miércoles, 4 de diciembre de 2013

NAVIDAD Y BLACK FRIDAY

De América nos han llegado cosas maravillosas, desde la patata al pararrayos, pasando por los hermanos Marx, la música de Gershwin o las neuras de Woody Allen; también nos han llegado otras cosas que hemos ido adoptando como casi imprescindibles o, al menos, como símbolo inequívoco de "modernidad occidental": ahí están, por ejemplo, Halloween, las campañas presidenciales, los McDonald's... y ahora (por decir algo) los llamados Black Fridays o viernes negros, en cristiano. Ya se sabe: al consumidor, alfombra de oro. Porque hay que consumir, pero consumir a lo bestia, pisando a la persona que esté delante de ti en la cola, arrancándole el pelo si hiciera falta... todo por conseguir ese abrigo tan rebajado o ese televisor de plasma que nos hará descubrir las arrugas de cierta actriz en alta definición. Y todo en vísperas de Navidad ¡ese tiempo tan feliz!
La economía nuestra, tan posmoderna ella, está basada en el consumismo (obviedad que ya lo sabemos). Hay que devorarlo todo como esas Arpías que todo lo fagocitaban para defecarlo al instante. Y es así como nos comportamos, sobre todo en fiestas tan "entrañables" como estas... por cierto ¿será casualidad que lo de "entrañables" venga de entraña, es decir, de intestino y por ende de digestión? Dejo ahí la duda.
Mientras, preparémonos para ser felices de una manera que es aparentemente sencilla: consumiendo. Y digo "aparentemente" porque la cosa está como está y para mucha gente esto de consumir no es que sea cosa difícil: es cosa imposible. De ahí vendrán gran parte de las frustraciones post-consumistas (y cada uno tendrá su grado de frustración): de la imposibilidad de consumir ciertas cosas, de la  imposibilidad de "generar" consumo para sacrificarlo en los altos altares del capitalismo salvaje.
La cosa está clara: mientras unos devoran y lo llenan todo con papeles brillantes de regalo, otros rebuscan entre esos mismos papeles con la esperanza de encontrar algo que llevarse a la boca.
"Viernes negro"... ¡ya tiene cojones el nombrecito! Pero seamos felices: consumamos, consumiéndonos, siendo consumidos por el consumo que consume la vida en un acto de consumación consumista.

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