miércoles, 17 de enero de 2018

MATEMÁTICAS ELEMENTALES (PERO ELEMENTALES)

Preludio para iniciados en matemáticas elementales:
Una persona de 25 años comienza a ahorrar 2 euros mensuales durante 45 años (hasta los 70). ¿Cuánto dinerillo ha ahorrado? Responder sin tener en cuenta lo que los bancos se quedan por mantener esos euros en sus cajas fuertes (de intereses no hablamos porque son igual a 0). Solución: 1080 eurazos. (2x12=24x45=1080). Retener esta cifra en la memoria, porque os será de utilidad para el futuro.

Llueve sobre mojado: esto ya es un disparate de colosales proporciones al que asistimos con una resignación de asnos apaleados que son incapaces de salir del círculo vicioso que la noria les impone.
Mucho se está hablando en las redes, mucho ruido se está generando a propósito de unas declaraciones de ese portento llamado Celia Villalobos; sobre él ya escribí algo (el 1 de junio de 2017) y allí expuse algunos de los disparates de esta preclara señora, de este faro, de esta guía, luminaria o fanal. Ahora, tras recobrar fuerzas después de sus exhaustas partidas al Candy Crush con tibias siestecitas en el Congreso, vuelve a la carga con renovado ímpetu, renovado ingenio y un desparpajo que deja a las chirigotas del carnaval de Cádiz reducidas a aburridas tesis existenciales
No sé si repetir lo que ya se ha repetido, pero no puedo resistirme; a saber:¡que los jóvenes, a partir de los 25, deben ahorrar 2 euros al mes para asegurar sus pensiones! o que "hay jubilados que se pasan más tiempo en pasivo, cobrando pensiones, que en activo, trabajando", para continuar diciendo que ella "se piensa jubilar a los 80", porque, claro, está perfectamente lúcida y España no puede, ni debe, permitirse perder un talento de gran estadista como el suyo.
(Nota bene: Señalar, someramente, que a la inmensa mayoría de los ciudadanos no les importaría jubilarse también a esa edad haciendo los mismos esfuerzos que la tal diputada, disfrutando de su misma sinecura, cobrando su mismo sueldo y teniendo sus mismas prebendas).
Señalo y advierto (y aquí me echo a temblar) que la señora Villalobos (doña Celia), es actualmente la ¡presidenta de la Comisión de Seguimiento del Pacto de Toledo! (Que tampoco se sabe muy bien para qué sirve). Con tales mimbres... ¿qué cestos nos esperan?
Lo dicho: Échense a temblar  y escuchen el entrechocar de huesos, juanetes.y espinillas. Estamos donde estamos porque están ahí los que están. ¡Y punto pelota, ya!

lunes, 8 de enero de 2018

LA SOMBRA DE STENDHAL (COSAS PARA SER FELIZ Nº 7)

Una flauta entona una melodía suave, ondulante, evanescente... le responderán luego las trompas acolchadas por las arpas y los oboes; comenzará una de las  músicas más lujuriosas que se han escrito, una de las más bellas también, de las más etéreas: poesía pura. Estoy hablando del "Preludio para la siesta de un fauno" (Prelude a l'aprés-medi d'un faune) de Claude Debussy. Impresionismo, música del aire, de la luz, de la sensualidad.
Debussy se inspiró en un poema de Mallarmé, poeta francés que recreó un imaginario de ninfas y faunos en un idílico paisaje tan decadente como lo fue el simbolismo o el Art Nouveau.
La música de Debussy supuso en su momento un escándalo a la altura de la Consagración de la Primavera, al ser estrenada como ballet por la compañía de Diáguilev, con coreografía de Nijinsky.
Pero más allá de la historia que nos cuenta, más allá de los decorados, del ballet mismo, la pieza debussyana constituye un hito primordial en la historia de la música en general y de la música moderna en particular. Boulez la consideraba como la primera obra realmente moderna de la música.
Entrar en esta música es una experiencia que nos hace más hermosos, como la luz hace más hermosa a la flor abandonada o a la rama desvalida. Entramos en un paisaje lleno de bochorno estival, de amagos amorosos, de perfumes que vuelan como átomos, dejándonos para siempre una ilusión  de belleza como un claro estigma. Uno siente la caricia del aire y del rijoso fauno convocando con su flauta de pan a las ninfas adormiladas, en el sopor estival de una Grecia imaginada en la que nos embriagamos con el vino agridulce de los dioses. 
Nadie puede salir indemne de esta experiencia; nadie podrá ser igual que antes de escuchar esta música. Entornamos los ojos, nos sumimos en un duermevela y sentimos la piel erizada por el placer que sólo puede proporcionar lo inefable, la vibración de unos sonidos que vienen de una antigüedad tan moderna que produce vértigo.
Recomiendo la versión que Boulez grabara para la CBS hace ya bastantes años y que se reeditó en cd en la serie "Maestro"; grabación que se complementa (nada menos) con La Mer y con Jeux.
Hay otros mundos, sí, y son tan bellos, tan imprescindibles, que uno quisiera vivir en esa Arcadia imaginada para siempre y sentir que todo lo demás es pesadilla impura.




