar otra vez, con la esperanza renovada! Y se abrieron las urnas,  justo después de que el gobernante anunciase que bajaría impuestos a los pobres que no podían pagar el pan o la luz. Y las urnas se abrieron y el milagro se renovó. Y se hizo la luz otra vez, después del apocalipsis. Y el gobernante sonrió feliz y las urnas se volvieron a cerrar luego con un gran portazo sobrenatural, como un berrido de Dios o como un tsunami neoliberal, imparable ya, decisivo.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

URNAS EN LONTANANZA

Otra vez empieza el espectáculo de las campañas electorales.
Cuando se huelen en lontananza las urnas, los políticos empiezan su particular carrera en un empeño desenfrenado por la promesa, por el carisma fácil, por el beso apresurado al niño que enarbola la mamá de la primara fila. Sí, es tiempo del abrazo compadrito (fuerte y con sonrisa espléndida); del "más son ellos" (pero que mucho más); del  (como diría el jovencito de los Simpson) "yo no lo hice, yo no estaba allí"; del "esfuerzo" (¡de tantos esfuerzos no va a quedar nadie sin hernia!); del  "tú decides" (ahora sí, luego, ya veremos); del "cambio necesario" (no cambiar por cambiar, así, a lo loco; no); del "ahora empieza una nueva era" (no importa que antes hiciéramos las cosas mal: ahora sí que lo vamos a hacer muy, pero que muy bien); del "tu voto es importante, fundamental: piedra angular de nuestra democracia" (piedra, sí, pero en el zapato de ¿quién?); del recorrido por mercados, fábricas y centros varios (que nunca se volverán a pisar); del recorte presente como seguro del recorte futuro...
Y uno asiste al espectáculo con cara de póker, pero sin as en la manga. Y uno no sabe si reir o llorar. O si escribir a los Reyes Magos (más Magos que Reyes) para pedir otro mundo, porque tu reino no es de éste (mundo).