sábado, 16 de junio de 2012

ACELERA PACO, ACELERA (ESTUPEFACCIÓN Nº 7)

ESTUPEFACCIÓN Nº 7:

Estábamos subidos en un vehículo que nos transportaba plácidamente. De pronto, en una curva (¿o fue en una recta?) ¡plaf!: el vehículo que se sale del camino y caemos en el barro (hace tiempo que estaba lloviendo). Ahora estamos aquí, en pleno barrizal, atascados. Un listo (llamémosle en adelante "técnico") viene a socorrernos (eso dice al menos) y, colocado al volante, acelera... las ruedas se vuelven locas y excavan una zanja cada vez más honda. "No preocuparse", dice el técnico. Y acelera más. El vehículo recula, los cristales de las ventanas se enlodan, todo se pone hecho un asco. "Nada, hay que seguir acelerando". Así llevamos no sé el tiempo. El barro nos circunda, las puertas ya no se pueden abrir. El técnico sigue quemando gasolina y neumáticos. El vehículo se  hunde, poco a poco. "Hay que acelerar, hay que acelerar, ya veréis como salimos de aquí". No hay que ser muy listo para ver que el técnico no tiene puta idea; no hay que ser muy listo, para ver que lo que está haciendo nos hunde más y más. ¿Por qué, entonces, no lo paramos? ¿Por qué le permitimos que siga acelerando, cuando sabemos que en pocos días moriremos sepultados por el lodo? ¿Por qué? Y mientras, el técnico (animándose): "acelera Paco, acelera, que estamos a punto de salir..." Y, para rematar, sigue lloviendo.

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