domingo, 7 de enero de 2018

AMOR, AMOR O CÓMO CAMINAR SOBRE LAS AGUAS

Es cierto que siempre hay publicidad (cada vez más, más descarada, más recurrente), pero lo de las "entrañables fiestas" es de traca. Me refiero, por referirme a algo, a los anuncios de colonias, aguas de colonias, perfumes o fragancias, que por estos y otros nombres atienden los mencionados productos. 
La cosa merecería un estudio sociológico, cuando menos. Someramente apuntaré algunas características que me llaman la atención (a veces la indignación):
-En primer lugar, claro, los protagonistas, que son siempre hiper guapos, hiper perfectos, hiper sofisticados, hiper independientes; una estética con canon de belleza para realizar un thriller con ribetes románticos y/o eróticos o para flotar en un ambiente decadente con fotografía tipo David Hamilton. Es imposible pensar en un mundo feo  mirando a estos seres venidos de otros mundos (pero que están en este).
-En segundo lugar, los escenarios, que van desde una estética futurista, a lugares exóticos, ambientes de gran lujo o escenarios naturales que parecen sacados directamente de las páginas de National Geographic (tipo "parajes insólitos del desierto de Gobi").
-En tercer lugar, la realización, hecha con pulso cinematográfico de qualité, para narrar siempre la misma historia de encuentro fatal chico-chica.
-En cuarto lugar, los protagonistas: pareja heterosexual que aspira a la felicidad eterna y parecen no tener otra cosa que hacer que estar de fiesta, mirarse a los ojos como mochuelos rijosos o decirse al oído vaya usted a saber qué.
-En quinto lugar, el idioma, que ya no se molestan en traducir y que se reduce a un susurro ininteligible en inglés, francés o italiano (muy pocas veces en español).
-En sexto lugar, la actitud de los actores, que siempre bordea el éxtasis orgásmico y sólo pareciera que no hay nada como ponerse unas gotas del tal perfume para tener la corrida del año. 
-En séptimo lugar, los nombres de los productos, que siempre son cortos y sugerentes, abriendo un mundo de refinadas posibilidades estético-poéticas o de promesas ambiguas que, aunque no se sepa muy bien a qué conducen, se presumen siempre de alto nivel (adquisitivo, sensorial o afectivo).
-En octavo lugar, la música, elegida para ser moderna, pero sin pasarse, o que nos traiga nostalgias dulzonas que siempre quedan bien y son inofensivas.
-En noveno lugar (y claro, lo más importante), el mensaje último de todo esto; a saber: compre este perfume y será como esta actriz que, caminando sobre las aguas (como Jesús), nos invita a un dorado mundo de sensualidad y belleza que nos hará más guapos, más modernos y más sofisticados, ¡dónde va a parar!
En fin, nadie ya olerá mal; estamos instalados en un mundo lleno de fragancias contenidas en frascos de diseño, apasteladas o agresivas, suaves o violentas, aterciopeladas, decadentes, heroicas, frescas, oscuras... Hay para todos los gustos y todos los sueños, dependiendo del bolsillo. ¿Verdad amor? Digo: ¿amor, amor?



