lunes, 26 de mayo de 2014

NECESIDAD DE LA TRIBU O EL FÚTBOL ES EL FÚTBOL

Seguimos en la tribu, nunca salimos de ella por mucho internet que tengamos, por mucho móvil o por mucho coche híbrido. Seguimos en la tribu, en nuestra caverna, al acecho permanente de la bestia que pueda surgir de las tinieblas, guardando el fuego sagrado que nos libra del frío y de la oscuridad, con nuestros tótems tallados en piedra que nos defienden de un más allá que ignoramos y al que tememos. Seguimos con los brujos, con los abalorios de concha (o de cristales Swarovsky), con los mitos que nos protegen y nos acogen desde una irrealidad o desde una ficción pactada. 
Necesitamos a la tribu; ella nos acoge, nos da su bendición a cambio de que aceptemos su tiranía, sus reglas estrictas, sus banderas, sus estandartes, sus colores. Necesitamos a la tribu como a una familia no impuesta, sino escogida, como a una familia en la poner nuestras esperanzas, nuestras frustraciones, nuestros deseos frente/contra los demás, frente/contra el otro, contra el diferente que nos puede acosar, que nos puede atacar como atacaría el oso cavernario o el dorado tigre borgiano. Somos rupestres, atrabiliarios, profundamente gregarios, adoramos símbolos que creemos divinos o símbolos que creemos curativos. Tenemos, aún, el miedo metido en el cuerpo; un miedo atroz que vivía y vive latiendo por igual en las grutas oscuras, en los sofás de los salones o en entre las sábanas de los dormitorios. Por eso necesitamos identificarnos con el grupo, con la manada, con la tribu que nos ampare a cambio de portar raciones de odio contra los otros, contra los que nos amenazan, contra los que enarbolan estandartes llenos de símbolos extraños que nos son tan ajenos como nos es ajeno el miedo ajeno.
¿Cómo explicarme sino esta marea que parece no tener fin? ¿Qué cosa lleva a un obrero en paro a identificarse con un jugador millonario que vive en su mundo de color y contratos millonarios? Me refiero, claro, al fútbol. Me refiero a ciertos equipos. Me refiero a la sinrazón de los gritos, de los símbolos, de la alegría o de la tristeza que tantas personas han sentido por un hecho tan trivial como es meter un balón bajo unos palos. Se podrá embellecer lo que se quiera, se podrá hasta hacer poesía, pero, tras estas patadas sólo hay una cosa: la tribu, lo "nuestro". Enfrente (en contra) tendremos a los otros... pero para eso está la tribu: para protegernos de todo mal. Su alegría será la nuestra, como nuestra será su tristeza o su frustración. Lo demás, poco (o muy poco) importa... 

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