lunes, 23 de enero de 2017

HOMBRE RICO, HOMBRE POBRE

El dinero no da la felicidad; eso decimos quienes no lo tenemos (el dinero). Claro, el dinero no da la felicidad y es más rico quien menos necesita. Muy cierto.  Entonces... ¿por qué nos empeñamos sistemáticamente es acumular más y más cosas; por qué nos empeñamos el jugar a la lotería, con una esperanza lejana, pero esperanza al fin y al cabo; por qué soñamos con una cuenta en el banco, de seis cifras al menos?
La inmensa mayoría nunca conseguiremos vivir por encima de ciertas posibilidades y seguiremos viendo a los millonarios como pobres seres infelices podridos de dinero (de alguna manera nos tenemos que conformar; amén de lo que ya dijo el poeta: "...y llegados, son iguales/ los que viven por sus manos/ y los ricos"), mientras nosotros nos elevamos espiritualmente, aunque seamos pobres... bueno, pobres según con quienes nos comparemos, claro; pobres de solemnidad si nos comparamos con esos españoles que acumulan lo que el 30% de la población  más pobre de toda la nación. Por poner un ejemplo cercano. 
Así las cosas, la diferencia entre pobres y ricos se acrecienta cada año más y más, mientras, por otro lado, se multiplican los nuevos millonarios que crecen como hongos parásitos a la sombra del árbol frondoso de parias, obreros mal pagados y todo un ejército de personas que ansían un trabajo que les permita llegar malamente a final de mes, aunque tengan que renunciar a los más elementales derechos laborales y a la más elemental dignidad. Pero dignidad y pobreza son términos que encajan mal, aunque no sean, ni mucho menos, contradictorios. Ejemplos hay mil, pues una persona digna es la más alta categoría de persona y, aunque escasas, haberlas, hailas. Mientras, el Sistema (esa cosa abstracta que no se sabe muy bien dónde está ni qué cosa es) se esfuerza en estrujar el limón de la indignidad para engrasar con su jugo la  maquinaria que permite fabricar la charcutería con que alimentar los estómagos de los otros.
Pero no hay que preocuparse; los pobres ricos son eso: pobres al fin (de espíritu). Y los ricos pobres son eso: pobres sólo en dinero. 
Sabemos que el dinero es cosa importante sólo para quien no lo tiene; el que lo tiene bastante tiene con administrarlo y sufrir en silencio su abundancia.
El dinero, insisto, no da la felicidad. Pero da la presidencia de los EEUU, por ejemplo... Peccata minuta ¡Pobre Trump, pobre Melania; tan cariátide la una; tan oxigenado el otro!

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