sábado, 10 de diciembre de 2016

LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

Hay en la Biblia una parábola, la llamada del sembrador; se cita en los evangelios de Mateo 13:1-9, Marcos 4:1-9 y Lucas 8:4-8, además del apócrifo de Tomás. Este es el texto de Mateo:

1 Y aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar.
2 Y se congregó junto a él mucha gente; y entrando él en una barca, se sentó, y toda la gente estaba en la ribera.
3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.
4 Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y se la comieron.
5 Y parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó enseguida, porque no tenía profundidad la tierra;
6 mas cuando salió el sol, se quemó; y se secó, porque no tenía raíz.
7 Y parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron.
8 Y parte cayó en buena tierra y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta y cuál a treinta por uno.
9 El que tiene oídos para oír, oiga.

¿Cuántas veces podremos aplicar la moraleja de esta parábola a nuestra sociedad, a nuestro entorno más cercano? Por desgracia muchas veces. Harto estoy de ver cómo se sofocan las simientes por políticas interesadas o desinteresadas (que no sé que es peor). Harto de ver cómo los espinos se comen iniciativas que sólo tienen de malas el haber surgido en la mente del otro, de quien no está al lado del poder. Harto de ver cómo la indignidad, el enanismo y la mediocridad más absoluta, unidos/as a la estulticia, a la ignorancia y a su consecuencia más inmediata: la arrogancia, la prepotencia y el despotismo, cómo (repito) ahogan, maltratan y vituperan lo que no es arrojado por la mano del perro servidor o del baboso adulador de turno. Harto de ver cómo la grama toma terreno y lo convierte todo en erial pedregoso donde la sal crea la costra reseca de la estupidez humana.
¿Favorecer lo que es de justicia, lo que crea cultura, lo que eleva el grosero barro, lo que nos hace más y mejores personas? ¡Inútil empresa en tantas ocasiones! 
Que siga el sembrador sembrando, que ya se encargará alguien de agostar las semillas. Malditos sean.
Quien tenga oídos para oír, que oiga.





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