viernes, 3 de febrero de 2012

¿UN AUTÉNTICO HIJO DE PUTA?

Una verdad no es  una verdad si no aparece en TV. Es decir: para que una supuesta verdad lo sea (aunque sea mentira) debe pasar antes por el filtro autentificador de la televisión. Este filtro le dará el barniz necesario para que la verdad brille sin dudas que opaquen su misterio único, incuestionable. Coja una aseveración cualquiera, repítala cuantas veces sea necesario en televisión, hágala aparecer en telediarios y tertulias, lústrela, sóbela, créasela, hágala creer, tragar, deglutir, defecar... haga de ella una cuestión, no de fe, no: de supervivencia. Fuera de ella no hay posibilidad de vida; fuera de ella, la nulidad, la muerte, el páramo, la nada.
Los rayos catódicos (¿existen aún?) o los leds galvanizan la palabra que brilla con brillo sobrenatural, imponiendo su única opción en las neuronas profundas del inconsciente colectivo.
No hay verdades: hay VERDAD, en singular, iluminada por el nuevo dios de los mass media, por un dios impuesto, gran hermano o hermanastro. Auténtico hijo de puta, pues sus padres son tan múltiples como desconocidos. ¿O quizá no?

No hay comentarios:

Publicar un comentario