sábado, 30 de diciembre de 2017

NEWTON, EINSTEIN, CERVANTES, DON GAIFEROS, MELISENDRA,OSIRIS, MAAT, AMMIT... O ESTO ES UN LÍO DE PELOTAS

Hay quien, en estas fechas, hace balance del año que pasó, apuntando en un hipotético libro el debe y el haber de los días pretéritos. Contable de acciones y omisiones, apunta con afilado lápiz los números rojos y los azules, como si (si tuviéramos ocasión) se pudiera rehacer lo que equivocadamente deshicimos o deshacer lo que tan mal hicimos. Inútil empeño, claro, que tan solo sirve para (en el mejor de los casos) tomar conciencia de nuestra fragilidad, de nuestra terquedad o de nuestra estupidez. Pero seguimos en la linde, caminando sin haber aprendido apenas y (lo que es peor) sin ganas sinceras de enmendarnos (suponiendo que sea enmendable nuestra actitud, que sea corregible para mejor...).
Los antiguos egipcios creían que, al morir, llegaban ante la presencia de Osiris, quien procedía a pesar su alma para comprobar si el difunto había pecado o no; para ello ponían en el plato de una balanza el corazón y en el otro plato la pluma de la diosa Maat; si la balanza de equilibraba, era prueba de que  el difunto fue justo y podía pasar al reino de los muertos; si el corazón pesaba más que la pluma, Ammit, un monstruo con cabeza de cocodrilo, devoraba el corazón y con él las esperanzas  de ingresar  en  el Más Allá. 
No sé... a mi me parece que eso de "hacer balance del año" tiene mucho de la ceremonia egipcia ante Osiris y ponemos la pluma de Maat como contrapeso para comprobar el debe y el haber. Claro que aquí somos arte y parte y podemos ayudar a equilibrar el fulcro añadiendo o quitando gramos al corazón... engañándonos un poco (pero... ¿a quién engañamos?).
A todo esto hay una cosa clara: nunca seremos tan jóvenes como somos ahora mismo, cuando leemos esto. Y nunca podremos equilibrar el peso muerto de las piedras inútiles que portamos, si no comprendemos que la ley de la gravedad de Newton ya está cuestionada desde que se conoce la teoría de la relatividad de Einstein. 
Pero me pierdo por las curvas y las transversales, como aquel trujamán del Quijote, que relataba la historia de don Gaiferos y su esposa Melisendra, en el retablo de Maese Pedro, al que contestó el Caballero Hidalgo, después de escucharlo no sin impaciencia: "seguid vuestra historia en línea recta y no os metáis en curvas o transversales; que para sacar una verdad en limpio, menester son muchas pruebas y repruebas". Pues eso.

lunes, 25 de diciembre de 2017

LA SOMBRA DE STENDHAL (COSAS PARA SER FELIZ Nº 6)

¿Cuánto tiempo hace que no recibes una felicitación navideña (lo que se llamaba un christmas), pero una de verdad, escrita a mano y enviada por correo postal, con sello incluido?
Hemos perdido el placer de escribir a mano, de reflexionar al hilo del ritmo que imponía el lento desplazarse del útil de escritura por el papel; placer duplicado si se escribía con pluma estilográfica (el colmo del vintage), pues el roce de ésta evocaba susurros que hacían avanzar el pulso de la escritura en una especie de tensión provocada por el fluir de la tinta, convertida al fin en pequeño manantial que, como vena azul, dejaba la impronta del pensamiento y del corazón plasmada en el pequeño desierto filiforme que dictaba la magia de la palabra convertida en fósil, en pálpito detenido.
Ahora (ya sé), la urgencia se impone  y la grafía se diluye en un mar de rápidos emoticonos que juegan a ser jeroglífico postmoderno. El cartero se ha convertido en mensajero de los bancos, de los desahucios, de las multas, de la propaganda inútil que nos inunda. Los buzones se llenan de reclamos que nadie lee y de urgencias bancarias. Ahora se teme recibir alguna carta, porque ello implica algún desastre, casi siempre  de tipo financiero o peor... una especie de temor por algo que podríamos haber hecho mal, sin saberlo nosotros mismos: una especie de reclamo, un oculto complejo de culpabilidad difusa. 
La otrora emoción de la espera del cartero, ha devenido en hastío por la espera del transportista de Amazon. El antes funcionario que conocía al vecindario por su nombre y apellidos, es ahora, en muchos casos, el mensajero de un miedo que planea sobre nuestras cabezas de contribuyentes.
Y a todo esto, la respiración aquella de la pluma sobre el papel, ha pasado definitivamente al archivo de los sonidos perdidos (como ha pasado el tac-tac de la máquina de escribir, el pulso del telégrafo o el silbato del afilador) y con ella la reflexión, el tiempo que dedicábamos al destinatario de la misiva, el silencio que nos imponíamos para decir lo que teníamos que decir; el ritual preciso de doblar la carta, de mojar con la lengua el ribete del sobre (con cuidado para no cortarnos la lengua); el ritual de mojar el sello y colocarlo muy despacio en el rincón superior derecho; el ritual de ir al buzón más próximo y echar la carta con la esperanza puesta en la recogida próxima y en la urgencia de una entrega que se nos hacía siempre lenta (aunque, eso sí, segura); el ritual de la espera de la respuesta para volver a empezar el bumerán de la comunicación, del amor, del odio, de la amistad, del recuerdo. El ritual de dar cuerda al reloj analógico de la palabra para que siguiera su latir más allá de nuestro pueblo, más allá de nuestras pequeñas fronteras.
Ahora no. Ahora con un me gusta , tenemos suficiente. O con una cara estúpida de redonda sonrisa amarilla.